Letras

Mi habitación es un conjunto de recuerdos que regresan a ti

Letras Mi habitación es un conjunto de recuerdos que regresan a ti

Un día despiertas en múltiples ocasiones como si tu vida se tratara de un loop de repeticiones:

Desperté. Todo había sido un sueño en el que las imágenes de cuatro rostros de distintas mujeres se difuminaban al enfocar el lugar en el que estaba, ¿era mi habitación? Se asemejaba un poco por los techos altos y blancos, pero no había ventana. Traté de levantarme, se suponía que debía estar en el enorme ventanal pero no podía moverme. Sentía una sensación extraña en la parte media de mi estómago que me mantenía inmóvil. Junté todas mis fuerzas para lograr saltar hasta la cama y alcanzar a poner mis pies en el suelo. No lo logré. Lo intenté en un par de ocasiones más y no me pude mover ni un centímetro. La desesperación comenzó a apoderarse de mí, ¿dónde estaba? ¿por qué no podía moverme? ¿qué carajos pasaba?


El estupor se transformó en razocionio: si mi punto gravitatorio parecía estar cerca de mi estómago, iba a tratar de moverme con él. Concentré mi energía donde sentía la presión hasta que me convertí en una espiral energética que se movía como un huracán. Sí, ya no era un ser humano que se desplazaba por sus extremidades inferiores, era algo parecido a un huracán o un tornado que flotaba en eso que se asemejaba a mi habitación. Bajo esa forma recorrí todas las paredes que se encontraban a mi alrededor olvidándome por completo de lo que me había motivado a convertirme en lo que fuese que fuera. Hasta que llegué a la puerta... Una que se encontraba al lado de una maceta con una planta idéntica a la que tenía en mi cuarto. En ese momento la confusión se transformaba en vibraciones que apagaban todo y me hacían sentir de nuevo como flotando pero sin esforzarme, perdido entre numerosos puntos brillantes que se cristalizaban y tomaban formas conocidas.


post-image


Desperté. Estaba sentado. Enfrente de mí había dos personas en un sillón, hermanos de una muy buena amiga. Conversábamos de manera amena cuando un cuadro llamó mi atención, ¿era mi habitación? Lucía como aquel cuarto en el que había despertado tantas veces... El cuadro que estaba a mi lado derecho era una imagen que había visto en alguna parte. Era un pequeño cuadro enmarcado de lo que parecía la silueta de un monje en posición de loto, rodeado de capas en tonos azules que asemejaban una vibración o emanación que se dispersaba a su alrededor eternamente. Los sillones, los hermanos, el cuadro... Debe ser mi habitación... Le señalé el cuadro a una de las personas que estaban ahí:


—Mira, es cuando estamos intentando hacer algo...


Al decir esas palabras tuve la sensación de caer de una enorme montaña rusa, sólo que no se detenía, me pude observar siendo arrastrado hacia el cuadro, dejando la habitación atrás y sumergiéndome en tonos azules y violetas que terminaron por envolverme. La sensación de ser arrastrado o jalado continuaba hasta que me llevó al límite de lo que podía soportar y entonces se detuvo por completo. Flotaba en un espacio azul, era el cuadro, el monje en loto flotando en el espacio pero no había nada más, sólo azul. La habitación que parecía mía había desaparecido por completo y me encontraba en ningún lugar, solo por completo. La tranquilidad me causó el suficiente sopor para dormir de nuevo.


Desperté otra vez. Era de noche. Recordaba todo lo que había soñado, habían sido tantas cosas que no podía creer que estuviera en mi habitación, debía ser otro sueño. Tenía que comprobarlo. El techo era idéntico, amplio, con un pequeño foco al centro que se escondía dentro del mismo y abrigado por una estructura metálica muy simple, pero estética. Las paredes altas cubiertas de Dalí, Kubrick y Pink Floyd se veían totalmente reales, listas para ser palpadas en ese instante. Más lejano estaba ese sillón rojo que era relativamente nuevo, pero ya tenía un poco de historia y se había convertido en un placer visual. Junto al sillón estaba la batería verde, que aunque parecía desencajar un poco, brillaba como juguete nuevo al lado de la ventana. Esa enorme ventana que miraba hacia el Oeste todas las tardes, en el que había presenciado un sinfín de atardeceres plagados de colores. Atardeceres tan distintos entre sí, que cada uno era como una bocanada de aire fresco, de algo irrepetible y único que pasa en unos cuantos minutos y ahora que alumbraba con una luz apagada a mi perro que dormía plácidamente a los pies de la cama.


post-image


Me tranquilicé. Al parecer lo había logrado. Había llegado a casa. En medio de la semioscuridad volteé hacia el otro de la cama para alcanzar la lámpara y poner lo que había visto en orden. Al incorporarme hacia mi lado derecho me di cuenta: también estaba ella. Completamente dormida, con la leve luz de la luna atenuando sus curvas, sin saber las aventuras que había vivido en un par de horas. Estaba ahí, sumergida en su mundo, sin tener idea de que me había ido lo más lejos que había podido para regresar y contarle lo que me había pasado mientras ella dormía en nuestra habitación.



**


A los amantes los une el roce de pieles, pues "me hice un hogar en la estrechez de tu cadera".


**


Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Oliver Charles. 


Referencias: