El día que aprendí que beber es un delirio de un trance etílico

lunes, 9 de enero de 2017 15:46

|Alicia Gonzalez





“Lo que él realmente necesitaba era una botella de cerveza helada,

con la etiqueta un poco mojada y esas gotas frías
tan hermosas sobre la superficie del vaso”. 
Charles Bukowski




 

Lo que hace brotar al subconsciente son las mezclas peligrosas de alcohol, sin maquillaje ni simbolismos, una cabeza exorciza en el excusado demonios que recitan porqués en forma de reclamos en una media noche cualquiera, en la cual la mente se convierte en un collage de memorias interrumpidas, absorbidas por el fuego del vómito, por las almas frustradas o alegres en demasía.

Para digerir los golpes de una sensibilidad al extremo o matar el aburrimiento, se beben de manera incansable los recuerdos de lo que ya no fue; un añoro en ciernes. A veces se acompaña dicho ritual con un vaso o una botella de elixir, en el que el presente es lo único que cuenta y las canciones desgarran la piel que cubre el corazón que, equivocadamente, hemos dejado en manos ajenas, para comenzar a lagrimear sin detenerse o a gritar cualquier clase de manifestación de éxtasis, cuando en realidad se esconde un pozo de tristeza inagotable. 


delirios de beber

Como dice aquel mantra musical de Pink Floyd: “Your lips move, but I can hear what u are saying” en 'Comfortably numb'. El alma se entumece, ni siquiera se pueden leer los propios labios, sólo apreciar en slow motion lo que sucede con una percepción distinta, como si fuera un sueño o un VHS repetido en algún otro flashback que visita al estado etílico sin saber de dónde vino, sólo se siente que en algún momento ocurrió algo y vuelve una y otra vez.

Todo parece también como si estuviera en pausa o en escenas producidas en abonos. Los sentidos requieren contemplar lo que está pasando. Buscan respuestas y provocan a los que son dominados por la única garantía de supervivencia sin arrepentimientos: permanecer sobrio.


la bebida y los delirios


Cuando se mezcla vino tinto con ron, se compra el pase seguro al cielo, cualquier cosa es capaz de producir risa, no hay miedo a nada, ni siquiera a la autoridad de la conciencia que toma una siesta y manda como sustituto al ello; ese traicionero de la moral, sin miedo al qué dirán, dispuesto a ser el monstruo que acaricia en la oscuridad y confiesa todo sin rodeos.


los delirios de beber


"¿Por qué no me quiso? ¿Por qué Mariana se tenía que morir? ¡Pobre Carlitos! Soy un estorbo, una belleza ambivalente desperdiciada que dispara metáforas de vez en cuando, una máquina de poesía que desea sentir y poder fluir sin deudas antes o después. Quiero apreciar el sonido del silencio, que rujan los miedos sin escalas al purgatorio hasta que se terminen de beber los sueños consumidos en los amores incompletos. Quiero bailar cumbia al son de la balada 'Fe' de Jorge González y sonreír hasta que muera en el excusado y dejar que el vals de las desgracias se vayan al jalar la palanca".

  chica y su reflejo

Un proverbio anónimo advierte que lo que dice alguien ebrio en realidad representa lo que piensa, pero que no se atreve a decir; profundidades que sólo el propietario de las mismas conoce.

Delirios de un trance etílico que noquea la prudencia de permanecer con las emociones y algunos signos vitales. El piso se vuelve una cama muy fría en la que el dangerous mix reposa con latidos de vómitos o baila en las paredes hasta que los pasos traicionan y los héroes rescatan a ebrios en peligro.

beber provoca delirios

Uno de los símbolos que representan el realismo sucio en la literatura es el escritor Charles Bukowsky, quien pensaba que si algo malo ocurría se bebía para intentar olvidar, si algo bueno, para celebrar; y si nada pasa, se bebe para provocar que algo pase.

Nada es al azar, se bebe por una o varias razones. A veces para dejar que el superyó salga a pasar y deje a cargo al ello, quien necesita salir a socializar con la especie humana y mostrarse tal cual es, y se incluye la verborrea que se destila al momento de descargar esos demonios de fuego almacenados en el metabolismo de un elixir sin límites.


delirios de beber



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Charles Bukowski fue un poeta al que las formas clásicas de la poesía no le importaron, por lo que plasmó lo que pensaba a través de un lenguaje muy claro, un poeta maldito influenciado por el alcohol y las mujeres, un poeta que tienes que leer, por eso te compartimos las lecciones que debes aprender de él antes de los 20, así como los 8 libros claves con los que tienes que comenzar a conocer su literatura.


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La serie fotográfica que acompaña al texto pertenece a Sophia Sinclair.



REFERENCIAS:
Alicia Gonzalez

Alicia Gonzalez


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