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Poemas de Manuel Acuña que debes conocer

Letras Poemas de Manuel Acuña que debes conocer

Manuel Acuña escribió muchos poemas a pesar de sólo haber vivido 24 años.

Manuel Acuña es uno de los mejores exponentes del romanticismo mexicano y, a pesar de su corta vida, dejó un legado poético bastante prolífico. Uno de sus poemas más famosos es el Nocturno a Rosario, que puedes escuchar a continuación:



Manuel Acuña Narro nació en Saltillo, Coahuila el 27 de agosto de 1849. Estudió primero en el Colegio Josefino de su ciudad natal y en 1865, se mudó a la Ciudad de México para estudiar en el Colegio de San Ildefonso donde entró en la modalidad de internado. En 1868 entró a la Escuela de Medicina.


Desde que estudiaba en San Ildefonso, comenzó a participar en tertulias literarias en las que hizo amistad con el también poeta Juan de Dios Peza, con el escritor Ignacio Manuel Altamirano así como Agustín Cuenca. 

Poemas de Manuel Acuña que debes conocer 1

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Acuña era ferviente admirador de Rosario de la Peña, a quien le dedicó su Nocturno, y ella era ampliamente conocida por ser parte de círculos literarios y admirada por José Martí y Manuel M. Flores. Además de admirar a Rosario de la Peña, Acuña tuvo romances con la escritora Laura Méndez Lefort, con quien procreó un hijo y con una joven lavandera, conocida como “Celi”.


Manuel Acuña murió el seis de diciembre de 1873 después de envenenarse con cianuro de potasio. Su amigo Juan de Dios Peza fue quien encontró el cuerpo en la habitación que ocupaba en la escuela de Medicina y Altamirano culpó a Rosario de la Peña de este suicidio, sin embargo, sus cercanos sabían que Manuel Acuña era de temple melancólico y buscaba la muerte.


Estos son algunos poemas del joven médico y poeta que se suicidó cuando tenía 24 años:


YA VERÁS

Dolora
(Imitación )


Goza, goza, niña pura,
Mientras en la infancia estás;
Goza, goza esa ventura
Que dura lo que una rosa.
— Qué, ¿ tan poco es lo que dura?
— Ya verás niña graciosa,
Ya verás.
Hoy es un vergel risueño
La senda por donde vas;
Pero mañana, mi dueño,
Verás abrojos en ella.
— Pues qué, ¿sus flores son sueño?
Sueño nada más, mi bella,
Ya verás.
Hoy el carmín y la grana
Coloran tu linda faz;
Pero ya verás mañana
Que el llanto sobre ella corra...
— Qué, ¿los borra cuando mana?
— Ya verás como los borra,
Ya verás.
Y goza, mi tierna Elmira,
Mientras disfrutas de paz;
Delira, niña, delira
Con un amor que no existe,
— Pues qué, ¿ el amor es mentira
— Y una mentira muy triste,
Ya verás.
Hoy ves la dicha delante
Y ves la dicha detrás;
Pero esa estrella brillante
Vive y dura lo que el viento.
— Qué, ¿nada má s un instante?
— Sí, nada má s un momento,
Ya verás.
Y así, no llores, mi encanto,
Que más tarde llorarás;
Mira que el pesar es tanto,
Que hasta el llanto dura poco.
— ¿Tampoco es eterno el llanto?
- - Tampoco, niña tampoco, 

Ya verás.


Poemas que te ayudarán a superar la muerte de alguien querido

Poemas de Manuel Acuña que debes conocer 2

LA AUSENCIA Y EL OLVIDO

A Lola


Iba llorando la Ausencia,
Con el semblante abatido,
Cuando se encontró en presencia
Del Olvido,
Que al ver su faz marchitada,
Sin colores,
La dijo con voz turbada :
—Ya no llores niña bella,
Ya no llores,
Que si tu contraria estrella
Te oprime incansable y ruda,
Yo te prometo mi ayuda
Contra tu mal y contra ella.
Oyó la Ausencia llorando
La propuesta cariñosa,
Y los ojos enjugando
Ruborosa,
— "Admito desde el momento,
Buen anciano,"
Le dijo con dulce acento,
"Admito lo que me ofreces
Y que en vano
He buscado tantas veces,
Yo que, triste y sin ventura,
La copa de la amargura
He apurado hasta las heces."
Desde entonces, Lola bella,
Cariñoso y anhelante
Vive el Olvido con ella,
Siempre amante;
Y la Ausencia ya ni gime,
Ni doliente
Recuerda el mal que la oprime;
Que un amor ha concebido
Tan ardiente
Por el anciano querido,
Que si sus penas resiste,
Suspira y llora muy triste
Cuando la deja el Olvido.

Poemas de Manuel Acuña que debes conocer 3

EL HOMBRE...

Al Señor Don Ignacio M. Altamirano
Homenaje


... Oii va l'homme sur terre?
V . Hugo


(fragmento)

Allá va... como un átomo perdido
Que se alza, que se mece,
Que luce y que después desvanecido
Se pierde entre lo negro y desaparece.
Allá va... en su mirada
Quién sabe qué fulgura de profundo,
De grande y de terrible...
Allá va, sin destino y vagabundo,
Tocando con su frente lo invisible,
Con sus plantas el mundo...
¿De dónde vino... ?
Preguntádlo al caos
Que dio forma á los seres
De su potente voz al " levantaos; "
Decídselo á la nada,
Que ella, tal vez, sabrá cuál fué la cuna
De ese arcángel vestido con harapos
Á que llamamos hombre ;
Que ella, tal vez, sabrá de dónde vino
Ese titán pigmeo
Tan grande y tan mezquino,
¿Del lodo? puede ser; pero su frente
Está demasiado alta para el lodo;
¿Del cielo? puede ser; pero la tumba
Donde concluye todo,
No dista de sus plantas más que un paso,
Y si fuera del cielo, debería
Ya que tiene un ocaso,
Tener también su oriente como el día.
Aborto incomprensible de la nada
Que lo lanzó, destello de su abismo,
Esperad, esperad á que las sombras
Entre sus negros pliegues os cobijen,
Que allí tal vez, escrito entre esos pliegues
Encontraréis su origen…


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UNO Y QUINIENTOS

Pensando las quinientas unidades
Que el número quinientos componían
Que si quinientas eran
Al uno y nada más se lo debían;
En sociedad se unieron, y ios miembros,
Sin vacilar ni protestar alguno,
Levantaron un templo y en sus aras
Pusieron como Dios al número uno.
Mientras que unidos todos le adoraron
Á nadie aquello le causó extrañeza;
Pero cierta ocasión en que uno de ellos
Llegó solo del templo á los umbrales,
Á pesar de la fe y el fanatismo,
Se halló con que él y Dios eran lo mismo,
Puesto que el uno y él eran iguales.
* * *
Después de recorrer estos renglones
Que tantas reflexiones nos ofrecen,
Deduzco entre otras muchas conclusiones,
Que en materia de Dios y religiones
Los quinientos y el mundo se parecen.

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LA SOÑADORA

Oda


Leída por José Zamora, a nombre de su autor, en el beneficio de María Servin

Pueblo: tú que prorrumpes en gigantes
Himnos de admiración y de entusiasmo
Ante el arte y lo bello;
Tú, de cuya alma toma
La vestal de la gloria y de la fama
Fuego para encender á su destello
De su lámpara mística la llama;
Tú, que eres soñador y eres artista
Lo mismo entre la paz que entre la lucha,
Prepara una guirnalda de tus flores
Más queridas y... escucha.
Era una cuna, un lecho entretejido
De gasas y jazmines...
Pequeño, vaporoso, recogido...
Una forma de nido
Como esos que se ven en los jardines.
Y en ese nido columpiado al aire
Con el vaivén arrullador del viento,
Era una niña hermosa que soñaba
Con yo no sé qué blanco pensamiento;
Una niña inocente que dormía
Entre los chales de su tibia cuna,
Como una de esas hadas misteriosas
Que fingen las tinieblas y la luna
Entre el húmedo cáliz de las rosas;
Virgen de amor en cuya casta frente
El sol de lo inmortal resplandecía
Majestuoso y ardiente,
Con su rayo de luz grabando en ella
Esa chispa radiosa que, más tarde,
Ante el sepulcro abierto se alza estrella
Y en la vía-láctea de los genios arde.
Y la noche era negra, era una noche
Que flotaba impalpable como un velo
Prendido en las montañas,
Sin la luz de un zig-zag entre las sombras
Ni la luz de un cocuyo entre las cañas
Negro y vasto ropaje
Que cobijaba al átomo del mundo
Como al grano de arena el oleaje,
Quedando aquella niña en el vacío
De las tinieblas, escondida y sola,
Como queda la gota de rocío
Cuando cierra la brisa una corola...
Más de pronto la curva de los cielos
Recogió su gigante vestidura,
Y libre de los pálidos fantasmas
Que rodaban informes en la altura,
El aire se cubrió de resplandores
Que se acercaron tibios y temblantes,
Circuyendo la frente de la niña
Como un laurel inmenso de diamantes
Y entonces una voz cuya cadencia
Sonaba arrulladora
Como el canto de amores de la virgen,
Se oyó que repetía
En su dulce cascada de gorjeos:
— Duérmete, vida mía,
Gozando con la luz y la poesía
De la región que pueblan tus deseos...
Duérmete, flor del arte,
A la que el beso de las auras mece...
Duérmete... y cuando venga á despertarte
La voz de tu destino,
Yo, el ángel de tu cuna,
Regaré de perfumes y de galas

La áspera cumbre que tu genio adora,
Y á donde tienden las inmensas alas
Tu ambición y tu fe de soñadora.
Dijo la voz : y la corona ardiente
Ensanchando su cerco luminoso
De estrellas inmortales,
Se perdió en los lejanos horizontes,
Mezclada con el fuego de la aurora
Que asomaba su luz tras de los montes
Después, aquella niña
Despertó de su mágico letargo,
Y emprendiendo el camino
De la jornada que á la gloria lleva
Entre el dolor y el desaliento amargo,
El mundo la miró sobre el proscenio
Arrancando un laurel a su destino

Y esculpiendo su busto peregrino
Sobre el augusto pedestal del genio.
Blanca y tierna paloma
Que hasta el templo del arte alzó las alas
Para robar al arte sus secretos,
Descendiendo después sonriente y bella
Entre el aplauso universal de un mundo
Lleno de amor y admiración por ella.
Por ella, que eres tú, la que hoy recoges
El ideal de tus sueños infantiles
Entre el incienso embriagador del triunfo...
Por tí que haces latir entusiasmado
El corazón del pueblo que hoy arranca
La cadencia más dulce y más sentida
Del arpa de su gloria,
Para arrojarla con su flor más blanca
Sobre el gigante altar de tu victoria.
Por ella, que eres tú, la más querida
Esperanza de Méjico, la virgen
Á quien el porvenir desde la cuna
Prometiera su espléndida guirnalda,
Y que hoy viene al rumor de las conquistas
Que tu celeste inspiración abona
Á ceñir en tu frente esa corona
Que hace iguales á Dios y á los artistas.


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Poemas de Manuel Acuña que debes conocer 5

RASGO DE BUEN HUMOR


¿Y qué? Será posible que nosotros
Tanto amemos la gloria y sus fulgores,
La ciencia y sus placeres,
Que olvidemos por eso los amores,
Y más que los amores, las mujeres?
¿ Seremos tan ridículos y necios
Que por no darle celos á la ciencia,
No hablemos de los ojos de Dolores,
De la dulce sonrisa de Clemencia,
Y de aquella que, tierna y seductora,
Aún no hace un cuarto de hora todavía,
Con su boca de aurora,
" No te vayas tan pronto, " nos decía?
¿ Seremos tan ingratos y tan crueles,
Y tan duros y esquivos con las bellas,
Que no alcemos la copa
Brindando á la salud de todas ellas ?
Yo, á lo menos por mí, protesto y juro
Que si al irme trepando en la escalera
Que á la gloria encamina,
La gloria me dijera :
— Sube, que aquí te espera
La que tanto te halaga y te fascina;
Y á la vez una chica me gritara:
— Baje usted, que lo aguardo aquí en la esquina;
Lo juro, lo protesto y lo repito,
Si sucediera semejante historia,
Á riesgo de pasar por un bendito,
Primero iba á la esquina que á la gloria.
Porque será muy tonto
Cambiar una corona por un beso;
Más como yo de sabio no presumo,
Me atengo á lo que soy> de carne y hueso,
Y prefiero los besos y no el humo,
Que al fin, al fin, la gloria no es más que eso
Por lo demás, señores,
¿Quién será aquel que al ir para la escuela
Con su libro de texto bajo el brazo,
No se olvidó de Lucio ó de Robredo
Por seguir, paso á paso,
Á alguna que nos hizo con el dedo
Una seña de amor, así... al acaso?
¿ Ó bien, que aprovechando la sordera
De la obesa mamá que la acompaña,
Nos dice: — ¡ No me sigas!
Porque mamá me pega y me regaña?
¿Y quién no ha consentido
En separarse del objeto amado
Con tal de no mirarlo contundido?
¿ Quién será aquél, en fin, que no ha sentido
Latir su corazón enamorado,
Y á quién, más que el café, no ha desvelado
El café de no ser correspondido ?
Al aire pues, señores,
Lancemos nuestros hurras por las bellas,
Por sus gracias, sus chistes, sus amores,
Sus perros y sus gatos y sus flores
Y cuanto tiene relación con ellas.
Al aire nuestros hurras
De las criaturas por el sér divino,
Por la mitad del hombre,
Por el género humano femenino.


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Poemas de Manuel Acuña que debes conocer 6

POR ESO


Porque eres buena, inocente

Como un sueño de doncella,

Porque eres Cándida y bella

Como un nectario naciente,

Porque en tus ojos asoma

Con un dulcísimo encanto,

Todo lo hermoso y lo santo

Del alma de una paloma,

Porque eres toda una esencia

De castidad y consuelo,

Porque tu alma es todo un cielo

De ternura y de inocencia,

Porque al sol de tus virtudes

Se mira en tí realizado

El ideal vago y soñado

De todas las juventudes;

Por eso, niña hechicera,

Te adoro en mi loco exceso;

P o r eso te amo 3' por eso

Te he dado mi vida entera;

Por eso á tu luz se inspira

La fe de mi amor sublime;

¡ Por eso solloza y gime

Como un corazón mi lira!

Por eso cuando te evoca

Mi afán en tus embelesos,

Siento que un mundo de besos

Palpita sobre mi boca;

Y por eso entre la calma

De mi existencia sombría,

Mi amor no anhela más día

Que el que una mi alma con tu alma.


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