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Razones por las que Nietzsche es el filósofo más débil de la historia

23 de enero de 2018

Cultura Colectiva

Nietzsche entendió que por más que quiera ser el superhombre de sus libros, nunca se librará de su condición de persona emocional y sensible.


Miedo; el sentimiento que, para bien o para mal, nos obliga a movernos y, en el peor de los casos, a permanecer inmóviles. Pero, ¿tiene cura?.


Un día llegó a mí, como un huésped indeseado y hambriento de emociones positivas, de recuerdos felices y añoranzas del futuro. Al principio lo encaré de frente, pero el maldito estaba tan bien armado que con una sólo movimiento me dejó tirado a mitad del patio y con un dolor en el pecho inexplicable. Ahí me mantuve, de hecho, aquí sigo sin poderme escapar de sus garras, de liberarme de su opresión que poco a poco elimina la tranquilidad que con tanto esfuerzo construí a través de los años.


Del miedo, pasé a la angustia, después a la fatiga y por último a la desesperación. Hoy estoy en un punto crítico; me siento tan delicado como un diente de león que se deshace con la mínima corriente de aire. ¿Qué debo hacer? Morirme de un ataque al corazón o luchar contra un temible monstruo. La respuesta es evidente, hay que hacer todo lo posible para sobrevivir, sin embargo, ya con esta psique agotada, cómo podré enfrentar y ganarle a aquello que más temor me produce. Dicen por ahí que sólo hay una forma de vencer los males y es aceptándolos. Bien, ¿qué es lo que tengo que aceptar? Que soy un humano demasiado humano, que carece de amor y le tiene pavor a la muerte.



¿A quién me recuerda esta frase? ¿Qué otro grande pensador vislumbró la máxima debilidad del ser humano y además argumentó sobre la decadencia a la que puede dejarse abandonar el alma? Si hay alguien a que debo recurrir en estos momentos de suma desesperación es a Friedrich Nietzsche, el filósofo alemán que en lugar de generar vastas teorías que sólo ensalzan la capacidad congnitiva del ser humano, se dedicó a golpearlo con palabras punzocortantes para que mostrara su verdadero yo.


Partiendo de el espacio teórico que existe en Nietzsche, el primer miedo que debo aceptar es el de la muerte, porque si bien algunos religiosos encuentran consuelo en sus últimos días gracias a la idea de una vida después de la muerte, yo sé que la trascendencia del hombre sólo existe durante la vida. El paraíso es para los ilusos que no tienen la fuerza de sobreponer su espíritu al doliente mundo. «Eres débil, no importa, sufre ahora todo lo que sea necesario porque cuando mueras encontrarás paz y sosiego», fueron las palabras que se tragaron millones de personas en el mundo, excepto unos cuantos. Entre esos hijos espurios del Creador se encuentra Friedrich Nietzsche, el hombre que se atrevió a matar a Dios.



Si algo debemos agradecerle a Nietzsche es que nos abriera los ojos a la verdad. Él desechó todos los pensamientos de sacrificio y colocó a su persona en el primer peldaño de importancia. Al contrario que la religión, su filosofía se centra en enaltecer las pasiones y los instintos humanos, incluyendo al amor. Sólo que Friedrich toma de diferente manera la forma en que debemos vivir este sentimiento.


Mientras que la religión cristiana promueve el sufrimiento y sacrificio al sentirlo, Nietzsche califica al amor como la bebida más refrescante, revitalizante y placentera. No hay motivos por los cuales aceptar una desdicha como un engaño o una mentira, mucho menos la destrucción. El amor no se trata de perecer, sino de enaltecer el espíritu y la voluntad, de fomentar la vida y perderse en el inmenso vacío del orgasmo y la embriaguez.



¿Qué me diría Nietzsche sobre esta, mi crisis existencial? Lo primero es desechar los pensamientos que me alejan de la verdad. La esperanza es un espejismo de la realidad, es evadir lo que realmente es. Cuando se trata de amor, muchas veces preferimos conformarnos con espejismos de lo que podría ser para no perder a aquella persona. Entonces nos sumergimos en un abismo esperanzador, pero como dice Nietzsche, lo único que obtenemos es sufrimiento. Es mil veces mejor terminar una relación a vivir en el engaño, el sacrificio y la redención. Aquello, lo único que nos provoca es la muerte y estamos aquí para gozar de una vida llena de orgasmos, de paroxismos.


Después saldría con la frase: «Ser independiente es cosa de una pequeña minoría, es el privilegio de los fuertes». Si no eres libre eres un prisionero, un ser que no tiene la facultad de imponer su voluntad, de enaltecer su espíritu a su manera. El amor no es una cárcel, es la unión de dos amantes que miran hacia la misma dirección y, por tanto, pueden saciar sus deseos mutuamente. Sólo tienes que ser fuerte.



Saber amar y vivir es también saber renunciar a ello en el momento indicado. Si la relación se está transformando en una prisión, lo que Friedrich Nietzsche te diría es que la terminaras. Será la prueba más difícil de la vida, pero no por ello hay que evadirla. En ese momento hay que sacar la valentía y el coraje, demostrando al mundo que la voluntad es tan enorme e infranqueable que puede resistir cualquier adversidad. Si sobrevives a ese obstáculo te convertirás en un superhombre y podrás gozar los placeres plenamente en el futuro. Eso es lo que quería, pero, ¿realmente todos podemos convertirnos en superhombres?.


Nietzsche, por su parte, entiende que por más que quiera ser el superhombre de sus libros, nunca se librará de su condición de persona emocional y sensible. Un humano siempre será un humano, con todas las debilidades y puntos débiles que eso conlleva. Sólo cuando se entiende esto, es cuando uno puedo aceptarse a sí y vivir consigo mismo.


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TAGS: Nietzsche Filosofía Problemas
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