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Razones por las que leer rápido no te hace más inteligente que los demás

17 de febrero de 2018

Diego Cera

En todas las clases no había espécimen más odiado que aquél que terminaba una lectura en la mitad del tiempo que los demás.



Es probable que aquella persona a la que siempre tachamos de sabelotodo, terminara siendo quien menos sabía acerca de lo que apenas hacía unas horas presumía haber leído. Aunque solíamos escuchar sus aburridas historias acerca de un curso al que sus padres le habían inscrito en el verano, nunca supimos exactamente cómo es que, después de devorar un libro en días u horas, dependiendo de su extensión, ése al que el profesor promedio consideraría un alumno estrella, no podía responder ni siquiera una pregunta básica sobre el texto.



La razón de estos silencios incómodos ante un test, por mencionar algo, de comprensión lectora, es que hay una gran diferencia entre leer todo y entender todo. A pesar de que hay cursos que nos ofrecen un mayor aprendizaje en un tiempo récord, lo único cierto es que detrás de ellos se encuentra la mentira más grande de la educación. Para empezar ¿qué sentido tiene terminar de leer rápido algo que está diseñado para ser disfrutado y procesado lentamente? Según un artículo publicado en la Quartz, leer rápido es mucho más dañino que benéfico, pues se trata de una forma de autoengaño donde el cerebro no procesa ni siquiera el 50 % del conocimiento en un libro.



Otro punto importante en este texto es el hecho de que al adoptar el hábito de leer desde 500 a 750 palabras por minuto, se estaría reduciendo al mismo tiempo el verdadero gusto por la lectura, pues quien toma todos esos cursos se está preparando para una actividad automatizada que suprime, entre otras cosas, la posibilidad de analizar y reflexionar alrededor de un libro cuya verdadera importancia no se encuentra en su volumen, sino en las ideas que el autor plasmó a través de las letras.



Todo esto queda reafirmado en un estudio dado a conocer por la revista Psychological Science in the Public Interest, donde además se menciona la improbabilidad de que al incrementar la velocidad de lectura se aumente también la efectividad de la misma. Simplemente se trata de un cantidad vs. calidad que nunca debió haber tocado los terrenos de lo literario, pues leer rápido es lo mismo que no hacerlo, ya que además de privar al "lector" del análisis de la obra que tiene entre sus manos, también lo conduce hacia un insufrible exceso de confianza que lo lleva a realizar juicios de valor pobremente cimentados en una lectura que, visto desde un punto de vista prudente, ni siquiera existió.



Hasta ahora habrá quienes, a pesar de la velocidad de su lectura, puedan decir que de hecho han comprendido mucho más de la mitad de lo que leyeron en todos los libros que "han devorado" con el pasar de los años. Lo cierto es que ese no es más que un auto-engaño, pues incluso ellos saben que tuvieron que regresar capítulos enteros para poder comprender hasta la novela más corta. De modo que a nosotros, quienes seguimos leyendo el modesto aproximado de 200 palabras por minuto, sólo nos queda olvidar el desprecio de algunos profesores al compararnos con estas personas que, al menos en su niñez, sólo querían más tiempo para jugar.


TAGS: Datos curiosos Habilidades novelas
REFERENCIAS: Quartz

Diego Cera


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