7 libros de Kundera que debes leer después de 'La insoportable levedad del ser'

Viernes, 26 de enero de 2018 16:58

|Carolina Romero

Las palabras también nos salvan de la muerte y Kundera es —y lo ha sido siempre— un eficaz remedio.



Botiquín de emergencia:


-Alcohol y agua oxigenada

-Antiácidos y aspirinas

-Hisopos

-Curitas

-Merthiolate

-Termómetro

-Tijeras

-Vendas elásticas de varios tamaños

- Al menos 5 libros de Milan Kundera


A veces, para salvar la vida no bastan artículos de farmacia. Las palabras también nos libran de la muerte y Kundera es —y lo ha sido siempre— un eficaz remedio. Lo sabes tan bien como yo porque amas La Insoportable levedad del ser y seguro esa fue la razón por la que abriste este artículo.


Pues bien, estos son los libros que debes leer para seguir aliviando tu alma:


La broma (1967)


Dividido entre un amor cínico y otro tierno y desesperado, Ludvik se enfrenta con horizontes de vida que jamás esperó. Todo se desata después de una broma que hace a una compañera de clase. Pronto se dará cuenta que sólo es una víctima de sí mismo.



«A pesar de mi escepticismo me ha quedado algo de superstición. Por ejemplo esta extraña convicción de que todas las historias que en la vida ocurren tienen además un sentido, significan algo. Que la vida, con su propia historia dice algo sobre sí misma, que nos devela gradualmente alguno de sus secretos, que está ante nosotros como un acertijo que es necesario resolver. Que las historias que en nuestra vida vivimos son la mitología de esa vida, y que en esa mitología está la clave de la verdad y del secreto».


La vida está en otra parte (1969)


El papel de una madre es determinante para la vida de cualquiera. Probablemente ella no lo sepa y tome decisiones que afectarán para siempre el destino de su hijo. Así, Jaromil es un niño que crece con una imperiosa necesidad de expresar sus deseos sin poder hacerlo, por lo que crea un personaje ficticio que dirá todo lo que siempre ha guardado en secreto.



«El hombre que ha sido desterrado del refugio seguro de la infancia, quiere entrar en el mundo, pero, al mismo tiempo, le teme, y por eso crea con sus versos uno artificial, supletorio. Deja que sus poemas giren en torno a él, como las plantas lo hacen alrededor del sol; se convierte en el centro de un pequeño universo, en el que nada le es extraño, en el que se siente en su casa, como el niño dentro de la madre, pues todo está hecho de la misma materia que su alma».


El libro de los amores ridículos (1969)


Que el tiempo no regresa, que el amor se contradictorio y que nuestro más grande sufrir puede convertirse en absurdo, son temas que El libro de los amores ridículos nos recuerda a cada momento. Kundera nos invita a saltar al vacío de lo ilógico, cualidad innata y necesaria para amar.



«El erotismo no es sólo un deseo del cuerpo, sino también, en la misma medida, un deseo del honor. La pareja que hemos logrado, la persona a la que le importamos y que nos ama, es nuestro espejo, la medida de lo que somos y lo que significamos. En el erotismo buscamos la imagen de nuestro propio significado e importancia».


La despedida (1972)


La felicidad sólo es posible si se puede escapar. Tras las historias de ocho personas cuyas vidas se entretejen y con una mirada sutil pero crítica, Kundera cuestiona la manera de proceder de una sociedad donde cada uno tiene sus propio apocalipsis personal y donde todos están confundidos pero aparentan lo contrario.



«Pero el dolor de los celos no se movía en espacio alguno, daba vueltas como un berbiquí alrededor de un solo punto. No había dispersión alguna. Si la muerte de la madre abría las puertas al futuro —un futuro distinto, más huérfano pero también más maduro—, el dolor producido por la infidelidad del marido no abría futuro alguno. Todo se centraba en una única —inmutablemente presente—imagen del cuerpo infiel, en un único —inmutablemente presente— reproche. Cuando murió su madre, podía oír música, podía incluso leer; cuando tenía celos no podía hacer absolutamente nada».         


La inmortalidad (1990)


La literatura y la vida tejen un lazo imposible de desatar. Entre el cuestionamiento por la eternidad y lo efímero que resulta el amor, La inmortalidad es una reflexión sobre el concepto de homo sentimentalis trabajado por el autor. Entre el juego y la seriedad, este libro plantea problemas existenciales fundamentales sin dejar a un lado lo humano y trivial.



«Cuando la persona es joven, no es capaz de percibir el tiempo como círculo, sino como camino que conduce directamente hacia delante, hacia paisajes permanentemente cambiantes; todavía no intuye que su vida sólo contiene un tema; lo comprende en el momento en que su vida comienza a componer sus primeras variaciones».


El libro de la risa y el olvido (1974)


El exilio es un tema recurrente. La lucha contra el olvido y la fragilidad a la que nos expone el amor llenan el Libro de la risa y el olvido que al final, resulta ser un viaje por recuerdos que aparentemente son de otros, pero están tan incrustados en nuestro interior que apenas nos reconocemos sin ellos.



«La borró de la fotografía de su vida no porque no la hubiese amado, sino, precisamente, porque la quiso. La borró junto con el amor que sintió por ella. La gente grita que quiere crear un futuro mejor, pero eso no es verdad, el futuro es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo. Los hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado. Luchan por entrar al laboratorio en el que se retocan las fotografías y se rescriben las biografías y la historia».


La lentitud (2006)


Separadas por un par de siglos de por medio, dos historias de amor aparentemente diferentes se encuentran tejidos por un lazo secreto. Ir del pasado al presente en una especie de tiempo indefinido que nos alecciona sobre nuestros defectos más profundos.



«Hay un vínculo secreto entre la lentitud y la memoria, entre la velocidad y el olvido. Evoquemos una situación de lo más trivial: un hombre camina por la calle. De pronto, quiere recordar algo, pero el recuerdo se le escapa. En ese momento, mecánicamente, afloja el paso. Por el contrario, alguien que intenta olvidar un incidente penoso que acaba de ocurrirle acelera el paso sin darse cuenta, como si quisiera alejarse rápido de lo que, en el tiempo, se encuentra aún demasiado cercano a él».


Si amas la obra de este escritor checoslovaco, sabrás que cualquiera de los libros que abras serán un bálsamo para tu espíritu el día que lo necesites. También conoces que, si quieres dosis breves, las frases podrán darte un alivio inmediato pero que esto no será suficiente para adentrarte a comprender toda su complejidad. No importa el modo o la cantidad con que lo hagas, leer a Kundera siempre te salvará un poco de morir.

Carolina Romero

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