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Los mejores cuentos infantiles de Charles Perrault

Letras Los mejores cuentos infantiles de Charles Perrault

Sus historias infantiles siempre iban acompañadas de una valiosa lección moral que buscaba darle un sentido didáctico a los relatos que adaptó.



Charles y François Perrault se desarrollaron en el mismo vientre materno durante nueve meses hasta ver la luz de la vida. Al nacer en 1628, en París, ambos sobrevivieron, a pesar de ser un parto lleno de dificultades para su madre. Sin embargo, François murió al cabo de seis meses debido a una salud débil. Charles entonces se convirtió en el centro de atención de sus padres, acomodados burgueses que le dieron la más esmerada educación y lo inscribieron a las mejores escuelas parisinas en las que el niño dio muestras de una inteligencia superior.


Con el paso de los años Charles Perrault participó en la creación de la Academia de las Ciencias y en la restauración de la Academia de Pintura. Fue un hombre de ciencias, de pensamiento lógico y de estudio constante que dedicó parte de su carrera a ejercer el derecho y relacionarse con las clases más poderosas de Francia. En cuanto a la escritura, dedicó su pensamiento a la creación de odas, discursos, diálogos, poemas y obras para halagar al rey y a los príncipes.


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Entonces ¿cómo fue que un hombre dedicado a la razón y al pensamiento estructurado es recordado hoy como uno de los autores de cuentos infantiles y fantásticos más famoso de todos los tiempos? Quizá para evitar la monotonía de las reuniones en la Academia Francesa de la que formó parte o de los tribunales donde tantas veces estuvo, Perrault encontraba alivio y distracción en la rescritura de relatos populares de otras culturas o naciones que llegaban hasta sus oídos y se encargaba de adaptarlos a un público moderno.


Gracias a él relatos tan populares como Pulgarcito, Las hadas, Caperucita Roja, Barba Azul, La bella durmiente y Cenicienta, pertenecientes a otros autores o tradiciones, se volvieron sumamente populares. Si no los conoces es tu momento de hacerlo mediante las siguientes líneas:


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"Pulgarcito"


«Érase una vez un leñador y una leñadora que tenían siete hijos, todos ellos varones. El mayor tenía diez años y el menor, sólo siete. Puede ser sorprendente que el leñador haya tenido tantos hijos en tan poco tiempo; pero es que a su esposa le cundía la tarea pues los hacía de dos en dos. Eran muy pobres y sus siete hijos eran una pesada carga ya que ninguno podía aún ganarse la vida. Sufrían además porque el menor era muy delicado y no hablaba palabra alguna, interpretando como estupidez lo que era un rasgo de la bondad de su alma. Era muy pequeñito y cuando llegó al mundo no era más gordo que el pulgar, por lo cual lo llamaron Pulgarcito».


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Los Hermanos Grimm hicieron una versión propia mucho más oscura e incluso sangrienta que la de Perrault. El relato en esencia es el mismo y nos cuenta la historia de un niño que es raptado junto con sus hermanitos por un ogro que desea comérselos.


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"Las hadas"


«Y enjuagando de inmediato su jarra, sacó agua del mejor lugar de la fuente y se la ofreció, sosteniendo siempre la jarra para que bebiera más cómodamente. La buena mujer, después de beber, le dijo:

-Eres tan bella, tan buena y tan amable, que no puedo dejar de hacerte un don -pues era un hada que había tomado la forma de una pobre aldeana para ver hasta dónde llegaría la gentileza de la joven-. Te concedo el don -prosiguió el hada- de que por cada palabra que pronuncies saldrá de tu boca una flor o una piedra preciosa».


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"Las hadas" es un cuento que nos habla sobre los contrastes entre la bondad y la maldad, además del interés de las personas ambiciosas en las banalidades materiales. Como en tantos otras relatos infantiles, aquí se encuentra el papel de la madre malvada que abusa de la más noble de su hijas.


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"La Cenicienta"


«Una vez ataviada de este modo, Cenicienta subió al carruaje; pero su madrina le recomendó sobre todo que regresara antes de la medianoche, advirtiéndole que si se quedaba en el baile un minuto más, su carroza volvería a convertirse en zapallo, sus caballos en ratas, sus lacayos en lagartos, y que sus viejos vestidos recuperarían su forma primitiva. Ella prometió a su madrina que saldría del baile antes de la medianoche. Partió, loca de felicidad».


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Uno de los relatos infantiles más populares es el de la chica que acude a un baile en el palacio real y vive el sueño de conocer al príncipe, con el que más tarde se casará. Sin embargo, antes de ello sus hermanastras y su malvada madrastra se oponen a su felicidad mediante maltratos psicológicos y físicos. Se sospecha que el cuento de Perrault está inspirado en leyendas orientales que datan de orígenes muy antiguos; posteriormente, la versión de los Hermanos Grimm fue mucho más sádica que la de Perrault.


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"Barba Azul"


«Al principio no vio nada porque las ventanas estaban cerradas; al cabo de un momento, empezó a ver que el piso se hallaba todo cubierto de sangre coagulada, y que en esta sangre se reflejaban los cuerpos de varias mujeres muertas y atadas a las murallas (eran todas las mujeres que habían sido las esposas de Barba Azul y que él había degollado una tras otra).


Creyó que se iba a morir de miedo, y la llave del gabinete que había sacado de la cerradura se le cayó de la mano. Después de reponerse un poco, recogió la llave, volvió a salir y cerró la puerta; subió a su habitación para recuperar un poco la calma; pero no lo lograba, tan conmovida estaba».


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La leyenda de Barba Azul, el hombre que escondía los cadáveres de sus anteriores esposas en una habitación secreta de su palacio, fue recogido por Perrault de diversas fuentes que señalan como principal inspiración a Gilles de Rais, un asesino serial francés que se caracterizó por un carácter sádico y perverso. Evidentemente el relato no es infantil ni en estilo ni en contenido, pero por alguna extraña razón es una de las historias que a menudo aparece en cualquier antología del autor.


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"Caperucita Roja"


«Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma de su abuela en camisa de dormir. Ella le dijo:

-Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes!

-Son para abrazarte mejor, hija mía.

-Abuela, ¡qué piernas tan grandes tiene!

-Son para correr mejor, hija mía.

-Abuela, ¡qué orejas tan grandes tienes!

-Son para oírte mejor, hija mía.

-Abuela, ¡qué ojos tan grandes tiene!

-Son para verte mejor, hija mía.

-Abuela, ¡qué dientes tan grandes tiene!

-¡Para comerte mejor!

Y diciendo estas palabras, este lobo malo se abalanzó sobre Caperucita Roja y se la comió».


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La historia original de la Caperucita Roja tiene sus orígenes en el norte de los Alpes franceses. Perrault la recogió en 1697 y la popularizó entre los lectores. Años después, en 1818, los hermanos Grimm la reescribieron con algunas modificaciones como la inclusión del cazador que rescata a la niña de las garras del lobo.


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"La bella durmiente del bosque"


«Entretanto, las hadas comenzaron a conceder sus dones a la princesita. La primera le otorgó el don de ser la persona más bella del mundo, la siguiente el de tener el alma de un ángel, la tercera el de poseer una gracia admirable en todo lo que hiciera, la cuarta el de bailar a las mil maravillas, la quinta el de cantar como un ruiseñor, y la sexta el de tocar toda clase de instrumentos musicales a la perfección. Llegado el turno de la vieja hada, ésta dijo, meneando la cabeza, más por despecho que por vejez, que la princesa se pincharía la mano con un huso, lo que le causaría la muerte».


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Talía, Sol y Luna (1634) de Giambattista Basile es la historia sobre la cual está basada el relato de Perrault que fue escrito en 1697. Toda una serie de conjuras palaciegas rodean a esta historia, una de las tantas que fueron adaptadas por Disney en versiones que dejaban de lado los ingredientes aterradores e incluso sangrientos de las mismas.


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Los cuentos infantiles no son del todo inocentes como podría esperarse: las versiones que de ellos conocemos gracias a las adaptaciones de Disney no son los relatos originales, ya que éstos son tan sangrientos o tenebrosos que inquietarían al público más joven. Éstos son algunos de los que la productora de entretenimiento más grande del mundo jamás se atrevería a adaptar a la gran pantalla.