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Cuento de Henry Nadales para los que prefieren que los odien antes de que los olviden

24 de octubre de 2017

Henry Nadales Gil



No hay nada más triste que ver a un amor que se desangra y no poder detener la hemorragia, nada más devastador que ver cómo se muere el cariño y no tener la clave para revivirlo. ¿Qué le queda a una pareja que se amó demasiado después de que todo termina?

Tal vez sólo a través de las letras podemos encontrar la fuerza necesaria para sanar. En el siguiente cuento de Henry Nadales, nos adentramos en la mente de un personaje que enfrenta el dolor más grande: el de no sentir nada más.





LO INSOPORTABLE DE NO SENTIR NADA


¿Alguna vez te has fijado en cómo duele no sentir nada?

 

Nadie merece que rompan su burbuja de tranquilidad; pero tú, más que romperla, lentamente fuiste encontrando una manera tierna de apagar eso que me sorprendía cada mañana. Esas mañanas que eran impregnadas con tu sonrisa recién amanecida, que era el anuncio de un día más hundido en tu regazo.

 

Quizá como varias personas puedan pensar, creerías que sólo soy un tonto exagerado o un soñador al que se le volaron las ideas; pero nada más alejado de eso. Desde el momento en que te conocí, sentí como llama viva esto que flotaba en nuestro pecho. Un calor que desgarraba pieza por pieza cada uno de mis miedos.

 

Tu sonrisa me animaba en el pasado, para mí era lo más hermoso que había existido jamás. Y yo, que sólo soy un observador del universo, me dejaba absorber por el millar de constelaciones que nacían cada vez que tú suspirabas mi nombre, cuando decías un “te amo” antes de caer en las fauces de mi memoria.

 

Se me escapa el amor de las manos y empiezo a tambalear cada vez que siento cómo ese sentimiento de admiración tuyo se transforma en lástima. Yo, que antes era un dios en proporción a cada uno de tus anhelos del pasado, ahora no soy más que un mendigo que negocia la manera más fácil de ser desterrado de la miseria.

 

Un día cualquiera, después de esas incontables horas pasionales, el refugio de tus pupilas se fue apagando. De un momento a otro, la distancia no era sólo física sino emocional, la vastedad del tiempo hacía que nuestro insólito amor se hiciera más cuestionable.

 

La culpa ha sido mía, sólo mía, pues como un niño me dejé atrapar en una paz azabache, en la seguridad de tenerte para mí sin los ánimos de enamorarte cada mañana. A estas horas ya estoy harto de tanta estupidez que proviene de mí. Porque entre las miles de estrellas, voces y momentos que compusieron mi vida, fuiste la única razón de mis alegrías en aquellos instantes en los que estaba destruido por todo.

 

Pero nos invadió el desgaste de lo que siempre pasaba. Luego de haber sido impulsados por el amor, la inercia de cada día iba suprimiendo la ansiedad de vernos mañana. No hay peor veneno para un futuro que ignorar el presente. La absoluta nulidad de no verte emocionada por mi presencia me angustiaba. Quizá buscabas un aventurero de las rutinas y yo sólo alguien con quien compartir la calma.

 

Preferiría que me odiaras, que me reconocieras como un monstruo antes que como un simple gusano por el suelo. Hubiese dado todo de mí por romperte el sueño antes que desgraciarte el alma, antes de darle nirvana a tu pasión guerrera. Hubiese sido mejor ser una hoguera de decepción que un témpano de ganas. A nosotros se nos olvidó lo excepcional de lo cotidiano.

 

De pequeño le tenía miedo a la oscuridad, luego al crecer me di cuenta de que las sombras son las que más se repiten en la vida; y que el hondo agotamiento de pasión es lo que enciende las tinieblas. Ahora mi miedo es otra cosa, miedo a los que no conocen el amor, ese amor que te hace volar sobre un mundo lleno de miseria.

 

Y ahora ya no podré construirte castillos en las manos, ni escaleras en el cuello para darle paso a esas lágrimas de felicidad absoluta. Estoy descompuesto de sueños y malgastado en búsqueda de una inexistente satisfacción; pero el amor también es otra cosa: es sentir algo en vez de nada.

 

Es tan poco lo que pude darte, no tuve el valor de darte mi corazón en la palma, de no avanzar sobre el invierno a fuerza de primaveras. Compañera de vida que dejaste hundir el barco en el que naufrago, buscando el cadáver de mis esperanzas, tú necesitas a alguien que te ponga millones de galaxias lejos de este infierno terrenal, donde no hay cabida a una batalla más desde el momento en que te ausentaste de nuestro cielo.

 

Otra vez se ha hecho tarde y llegaste de tu estudio cansada, y ya no te alegra ni mi dolor. Simplemente no puedo evitar tener miedo, no puedo esconder el pavor fatigado que tengo de que no pueda en estos instantes salvarme a mí mismo por la ruta en la que voy. Soy indestructible porque ahora estoy roto.

 

La valentía es algo que siempre me hace falta, aunque alguna vez fui el mayor caballero para ti. Pero los días se hicieron más pesados después de no sentir aquella ligereza en las palabras. Ojalá pudiera mantener la entereza de la manera en la que tú lo haces, pero para mí es imposible seguir despertando sin la madrugada de tu sonrisa.

 

Ojalá te ames, quizás así sería mucho más fácil para el que venga después de mí no hundirse en esa tristeza absorbente de los océanos en tus ojos. Espero mantenerme sereno sin la necesidad de matar todo lo podrido en este mundo maltrecho. Ojalá pudiera escupir tanta oscuridad, esa misma que me hace sentir que no bastaron los “vérsame mucho” en la luna apagada de tus pestañas.

 

Somos algo dividido, fallido, que busca. No te imaginas cuánto duele darle a mi mente la libertad para pensarte con los ojos somnolientos por miedo miedo a dormir, y despertar sin la espera de tu llegada, cuando me decías que debería parar de leer y empezar a escribir una de esas cosas que de ti me vuelven loco.

 

La pasión es una enfermedad que te hace infeliz después de estar curada. Lástima que ahora mi locura es esta insípida cordura de lo agotado. Haría esto más sencillo si no fuese un humano.





**


Dejar ir a alguien siempre nos tomará tiempo, sobre todo cuando sabes que aunque no te hablen y no te escriban, sabes que todas las noches piensan en ti. Pero para combatir esas noches de soledad, puedes leer los libros que te ayudarán a superar una ruptura amorosa cuando sientes que has fracasado.



TAGS: Ruptura Nuevos escritores Desamor
REFERENCIAS:

Henry Nadales Gil


Colaborador

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