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A dónde llegan las personas que se quitan la vida

27 de octubre de 2017

Diego Cera

Pensar que quitarse la vida es un acto que debe castigarse severamente es ridículo. Nadie es tan cruel como para castigar a la misma persona dos veces por razones totalmente ajenas a ella.


Es necesario dejar de pensar en que todo va a mejorar. Probablemente nunca veremos la sonrisa que ─esperamos─ nos hará felices el resto de nuestras vidas, quizá tampoco veremos la aprobación de alguien que hasta ahora se ha empeñado en vernos caer. Finalmente, esperar que la vida sea un camino recto y libre de todo obstáculo es en muchos sentidos lo más estúpido que cualquier persona pueda tener. Sin embargo, ¿por qué a algunos les va mejor que a otros?, ¿por qué la gente a nuestro alrededor suele ser más feliz en poco tiempo?



Ante la desesperación de no poder adaptarse a ningún escenario, las personas comienzan a cuestionar la benevolencia de ese ser o fuerza suprema que los trajo a vivir a este mundo. Le llaman cabrón y le preguntan constantemente por qué los ha abandonado, aunque lo único cierto detrás de todo ello es que Dios ya hizo por la humanidad todo lo que estaba en sus manos. Nos acomodó en el mejor punto de toda su creación y puso, con las mejores intenciones, todo lo necesario para ser feliz. Quienes fallaron, si es que aún nos quedase duda de ello, somos los seres humanos.


«[...] el primer hombre que había utilizado un bastón no era ni el más fuerte ni el más inteligente de la tribu. Estos no necesitan ningún bastón; quien más lo necesitaba era el otro, para sobrevivir y compensar su debilidad. No creo que hubiera otro hombre en el mundo que deseara más desaparecer que yo».
─ Etgar Keret, Tuberías



Mediante discursos sucios y otros trucos deshonestos, tuercen la mente de los otros y les llevan a pensar que deben comportarse de cierta manera para agradar, no a su creador, sino a una multitud de desconocidos que los juzgará desde un punto que creen privilegiado. La presión ejercida comienza a hacer que una persona se sienta definida por palabras como extraño, raro, desubicado, inadaptado y torpe; después el suicidio a causa del hastío que les provoca su propia vida, Una existencia que no supieron llevar a través del camino trazado por un séquito de pretenciosos que buscan una uniformidad mundial que ─por fortuna─ no existe.



Creer que existe alguna un infinito es un pensamiento de más cobarde. No obstante, así como las cosas terminan, siempre hay algo que comienza en algún punto del Universo, de modo que, ante los ojos de algunos optimistas como el escritor israelí Etgar Keret, la bondad de Dios es tan grande que él mismo se ha encargado de crear pequeños satélites de nuestra realidad. Todo con la intención de que incluso quienes ya no quieren participar de ella puedan ser felices en alguno de estos círculos de lo que tradicionalmente concebimos como paraíso.


«Siempre había pensado que el paraíso era un lugar para personas que habían sido buenas toda la vida, pero no es así. Dios es demasiado compasivo para tomar semejante decisión. El paraíso es simplemente un lugar para aquellos que realmente no fueron capaces de ser felices en la faz de la tierra».



En su cuento "Tuberías" Keret descarta la idea del infierno como el destino de aquellos que por cansancio deciden terminar con sus vidas. Su visión de un Dios siempre justo con su creación nos permite imaginar un limbo al que todas las almas llegan en forma de ángeles, sin embargo, aquellos que no estuvieron conformes con su vida tienen una oportunidad de volver a vivir y construir por fin esa felicidad que les fue negada por quienes en la tierra trataron de reducirlos a un simple concepto. Por supuesto, aún existen algunos que luego de vivir tantas vidas como les fue posible siguen sintiéndose infelices; sin embargo, estos pueden quedarse flotando en ese limbo que promete toda la paz del mundo.


«Aquí me contaron que los que se suicidan regresan a la tierra para volver a vivir la vida, porque el hecho de no haber sido gozosos en una encarnación no significa que no puedan encontrar su lugar en otra; pero los que no se adaptan verdaderamente al mundo encuentran el camino para llegar aquí».


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De modo que así como, casi exigiéndonos, nos invitan a que nos convirtamos en los dueños de nuestras vidas, Keret nos lleva más allá y simplemente nos da la opción de poder ser también dueños y creadores de nuestra propia muerte. Una paz en la que al menos se espera que encontremos la felicidad que nos fue negada en un mundo que desde su creación no ha hecho nada más que darle una mala cara a quienes esperan que todas las cosas mejoren algún día; aún si esto nunca se manifiesta frente a sus ojos.


«Cada quien tiene su propio camino al paraíso [...] Así que, si de verdad no eres feliz allí abajo, y todo mundo te dice que padeces serios problemas de comprensión, busca tu camino para llegar aquí»



* *

BIBLIOGRAFÍA


Etgar Keret. Tuberías. Sexto Piso. Madrid, España. 2017



TAGS: Muerte Recomendaciones Cuentos
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Diego Cera


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