Cómo descubrir quién eres realmente según los diarios de Ernesto "El Che" Guevara

Jueves, 19 de julio de 2018 13:34

|Bryan Hernandez Torres
el che guevara

En "Notas de viaje: diarios de motocicleta", la difícil realidad latinoamericana se abría ante la mirada del Che Guevara.



¿Cuántos de nosotros escribimos hoy un diario? Pareciera, por lo que nos ha vendido la televisión, que es una práctica infantil. Y puede que suene así; sin embargo, el diario tiene consigo un enorme potencial. El diario es un sub-género de la biografía, y más allá de eso, de la autobiografía. Fechado en la mayoría de ocasiones, el diario permite plasmar sueños, anhelos, posturas y reflexiones. Se escribe en forma de crónica, narrado en primera persona y, en teoría, el lector sólo puede ser el mismo autor. Pero en los últimos tiempos parece que esta práctica se ha ido perdiendo. Una lástima. Sin embargo, habrá quien aún lo lleve a la práctica, y por ello se dice que este ejercicio ayuda a la memoria y a la inevitable reflexión.


Hay diarios que, pese a ser escritos para los adentros de los autores, han pasado a la historia por su contenido, su singularidad y la crudeza con la que han sido redactados. Un ejemplo de estos es El diario de Ana Frank, una joven judía que relató lo que se vivió en la Segunda Guerra Mundial, y que hoy es una lectura obligatoria en la educación básica. Pero justamente más allá de Ana Frank y su diario, cuando los tirajes de este tipo salen a la luz y se hacen públicos, se puede conocer al autor de mejor manera, casi palpable. Habrá cientos de novelas, ensayos, cuentos, relatos, fábulas o poemas escritos en todo el mundo, millones de estos escritos por millones de autores, pero estos textos apenas si develan un poco al autor, apenas si podemos verlos a través de sus obras. Generalmente concebimos el estilo literario que pudiera tener un autor, la técnica que utiliza para darle estructura a un personaje, a una situación; pero más allá de eso, los autores parecen claramente invisibles. En el caso del diario es todo lo contrario, el que lo escribe se muestra desnudo entre las páginas, expresa sin prejuicio alguno lo que ve, lo que piensa, lo que sueña; y dado que siempre existe una línea entre lo público y privado, pocas veces estos textos salen a la luz.



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Claro que no hay que ponerse melancólicos respecto a eso, sino conformarse con lo que hay, y lo que hay es, sin duda alguna, demasiado. En este caso vale la pena hablar de un joven argentino que escribió un diario hace ya bastante tiempo; uno que años después encabezaría, junto con otros, una de las revoluciones más importante en América Latina y el Caribe; uno que paso a la historia como un mártir y que es una figura icónica en cualquier parte del planeta; uno que parece, más allá de un hombre, un medico o un “Che”, un mito. En efecto, hablamos de Ernesto Guevara de la Serna, mejor conocido como “El Che”.


El libro se llama Notas de viaje: diarios de motocicleta, si es que se le puede denominar libro, porque en conclusión es un diario que redactó Ernesto Guevara en su viaje por América Latina, durante el primer viaje que hizo. Entonces no era “El Che”, era un joven argentino estudiante de medicina que buscaba, en su viaje, ampliar su visón sobre América Latina. Y tras eso encontrarse como quien se para en un espejo para transformarse en alguien más auténtico. En sus primeras notas dice:


El personaje que escribió estas notas murió al pisar de nuevo tierra Argentina, el que las ordena y pule, "yo", no soy yo; por lo menos no soy el mismo yo interior. Ese vagar sin rumbo por nuestra "Mayúscula América" me ha cambiado más de lo que creí.



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Guevara, junto con su amigo Alberto Granado —un bioquímico—, se embarca sobre una motocicleta llamada “La poderosa II”. Con apenas 23 años el joven Guevara relata a través de sus notas lo que era, y lo que terminó siendo. Aquel viaje consistía en recorrer cinco países, una ruta de cerca de 14 mil kilómetros. Y se tardarían siete meses en concretarlo. Salieron de Córdoba, Argentina, pasando por Buenos Aires, Bariloche y Miramar, para después entrar a Chile por el lago Todos los Santos; de ahí subieron hacia Perú, luego a Colombia y terminaron en Caracas, Venezuela. Después Guevara, dejando a Granados, partiría solo a Miami en un avión carguero, y volvería a Buenos Aires para terminar sus estudios en medicina. La ruta es extensa y el viaje, sin duda alguna, extraordinario. Lleno de aventuras, pasajes y vivencias más que duras, Guevara refleja a ese joven en busca de ampliar su visión, a ese joven que todos tenemos en la cabeza: aventurero, haciendo dedo, y dimensionando la realidad que se abría ante sus ojos.


Todo lo trascendente de nuestra empresa se nos escapaba en ese momento, sólo veíamos el polvo del camino y nosotros sobre la moto devorando kilómetros en la fuga hacia el norte.



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Durante aquel viaje visitan los lugares más marginados, se dan cuenta de las necesidades del pueblo latinoamericano, y con ello nacen las ideas de Guevara, y su postura sobre aquella realidad terrible —una llena de injusticias.


Creemos, y después de este viaje más firmemente que antes, que la división de América en nacionalidades inciertas e ilusorias es completamente ficticia. Constituimos una sola raza mestiza, que desde México hasta el estrecho de Magallanes presenta notables similitudes etnográficas. Por eso, tratando de quitarme toda carga de provincialismo exiguo, brindo por Perú y por América Unida.


Hoy existen a la mano varios documentales sobre su vida, porque este viaje apenas fue el comienzo de este revolucionario, lo que siguió después fue igual de inefable y cambió el rumbo de la historia del pueblo latinoamericano.


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Bryan Hernandez Torres

Bryan Hernandez Torres


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