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La mujer femenista que hizo de su amor un acto de sumisión

Letras La mujer femenista que hizo de su amor un acto de sumisión



«La tía Daniela se enamoró como se enamoran siempre las mujeres inteligentes: como una idiota. Lo había visto llegar una mañana, caminando con los hombros erguidos sobre un paso sereno y había pensado: “Este hombre se cree Dios”. Pero al rato de oírlo decir historias sobre mundos desconocidos y pasiones extrañas, se enamoró de él y de sus brazos como si desde niña no hablara latín, no supiera lógica, ni hubiera sorprendido a media ciudad copiando los juegos de Góngora y Sor Juana como quien responde a una canción en el recreo.»

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Este fragmento, sacado del libro "Mujeres de ojos grandes" de Ángeles Masttreta, podría ilustrar de manera somera la vida de innumerables mujeres inteligentes, cultas y encima talentosas, que han antepuesto un sentimiento amoroso a su propio desarrollo.

Un ejemplo de ello María Lejárraga, escritora española nacida en 1874, quien a la edad de 26 años contrajo nupcias con Gregorio Martínez Sierra, menor que ella y que se desempeñaba en el mundo teatral como empresario y dramaturgo. Para entonces, María ya había obtenido un título tras estudiar idiomas, cosa poco habitual en las mujeres de su tiempo. Además se desempeñaba como traductora de Shakespeare, Sartre, Stendhal, Ibsen e Ionesco, entre otros.  

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Martínez Sierra, hombre de poco talento y alta codicia, aprovechaba el amor incondicional de Lejárraga para firmar con su nombre las obras producidas por ella. Obras que, dicho sea de paso, adquirieron una fama importante a nivel mundial. 

A la sombra, Lejárraga creaba sin reivindicar su autoría, a pesar de la sabida relación que su cónyuge mantenía con Catalina Bárcena, una afamada actriz que participaba en sus puestas en escena. La escritora, sin embargo, no desistía de permanecer en esa inequitativa relación, y fue hasta el nacimiento de la hija de la relación extramarital, cuando la escritora decide separarse, causándole una profunda depresión.

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Aún así, Lejárraga siguió escribiendo para su expareja y no fue sino hasta su muerte −cuando María se encontraba en el exilio− que se atrevió a escribir el texto “Gregorio y yo”, donde confiesa haber estado detrás de la mayoría de sus obras: "A la sombra que acaso habrá venido, como tantas veces cuando tenía cuerpo y ojos con que mirar, a inclinarse sobre mi hombro para leer lo que yo iba escribiendo". 

Pese a lo contradictorio o inverosímil que pueda sonar, Lejárraga arraigaba en su ser una postura feminista y progresista. No en balde escribió textos como “La mujer moderna”, “Cartas a las mujeres de España” y “Feminismo, feminidad y españolismo”, ya con su nombre pero con los apellidos de Martínez Sierra. Aún más, en 1933 consiguió ser  nombrada diputada por Granada durante la Segunda República, reivindicando el derecho sufragista femenino.

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Como apuntan estudiosos de su vida, las ideas feministas de Lejárraga radicaban en ella pese su comportamiento sentimental. De manera inteligente, elaboraba discursos que Martínez Sierra leería, donde manifestaba la desigualdad entre los géneros, pudiendo ser esto incluso una manera ingeniosa y sarcástica de denunciar su condición subyugada, en la voz del propio marido. 

Años después de la muerte de Gregorio, el infortunio continuó persiguiendo su vida, tras el su exilio provocado por la Guerra Civil, la española radicó un tiempo en Estados Unidos. En búsqueda de recursos con los cuales mantenerse, llevó un texto que tituló “Merlín y Viana” a los estudios de Walt Disney. No hubo respuesta. Sin embargo, conocedores de su obra afirman que la película animada “La dama y el vagabundo” está inspirada −por no decir plagiada− en su texto.

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Probablemente, las razones que Lejárraga tuvo para actuar y pensar de la manera en que lo hizo nos parezcan siempre oscuras y extrañas. Sin embargo, en un pequeño fragmento rescatado de una carta dirigida a su amiga se lee: “Al recorrer las horas pasadas, siento rabia contra mí misma por las muchísimas horas que he desperdiciado en sufrir por amor. Ahora que lo veo a la clara luz de la ancianidad, veo que no valía la pena”.



Referencias:

El español

El síndrome Lejárraga


Referencias: