Margaritas, margaritas
Letras

Margaritas, margaritas

Avatar of María Augusta Albuja

Por: María Augusta Albuja

2 de octubre, 2017

Letras Margaritas, margaritas
Avatar of María Augusta Albuja

Por: María Augusta Albuja

2 de octubre, 2017

Disfruta a continuación de otro relato escrito por la joven autora María Augusta Albuja, cuyo estilo se atañe las más minúsculas anécdotas, tramas en potencias en las que, sólo aparentemente, no está pasando nada, salvo en el sustrato y en el trasfondo.


Margarita, margaritas

Caminaron de la mano por la vereda y al cruzar la calle. Tomás se soltó al llegar a la cafetería. Su papá abrió la puerta para dejarlo pasar primero. 

─Papá, un croissant de chocolate ─pidió mirando la vitrina que exponía panes y tortas.

Un croissant de chocolate y un café con leche, pidió el hombre a la cajera. Tomaron asiento en una de las mesas. El papá de Tomás sacó su teléfono e hizo una llamada.

─Papá, lo parto en la mitad ─dijo Tomás sosteniendo el croissant en sus manos y mirando a su padre, quien frunció el ceño recordándole que estaba al teléfono.

—Lo parto en la mitad, lo parto en la mitad —continúo Tomás, con un tono cada vez más agudo.

Su padre lo ignoró. Se ve muy concentrado en la llamada, pensó el niño, examinándole las arrugas y ojeras. Su padre aflojó el ceño y sonrió al ver que Tomás había logrado partir el croissant en dos trozos muy desiguales y colocado la parte más grande junto a él.

─¿Iremos por las margaritas?

─Sí, Tomás, cuando acabes.


Margaritas, margaritas 1


La floristería quedaba muy cerca. A Tomás le encantaba observar los colores de una variedad de flores en sinfonía con los insectos que paseaban por ahí. Miró un cactus y se le erizó la piel. Apretó la mano de su padre.

─Lo de siempre ─solicitó el padre a la vendedora.

─Son para mamá ─agregó Tomás y tomó el ramo de margaritas que la muchacha había armado.

 Tomás se pegó a la pierna de su padre, tapándose los ojos cuando llegaron a la zona del cementerio. El lugar era como los jardines donde su papá le llevaba a jugar, pero con tumbas y esculturas sobresalientes y aterradoras. 

─Tranquilo, Tomás, sólo estamos rodeándolo y mira, ya casi llegamos.

El hospital quedaba unas calles más allá. A Tomás le resultó sombrío. Atravesaron pasillos oscuros y largos y se cruzaron con mucha gente vestida con batas blancas.

En una de las salas de espera encontraron a todos sus familiares. La abuela lo besó en la frente. Hola, campeón, le dijo uno de sus tíos y un par de primas le acariciaron el cabello. Tomás se arregló los anteojos que se le habían movido con tanto ajetreo y siguió a su padre hacia la habitación donde debía estar su mamá.


Margaritas, margaritas 2


─Gracias, cielo ─susurró la madre al recibir las flores, intentando abrazarlo desde la camilla. Parecía cansada pero contenta.

Su papá arregló las margaritas en un florero que estaba sobre una de las mesas de la habitación.

─Nunca te olvidas de mis favoritas ─dijo la mujer y besó a su esposo. Él le acarició el vientre hinchado por sobre la manta.

Un médico entró haciendo un comentario sobre las contracciones. Tomás los miró, observó a través de la ventana y pensó que desde ahora le tocaría partir sus croissants en más pedazos, pero que su mamá recibiría el doble de margaritas.

Se quedó así un buen rato haciendo sumas y restas, hasta que el médico y un par de enfermeras llevaron a su madre a la sala de parto.

*

Las imágenes que acompañan al texto pertenecen a Victoria J. Baxter.

Puedes apreciar más de su trabajo fotográfico aquí.

***

La poesía es lo único con lo que podemos experimentar a flor de piel emociones que creíamos imposibles en nosotros, por eso te recomendamos los siguientes poemas que nos muestran que hay heridas que nos marcan de por vida. Si quieres conocer más poesía amorosa latinoamericana, te recomendamos estos 10 poemas de Pablo Neruda que dan directo en el corazón.


Referencias: