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Muerte, existencia y dolor: 15 poemas de José Emilio Pacheco

22 de diciembre de 2017

Diana Garrido

Le temía a la muerte, sabía que era inevitable, y por ello la afrontó con versos.



José Emilio Pacheco decidió que su legado no podía quedarse sólo en la literatura, también dejó algunos objetos en una cápsula del tiempo que sería abierta cien años después en España. Guardó ahí algunas cosas personales y se cree, alguna de sus novelas. El escritor, quien temía a la muerte, pensaba que su legado literario no era viable en un mundo en el que la tecnología era cada vez más corrosiva. Pacheco creía que sus libros, al igual que los de sus colegas, quedarían en el pasado para no volver a ser leídos.


Por ello decidió formar parte de esa cápsula, en la que dejaría sus pertenencias y un poco de su propio dolor. No porque fuera un ser deprimido o con sentimientos encontrados al respecto del abandono del libro de papel por un objeto tecnológico. Su tristeza y miedo eran a futuro, cuando él ya no estuviera en la Tierra. Le temía a la muerte, sin importar qué o quien se fuera al más allá. Temía dejar a sus esposa sola y desamparada, es más, le temía a tener que ver la muerte de la literatura y al mismo tiempo la suya. Por lo que no pudo esconderlo más y se encontró con sus sentimientos más profundos, mismos que le orillaron a crear algunos poemas al respecto.



-

Muerte


Sobre la muerte, Pacheco externaba su miedo. No obstante la afrontaba, o eso intentaba. Al final de sus días, supo que se estaba alejando de lo que algún día creyó eterno e infinito: la vida. Pero tuvo lo que quiso, obtuvo el reconocimiento y claro, se dedicó a darle vida a objetos inanimados, así como a seres imaginarios. Él dio vida eterna a los personajes de sus novelas y les dejó un poco de él en cada descripción.


-

"Caverna"


Es verdad que los muertos tampoco duran

Ni siquiera la muerte permanece

Todo vuelve a ser polvo


Pero la cueva preservó su entierro


Aquí están alineados 

cada uno con su ofrenda

los huesos dueños de una historia secreta


Aquí sabemos a qué sabe la muerte

Aquí sabemos lo que sabe la muerte

La piedra le dio vida a esta muerte

La piedra se hizo lava de muerte


Todo está muerto

En esta cueva ni siquiera vive la muerte



-

"Presencia"


¿Qué va a quedar de mí cuando me muera

sino esta llave ilesa de agonía,

estas pocas palabras con que el día,

dejó cenizas de su sombra fiera?


¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera

esa daga final? Acaso mía

será la noche fúnebre y vacía

que vuelva a ser de pronto primavera.


No quedará el trabajo, ni la pena

de creer y de amar. El tiempo abierto,

semejante a los mares y al desierto,


ha de borrar de la confusa arena

todo lo que me salva o encadena.

Mas si alguien vive yo estaré despierto.



-

"Ecuación de primer grado con una incógnita"


En el último río de la ciudad, por error

o incongruencia fantasmagórica, vi

de repente un pez casi muerto. Boqueaba

envenenado por el agua inmunda, letal

como el aire nuestro. Qué frenesí

el de sus labios redondos,

el cero móvil de su boca.

Tal vez la nada

o la palabra inexpresable,

la última voz

de la naturaleza en el valle.

Para él no había salvación

sino escoger entre dos formas de asfixia.

Y no me deja en paz la doble agonía,

el suplicio del agua y su habitante.

Su mirada doliente en mí,

su voluntad de ser escuchado,

su irrevocable sentencia.

Nunca sabré lo que intentaba decirme

el pez sin voz que sólo hablaba el idioma

omnipotente de nuestra madre la muerte.



-

Existencia


Sobre su propia presencia en la vida reflexionó por tanto tiempo que sus poemas sólo pueden externar la idea que dice que él estaba en la Tierra por una razón importante: vivir, no más. Por ello, amaba a su esposa, tenía cierta fascinación con Los Tigres del Norte y podía pasar horas escribiendo sin un sólo ruido a su alrededor, salvo los murmullos de su conciencia.


-

"Memoria"


No tomes muy en serio

lo que te dice la memoria.

A lo mejor no hubo esa tarde.

Quizá todo fue autoengaño.

La gran pasión

sólo existió en tu deseo.

Quién te dice que no te está contando ficciones

para alargar la prórroga del fin

y sugerir que todo esto

tuvo al menos algún sentido.




-

"Gota de lluvia"


Una gota de lluvia temblaba en la enredadera.

Toda la noche estaba en esa humedad sombría

que de repente

iluminó la luna.



-

"Alta traición"


No amo mi patria.

Su fulgor abstracto

es inasible.

Pero (aunque suene mal)

daría la vida

por diez lugares suyos,

cierta gente,

puertos, bosques de pinos,

fortalezas,

una ciudad deshecha,

gris, monstruosa,

varias figuras de su historia,

montañas

–y tres o cuatro ríos.



-

Dolor


Como mencionamos antes, Pacheco sentía un profundo dolor al pensar que dejaría el mundo con su esposa en él. Sin embargo, lo hizo. En 2014, la pluma de José Emilio Pacheco se apagó, dejando un vacío inmenso en la literatura y en la vida del México contemporáneo.


-

"Indeseable"


No me deja pasar el guardia.

He traspasado el límite de edad.

Provengo de un país que ya no existe.

Mis papeles no están en orden.

Me falta un sello.

Necesito otra firma.

No hablo el idioma.

No tengo cuenta en el banco.

Reprobé el examen de admisión.

Cancelaron mi puesto en la gran fábrica.

Me desemplearon hoy y para siempre.

Carezco por completo de influencias.

Llevo aquí en este mundo largo tiempo.

Y nuestros amos dicen que ya es hora

de callarme y hundirme en la basura.



-

"La flecha"


No importa que la flecha no alcance el blanco

Mejor así

No capturar ninguna presa

No hacerle daño a nadie

pues lo importante

es el vuelo la trayectoria el impulso

el tramo de aire recorrido en su ascenso

la oscuridad que desaloja al clavarse

vibrante

en la extensión de la nada




-

"Soledad de la campana"


Soledad de la campana.

Le dice adiós al tañido.

Último son de su bronce,

flecha ardiente en el silencio.

Vaga en busca de los ecos

pero nadie le contesta.



-


Pacheco escribió sobre sus sentimientos. Les dio voz y vida a través de la pluma y el papel, pero les puso algo más: su corazón. En cada verso se puede ver un poco de su personalidad, misma que trató de plasmar sin represión. Al fallecer dejó un hueco irremplazable, pero también un legado literario inigualable que podemos retomar con un libro, una frase o un poema y calor, sólo nos queda esperar la apertura de la cápsula del tiempo, para saber qué tesoro guardó en ella.


**


Si lo que te atormenta es el amor, dedícale estos poemas, tal vez después puedan cucharear sin problemas y con más versos al oído.



TAGS: Poemas Escritores latinoamericanos Grandes escritores
REFERENCIAS: Yavendrás Círculo de poesía

Diana Garrido


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