La novela perdida del Holocausto escrita por un mexicano y que nadie puede encontrar
Letras

La novela perdida del Holocausto escrita por un mexicano y que nadie puede encontrar

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Por: Hugo Co

26 de enero, 2017

Letras La novela perdida del Holocausto escrita por un mexicano y que nadie puede encontrar
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26 de enero, 2017



 

Mi fervor por José Emilio Pacheco inició a los 12 años, justo en secundaria. No fue diferente a la mayoría de las veces en que un joven conoce a José: una profesora animada por las “Batallas en el desierto” y una aula de estudiantes apáticos por la materia. Tampoco fue el primer libro que cayó en mis manos, pero quizá sí fue el primer gran escritor en español que entró a mi vida. Luego vinieron los cuentos: “El principio del placer”, “La sangre de medusa y otros cuantos marginales”; la poesía de Pacheco fue más una revelación, y el resto de su obra, que ya leía con apremio, una obsesión fértil para un muchacho. Entonces vino una pequeña reserva, él había escrito dos novelas, una en 1968 y otra en 1986, “Morirás lejos” y “Las batallas en el desierto”, respectivamente.


Morirás lejos jose-emilio-pacheco-novelas

De la segunda existían diversas ediciones y se podía encontrar en cualquier librería, pero en el caso de “Morirás lejos”, Pacheco parecía haberla ocultado bajo las piedras. La novela sólo contaba con dos impresiones, una en el año de su lanzamiento y otra a solicitud de la Secretaria de Educación Pública, en 1986, ambas bajo el sello editorial “Joaquín Mortiz” y difíciles de hallar. Tuve un profesor que presumía de conservar una copia del texto, misma que era objeto de ofertas de compradores ansiosos, y a las que por supuesto, no cedió.

Finalmente hallé el libro en propiedad de un vendedor desprevenido, a un precio que felizmente hubiera doblado de haber sido necesario. Era 30 de junio, lo sé porque era cumpleaños de José Emilio Pacheco, una fecha interesante para un libro especial. Así la conversación que inicié con él a los 12, siguió casi una década después.


Morirás lejos


Un escritor anhela una gran historia, una que valga la pena contar; José Emilio Pacheco escribió sobre la más grande de todas en “Morirás Lejos”. Una alucinación sórdida y oscura escondida tras una obra enternecedora. En la contraportada de la edición del 86, que es la que tengo en mi poder, se lee una estrofa del poema “Los que teníamos veinte años” del propio Pacheco:

“Fuimos al matadero en un barranco/ en tierra extraña, y como era justo/ erigió nuestras tumbas el estado. / Porque al partir al frente/ le obsequiamos los días/ de nuestra juventud irrecuperable.”

Estos versos sirven, en esencia, para describir la naturaleza del contenido en la novela. Si los sucesos mundiales fueran tan maleables como la trama de un libro, podríamos resolver los conflictos a través de las aptitudes creativas de la mente humana, castigar a los tiranos, recompensar a las víctimas. Pero la realidad se distingue por sobre la ficción, y pese a ello, ambas imitan su naturaleza.

Solucionar los problemas de la humanidad tampoco se reduce a condenar a unos a vivir lo que han hecho pasar a otros, así estaríamos cayendo en el código infame del ojo por ojo. Inventamos la literatura para librarnos de esos demonios, para soltar nuestros pensamientos más abyectos. El siglo XX fue el devenir histórico más convulso del que conservamos una memoria fresca. 

De los hechos terribles que esbozaron el siglo pasado se ha hablado ampliamente en diferentes obras; la Primera y Segunda Guerra Mundial, los bombardeos nucleares, la guerra fría, la gran depresión, el ascenso de dictaduras en Europa y Latinoamérica... el nazismo. Hay pocas heridas tan profundas como la promoción del odio dentro de la ideología del poder tiránico más difundido de la historia.

“Morirás lejos” es una novela con una reflexión sobre una mella idealista insondablemente temible: El Holocausto.

holocausto


“Morirás lejos” explora el acoso contra el pueblo judío. Una historia antigua y contada muchas veces, dicha de una forma ingeniosa e imaginativa. Es la apropiación en la pluma de José Emilio Pacheco de uno de los hechos más relevantes, del dolor y la tragedia. La semblanza empática de un  hombre sensible a crueldad.

La palabra Holocausto proviene del término “olokaustos”, que aparece dentro de la traducción al griego de los textos bíblicos usados dentro de judaísmo, olos que significa “todo” y kaustos o kautos, que significa “quemado”, en general se refiere a un sacrificio consumido por el fuego. A principios de la década de los 40 ya se usaba el término para referirse a los crímenes nazis cometidos en contra del pueblo judío, pero no había adquirido la particularidad de la que goza actualmente; entonces se hablaba del Holocausto de muchos, hoy nos referimos exclusivamente a un genocidio conocido como Holocausto.

Tal cual lo entendemos actualmente es la persecución sistemática del pueblo judío ejecutada por el tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial. También fue conocida como “Endlösung” o “solución final”, dentro de la terminología nazi.

Morirás lejos - tercer-reich


El ascenso del poder nazi es complicado y requiere de un análisis detallado de diversos  temas al respecto, como las condiciones del pueblo germánico  a principios del siglo XX. En términos generales, el nazismo es una doctrina ideológica cuyo credo tiene raíces muy antiguas, directamente relacionada al partido que gobernó Alemania entre 1933  y 1945, cuyo auge se debió al inestable periodo de paz tras la Primera Guerra Mundial a la grave depresión económica de los años 30 y a la situación vulnerable de los ciudadanos alemanes. Después del tratado de Versalles que dio fin a aquel conflicto, y que fue firmado por más de 50 países, sus fuertes imposiciones sembraron en Alemania un deseo de represalias y revanchismo. La crisis moral alemana finalmente condujo al conflicto bélico más grande de todos los tiempos.

“Morirás lejos” es una disertación sobre el sentimiento de persecución en los supervivientes de la ideología nazi, y la vez, un bosquejo de los crímenes perpetrados en su nombre. El texto escatima en muchos detalles porque es más una reflexión que algo parecido a una novela histórica; sin embargo, una conciencia clara de los episodios alrededor de lo narrado en el libro es muy conveniente para el lector.

Morirás lejos Pacheco-Pitol-Monsivais

José Emilio Pacheco encara a sus personajes con el sentimiento de culpa, pero no condena a ninguna figura particular por el Holocausto. Incluso habla de Adolf Hitler como un personaje azorado por la humillación. Pobre Adolf que no superó sus problemas infantiles, pobre Adolf y su intolerancia a la crítica, pobre Adolf y su deseo de venganza, pobre Adolf que arrastró a su esposa Eva Brown al interior de un bunker para después suicidarse, pobre Adolf y su poca confianza en sí mismo.

Adolf Hitler no basta para explicar el Holocausto ni el nazismo. Su vida, actos y los misterios de su personalidad no son las únicas piezas en el sistema de hechos que acontecieron y definieron la era, pero podríamos decir con seguridad que Hitler es de los pocos personajes que de no haber vivido, se habría alterado el rumbo histórico.

En 1919 Adolf se unió al partido que lo llevaría al poder, en 1920 consiguió la dirigencia del mismo a través de su agresiva retórica; en 1933 el gobierno aprobó el “Decreto del fuego del Reichstag”, que suspendía los Derechos y libertades civiles del pueblo alemán; en el mismo año la SS -guardia de elite de Hitler-  estableció un campo de concentración a las afueras de la ciudad de Dachau en Alemania, para encarcelar a la oposición al régimen, y finalmente el parlamente le concedió a Adolf la facultad de implantar una dictadura. Antes de que el año de 1933 concluyera comenzaron los boicots contra los negocios de judíos y éstos fueron excluidos de prácticamente toda clase de vida pública.


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Miembros del partido nazi, entre los que se encuentran profesores, estudiantes y simples trabajadores, realizaron una quema de libros escritos por judíos; Mario Vargas Llosa nos recordó que se empieza quemando libros y se acaba matando gente. A mitad del mismo año, los judíos alemanes fueron privados de su nacionalidad y algunos esterilizados a la fuerza. Durante “La noche de los cuchillos rojos” Hitler ordenó el asesinato de miembros claves de su propio partido en un acto que calificó como necesario para alcanzar los objetivos del pueblo alemán. En 1934 Hitler se ascendió a Führer, superando todo límite legal, instalándose como dictador absoluto de Alemania. Pero, como ya dije, Hitler por sí solo no explica el fenómeno que se desató en ese momento.

En los campos de Auschwitz-Birkenau, Belzec, Chelmo, Majdanek, Sobibor o Treblinka, los nazis desarrollaron nuevas formas de ejecución colectiva: monóxido de carbono liberado por motores diésel, balas emponzoñadas, inyecciones de fenol y petróleo. Lentas e inefectivas para el asesinato en masa, pero muy dolorosas. Los presos viajaban durante días en vagones para atravesar Europa central: de pie, amontonados entre fluidos corporales, aferrados a la idea de regresar a sus hogares, sin la conciencia de que iban a morir lejos del lugar donde nacieron.

Las causas del antisemitismo nazi son inciertas, muchos aluden a la cuestión ideológica, la búsqueda de la raza aria y la supresión del linaje considerado impuro, pero parece una explicación vaga, casi una excusa. Los judíos formaban una parte considerable de la población y un sector económicamente prolífico; la devastación de la Primera Guerra Mundial tuvo como consecuencia una grave escasez de empleos, el gobierno culpó a los judíos de hurtar los poquísimos trabajos a los ciudadanos arios.

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Como muchas veces sucede, la violencia inicia con políticas discriminatorias. Las leyes de Núremberg fueron adoptadas por Alemania en 1935, dichos códigos les prohibían a los judíos casarse o tener relaciones con personas de "sangre alemana o afín", también definían a un "judío" como alguien que tuviera tres o cuatro abuelos judíos, y no a quien practicara determinadas creencias religiosas. En la Alemania nazi los judíos eran identificados con marcas que debían portar en  su indumentaria, también se les agregaba un segundo nombre: "Israel" para los varones y "Sara" para las mujeres.

Cuando los prisioneros descendían de esas pequeñas cajas fúnebres que eran los trenes, se adentraban a un submundo donde todo rasgo de civilización era inexistente. Parecían estar invadiendo terreno ajeno, una sociedad de mugre, hedor y piojos; endebles ante el frío, la enfermedad y las humillaciones de los centinelas. Dormían anhelando unos pocos milímetros de espacio, sin almohadas ni colchón, a espera del pase de lista a las tres de la madrugada, cuando debían permanecer cuatro horas de pie a la intemperie. Estarían así mientras su voluntad soportara la purga, balanceándose entre la vida y la muerte.
“Un día los muertos saldrán de debajo de la tierra y expulsarán del mundo a muchos vivos”, sentencia José Emilio Pacheco en la novela.

holocausto barbarie

Cuando acabó la guerra los campos de concentración ya estaban anegados por moscas, engullidos por la peste de millones de cadáveres; desde Auschwitz, el sol pareció ocultarse en una pila de leprosos, mártires de una lucha que ha sacrificado la integridad humana.

Muchos experimentos eran practicados en los campos, tanto a personal como a prisioneros; un gran número eran dirigidos a la comprobación de productos farmacéuticos, otros pretendían adelantarse en la escala evolutiva, la regeneración de tejidos mediante el trasplante de miembros sin anestesia. Josef Mengele, por ejemplo, llevó a cabo procedimientos para atestiguar cómo distintos padecimientos actuaban diferente en distintas razas. 

El holocausto era un estricto secreto de estado, las órdenes eran verbales, con el fin de no dejar rastro de ellas. Los métodos nazis eran tácticos pero improvisados, las masacres no eran proyectadas a largo plazo. La existencia de los campos era un rumor entre las naciones aliadas, mismo que no se comprobó hasta la invasión a Alemania durante 1945. La compresión clara del holocausto ha impedido que permee totalmente en la conciencia universal. Aun hoy, hay quien alega la falsedad de dichos acontecimientos, y al navegar en internet podemos encontrar una infinidad de sitios que dicen facilitar las pruebas para derrumbar la veracidad del Holocausto. La negación del genocidio judío es parte habitual de muchas creencias extremistas y alegatos de odio; es una idea absurda, plagada de lagunas históricas, desinformada.

Después de la derrota algunos oficiales nazis escaparon de los países del eje bajo sistemas de conocidos como “ratlines”. Algunos de los documentos falsos para estos criminales de guerra fueron facilitados por autoridades del vaticano. Se sabe de numerosas huidas a Latinoamérica, posibilitados por los gobiernos autoritarios que simpatizaban con el tercer Reich; la cifra de convictos de la guerra es incierta, algunos quizá permanezcan vivos, envejecidos con la culpa.

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“Morirás lejos” es uno de muchos trabajos que aborda el Holocausto. Una novela que nos acerca al más ruin de todos los hechos y a la verdad más sombría de la naturaleza del hombre: el odio. Una anécdota que encuentra un propósito, asociar el pasado con el presente, desde la política nazi hasta los mensajes de segregación de nuestros días.  

No podemos más que intuir la intención de José Emilio Pacheco al escribir sobre el exterminio más terrible en la Historia. Casi 50 años después de la primera publicación de “Morirás lejos”, el sermón que invoca a la rabia sigue surtiendo efecto, la idea irracional de apreciar la antipatía y admirar el rencor. No se puede construir nunca sobre la tragedia, ni el desprecio echar raíces.

A ocho meses de haber comenzado la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill tomó posesión como primer ministro inglés, justo en el momento en que las fuerzas británicas estaban siendo aplastadas por la marcha del Führer sobre el continente. En su discurso dijo: “No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”. Churchill no se equivocó, a la tiranía y ante las decisiones de un sistema intransigente, no queda más que encararle, aun con sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor.

El espíritu humano sobrevivió a los años del Holocausto y al final derrotamos el odio. “Morirás lejos” ha sido reeditada este año y se encuentra en librerías actualmente; mostrando ese pedacito de la capacidad humana de convertir, incluso los pasajes más terribles en obras de arte.

Morirás lejos josé emilio pacheco


Narrada por uno de los escritores más brillantes de la literatura mexicana, “Morirás lejos” es una novela indispensable, porque bien dicen que quien no conoce su historia, la de todos, la de 6 millones de fantasmas sin rostro, está condenado… a repetirla.

 

“Veo a una niña que intenta deslizarse al exterior. El guardia nazi la detiene. La niña se abraza a sus botas, pide clemencia. En centinela ríe y dice: -No morirás pero no volverás a contrabandear-. Luego dispara a los pies de la niña.

Pregunto a otra: -¿Que quisieras ser?- Me responde: -Un perro, porque a los centinelas les gustan los perros”.

J.E.P. (1967), "Morirás lejos".


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Referencias: