Manos ebrias

Manos ebrias

Por: Jorge Sarquis -

flores
Vicioso por sus maravillosos

senos, sobre los cuales,

por segundos destellantes,

gozan mis manos ebrias.

Los aprieto. Intento chuparlos

pero ella se mueve velozmente

para arriba y para abajo,

por lo que apenas

los rozo con los labios.

Su espalda se arquea,

su piel sudada

me desgarra las entrañas

y mi lengua se queda con las ganas.

Así, mi mano izquierda va a sus nalgas

y después mis dedos a su ano,

que toco superficialmente.

La excitación nos acelera:

arriba toma aire, abajo es donde exhala.

Puedo olerla, puedo oler todo de ella…

De esa forma, acabo mucho antes.

No sé si sentir vergüenza

o sentirme como un hombre,

ella me gusta y en veinte minutos

pienso volver a follarle.

 

 

 

Referencias: