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El libro que nos muestra que crecer es una de las etapas más dolorosas

29 de mayo de 2018

Cultura Colectiva

¿Qué sabe la gente cuando habla de la pobreza como un fenómeno social?, ¿qué entienden por miseria cuando citan estadísticas, modelos económicos, índices de precios al consumidor y salarios mínimos? Nada, los entusiastas opinadores y expertos pobretólogos que alardean haciendo política no tienen cabal idea de cómo es vivir con pocos recursos.


El 11 de septiembre es una fecha marcada en el destino de Román, Óscar y María. Una ciudad, una hora, serán las coordenadas de identidad, el día que se conocieron en el Internado Número Uno Gertrudis Bocanegra del Lazo de la Vega. Huérfanos de padre se hicieron familia y cómplices de vida. Se apoyaron mutuamente hasta que el destino los separó entrada la adolescencia. Sólo Román, sin padre ni madre, continuó en el internado hasta terminar la secundaria. Y él será, 20 años después, el punto de encuentro que los reúna también un 11 de septiembre.


Tres personalidades distintas y complementarias: María, de carácter dominante y decidido; Román, tímido sin llegar a ser cobarde; y Óscar, el sabelotodo del grupo, lector incansable y audaz. Juntos hacen pactos y alianzas, comienzan a descubrir el mundo. Cada noche, según guía María, los tres se escapan del internado para merodear los alrededores, las calles serenas de la colonia Del Valle del Distrito Federal. En su andar se adueñan de un perro callejero, Trapo, lo bautiza María, será su mascota nocturna y una especie de manso Caronte que los llevará de la niñez a la adolescencia.



Esta historia narrada en el libro El niño que fuimos, de Alma Delia Murillo, retrata con detalle los miedos de la infancia, el mundo del internado y la marca indeleble que deja la orfandad. Los Tres Mosqueteros, como Óscar hace llamar al grupo después de leer a Alejandro Dumas, habrán de pasar noches en vela, de enfrentarse a la prefecta Anita, superar envidias y rechazo, la muerte y el amor que también los acecha. En El niño que fuimos, ellos nos llevarán de la mano por su infancia y la dura separación como una segunda gran pérdida.


Pero 20 años después, ayudados por las redes sociales, se encuentran, se abrazan, se besan como una familia, se miran los tres, una mujer y dos hombres hechos y derechos. A pesar de que Román es un exitoso diseñador de zapatos; Óscar, un prestigioso arquitecto y profesor universitario; María una gran bailarina y coreógrafa, siguen siendo los mismos niños perseguidos por sus miedos de la infancia. Román tiene tics nerviosos, pues "de chingadazo le cayeron el placer, la culpa, el abuso y la identidad sexual"; Óscar, aunque secretamente sigue enamorado de María, tiene una conducta compulsiva sexual que lo pone al límite; y María, embarazada de Paolo, no sabe si perdonar su infidelidad y, de algún modo, perder la familia que ha construido. Juntos de nuevo enfrentarán retos y venganzas que los confrontarán con su pasado.


El niño que fuimos se trata de una novela llena de referencias literarias como El llamado de la selva, Colmillo blanco, El barón rampante, Las aventuras de Tom Sawyer, Veinte mil leguas de viaje submarino, y Oliver Twist; una novela considerada tanto de iniciación como cíclica, en la que los personajes luchan por evadir su destino, ser dueños de sus decisiones y no de aquellas que las circunstancias de la vida les tiene preparadas. Así, Román decide cobrar venganza del político priísta de medio pelo que abusaba sexualmente de él; Óscar, antes de enfrentarse al amor que siente por María, tendrá que resolver su conducta sexual y, sobre todo, su gran dolor, ¿habrá sido él el causante de la muerte de su madre?; y María tendrá que resolver o disolver su matrimonio.



La novela de Alma Delia Murillo está inspirada en hechos reales: en las niñas del internado Gertrudis Bocanegra del Lazo de la Vega, donde ella creció, y nos muestra un mundo que confronta y peligra, pues al final advierte que ese tipo de "colegios internados están en peligro de extinción, pues cada vez reciben menos recursos federales; en un país con tanta desigualdad como México, son trinchera de incontables madres solteras y salvación de niños huérfanos o provenientes de un entorno familiar difícil".


Cualquiera diría que el niño que fuimos tiene fecha de caducidad; sin embargo, Alma Delia Murillo en El niño que fuimos

nos vuelve a la remota infancia, desde "la adultez, prueba interminable para ver si somos capaces de cumplir los pactos interiores que hicimos cuando éramos niños", rescata a un trío de infantes perdidos, convertidos en superhéroes de su destino. 



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