¿Cuántas canciones de Maluma equivalen a un libro de Camus ?

martes, 11 de julio de 2017 14:02

|Diego Cera




Estudié Letras y me gusta la música de Maluma. Me parece pertinente hacer esa aclaración antes de continuar con el resto del artículo porque, al parecer, leer o escribir y el gusto por el reggaetón —no importando si es el del cantante colombino o de cualquier otro— son dos cosas que no pueden estar en la misma persona. En teoría, al encontrar gozo en este género inmediatamente sería considerado como un ser de inteligencia inferior; sin embargo, es necesario destacar que la idea de que el arte —en cualquiera de su expresiones— está reservado sólo para un sector presuntamente "culto" de la población es algo propio del siglo XIX.



Madame Bovary de Flaubert, Efraín en “María” de Jorge Isaacs y el Werther de Goethe, presentan una formación cultural e intelectual equivalente a su alto estatus social. No obstante, las leyes que otrora regían al arte hace dos siglos, lógicamente, han pasado a ser obsoletas; sobre todo para un país como México, donde reservarse el derecho de admisión a recintos como bibliotecas o librerías sería un error terrible. Más aún, convertir al arte en un especie de privilegio reservado para una élite intelectual, es algo que podría hundirnos en un lago de ignorancia más grande que en el que nos encontramos.

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MEDIDAS DESESPERADAS


En un país cuyo índice de analfabetismo es terriblemente alto, las dependencias gubernamentales encargadas de la difusión cultural tienen que hacer hasta lo imposible por convencer la gente y que se acerque, por lo menos un día a la semana, a un museo o una biblioteca, todo con el fin de que los niveles educativos no sigan bajando cada año, como respuesta del desinterés de la población hacia eventos que buscan promover la cultura y las artes.



Lo vimos en 2015 con la UNAM, ésta propuso una campaña social llamada “Perrea un libro”, un video en el que aparecían reggaetoneros musicalizando algunos poemas de escritores del Boom Latinoamericano... Las redes sociales comenzaron a desbordarse de comentarios y burlas hacia una iniciativa que no hacía más que basarse en estadísticas para demostrar que las campañas impresas ya no eran una novedad para los jóvenes. Así, lo que parecía ser una gran campaña de fomento a la lectura, terminó por ser el házme reír de todas las universidades del país, lo que devino en la inminente cancelación del proyecto que, dicho sea de paso, prometía ser un hit en eventos como la Feria Internacional del Libro del Zócalo de la Ciudad de México.



Ahora, en 2017, bajo la misma premisa, el Instituto Nacional de Bellas Artes de México causó polémica al subir una imagen vía Twitter en la que el cantante Maluma aparece sosteniendo un libro del Premio Nobel de Literatura: Albert Camus. Tras la aparición de la postal con la leyenda «Maluma ya leyó a todo Camus y tú todavía no terminas la tesis», las burlas y quejas no se hicieron esperar; los pretenciosos comentarios iban desde «Bien por él, ahora que refleje en sus letras a Camus y haga música de calidad. Una que sí honre a la literatura», hasta: « Ya quisiera él comprender la postura filosófica y literaria de un autor como Camus».



¿CÓMO SE PERCIBE LA LITERATURA EN NUESTROS DÍAS?


Gracias a los juicios de estos presuntos lectores, lo único que nos queda por imaginar es que la literatura sólo nos ha servido para creer que quienes tenemos el privilegio de sostener un libro en nuestras manos ─porque si hay algo que aceptar es que el costo de un libro actualmente es sumamente elevado─  estamos en un nivel superior al del resto de los mexicanos. Nos autoproclamamos autoridades de la intelectualidad sin darnos cuenta de que incluso, en el ámbito editorial, se explotan las tendencias y la sensibilidad de las personas para poder llegar a ellas. Una cosa es clara, están destruyendo lo mismo que tanto se empeñan en defender: la literatura, el hecho de convertirla en un gusto exquisito hace que cada vez más personas se aparten de ella volviendo a la industria editorial un negocio cada vez menos rentable. Todo esto deviene en una falta de publicaciones proporcional al bajo número de lectores en el país.



Continuar discriminando a los demás partiendo de sus gustos musicales o su condición social, sólo hará que regresemos a una época oscura, en la que ver al mundo hundirse en su miseria antes de aceptar que todos, en cualquier nivel de la sociedad, merecemos tener acceso a la cultura. Tanto la UNAM como el INBA, al arriesgarse con estas campañas, están haciendo una labor titánica al decirnos tanto a lectores como no-lectores: “Vamos a leer para por fin ser felices los cuatro".




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