El libro que muestra con sátira la incómoda y deteriorada realidad en la que vivimos
Letras

El libro que muestra con sátira la incómoda y deteriorada realidad en la que vivimos

Avatar of Luis Enrique

Por: Luis Enrique

10 de febrero, 2017

Letras El libro que muestra con sátira la incómoda y deteriorada realidad en la que vivimos
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Por: Luis Enrique

10 de febrero, 2017




A Juan Pablo Villalobos, escritor y empresario mexicano, se lo ha elogiado y reconocido por el humor negro con que su narrativa se estampa en cada uno de sus libros. Con "No voy a pedirle a nadie que me crea" (Premio Herralde de Novela, 2016), deja claro que el estilo sarcástico que lo caracteriza no sólo cautiva por la pericia con que conduce hacia la carcajada; en él se bifurcan y entrecruzan los caminos de la comedia y la tragedia para dejarnos, a las víctimas de sus letras, justo en las entrañas de la invisible e incómoda realidad.

La historia inicia como si se tratara de un chiste mexicano: Juan Pablo, un literato de perfil muy bajo, habla con su primo, cuando éste le menciona: "Te quiero presentar a mis socios"; a partir de ese momento, Juan Pablo queda en la mira de una mafia que lo convierte en el protagonista de un proyecto de lavado de dinero a nivel internacional. La promesa de un relato tan insólito con el que no se puede parar de reír, se convierte en un drama que se tensa en cada página y que, entre broma y broma, deja asomar algunos regueros de sangre, intrigas y traiciones que no te permiten dejar de leer.


No voy a pedirle a nadie que me crea


El lector queda atrapado en un camino que va directo a un pozo sin fondo, pues sólo así podrá saberse a dónde llega esta historia que parece un completo disparate, pero de la que nadie duraría que pudiera suceder en la actualidad. Mientras el relato avanza, todo se vuelve más complejo
 cuando el protagonista viaja, acompañado de su novia Valentina, a estudiar un doctorado en Literatura Comparada en Barcelona; la narración se vuelve polifónica y tanto importan los sucesos descabellados que Juan Pablo narra que parecen las anotaciones para una novela metaliteraria, como las vivencias y reflexiones que la desconcertada y melancólica Valentina plasma en su diario al estilo de Roberto Bolaño.

Y como si se tratara de un compilado de documentos en el archivo de un caso policíaco, la historia cobra sentido absoluto a través de la lectura de los correos que la madre de Juan Pablo escribe de tanto en tanto, así como las cartas que envía el primo para el auxilio de sus familiares desamparados: por si el proyecto se pone en marcha, por si la mafia los traiciona y por si la cosa se complica, tal como puede suponerse, para abalanzarse hacia un fatídico desenlace.

No voy a pedirle a nadie que me crea

Esta es una novela española sobre México, o este libro mexicano sobre Barcelona, tal como el autor define a su pieza literaria, podría ser tomada, a la vez, como una descarnada postal transnacional. Si bien, su sátira sirve de excusa para construir una ficción sobre las víctimas de las redes globales del crimen organizado, el tema se soporta en la observación minuciosa del tejido multicultural de la Capital de Catalunya. No es la parte turística y luminosa lo que se expone en la cara de este retrato, sino su dorso blanco, manchado de un texto escrito a pulso de autobiografía y poner en duda la imaginación.

Así, las verdaderas caras de la urbe cosmopolita se manifiestan en los catalanes que desean imponer una supuesta superioridad a través de "
la seva llengua", latinoamericanos expatriados perdidos en la eterna fiesta barcelonesa, chinos que sobreviven a base de negocios ilícitos, pakistaníes que hacen lo que sea por permanecer lejos de su tierra, Mossos d’esquadra corruptos, vagabundos okupas conectados con la mafia y políticos tan honestos, como sólo los políticos pueden serlo. "No voy a pedirle a nadie que me crea", entre líneas, es una caricatura —entre surreal y realista— de los migrantes que transitan como una forma de vida que se respira y se sufre en los áticos y en los entresuelos, en las noches y en los callejones, y en las historias secretas y oscuras de la Ciudad Condal.


No voy a pedirle a nadie que me crea


"Sois unos cínicos. Todos ustedes. Los de Literatura", dice una de las víctimas de la novela como apelando a Villalobos, quien publica esta obra 10 años después de vivir fuera de México; como si todo ese tiempo le hubiera otorgado la autoridad para cuestionar toda moral alrededor suyo, incluso esa que rige su quehacer como literato, así como lo menciona el Juan Pablo fichando: "la verdad es que los lectores no buscamos en la literatura pautas para nuestro comportamiento en la realidad. Los escritores tampoco. Los lectores y los escritores lo único que queremos es perpetuar un sistema hedonista basado en la autocomplacencia y el narcisismo. El lector lo único que quiere es leer más. Y el escritor, escribir más. Y los académicos somos los peores: los carroñeros que queremos extraer un poco de sentido existencial a toda esa mierda".

Si esta es la tesis que defiende Juan Pablo Villalobos, quien además parece haberse fijado como máxima premisa ese postulado de Jacques Lacan que explica que "la verdad tiene estructura de ficción", el autor ha encontrado, en este libro, y con total desfachatez, una fórmula y estructura infalibles para narrar las verdades que sólo se exhiben por medio de la tragedia, a través de los mecanismos y artificios propios de la comedia. Queda demostrado. Podemos dar fe de sus hallazgos. 
No vamos a pedirle a nadie que nos crea.


No voy a pedirle a nadie que me crea


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Referencias: