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Mujer, la belleza ya está en ti, naciste con ella, pero creciste dudando de su existencia

27 de junio de 2018

Sandra Jauregui

El siguiente poema se trata de la aceptación y la libertad.

Mujer, vengo a decirte algo porque sé de lo que hablo, porque comparto contigo más que el género.


Desde pequeñas nos mienten, nuestras mentes son tiernas, inocentes, fáciles de manipular, y para cuando crecemos es tarde, es más complicado desaprender que aprender, resulta difícil desengañarnos.


Nos cuentan falsas verdades en todos lados.

Nos meten por todos los sentidos la idea de fealdad e imperfección absolutas.

Nos recuerdan por doquier que nuestros dientes no son lo suficientemente blancos o derechos y que nuestro aliento apesta.

Nos hacen ver que nuestra piel tiene vellos, espinillas, barros, granos, marcas, cicatrices, manchas, arrugas, estrías, pliegues, celulitis, várices... y que no está bien porque una piel bella es tersa, límpida, casi plastificada.

Es más, nos dicen que hasta nuestra vulva debe tener determinado olor y aspecto, ¿para qué?, para estar lindas, frescas y cómodas todo el día, ¿en serio un desodorante vaginal nos dotará de tales virtudes?



¡No, mujer! No es así.

Por eso vengo a decirte algo, algo que probablemente también sea mentira, pero es una mentira que funciona para ser más libre y no una esclava de lo que dictan los medios.


¿Quieres saber cómo resaltar tus labios?

Ábrelos, muévelos para expresar, nada más bello que decir lo que piensas y sientes. Deja que de ellos salgan gritos, llantos, voces suaves o cantos, pero no te quedes callada, bastante hemos aprendido ya sobre el silencio.



¿Y tu cabello?

Tu cabello luce mejor cuando está despeinado, créeme o pregúntaselo a alguien sensato si dudas de mi palabra.

Qué mejor que un cabello alborotado después de follar con ganas, de reír hasta que el abdomen se acalambre, de cantar y bailar con todas tus energías, gritar a todo pulmón en una manifestación, salir del mar luego de dejarte llevar por las olas.

Ni hablar del cabello desprolijo por dormir más de ocho horas, por jalarlo de nervios o por haber llorado hasta el cansancio.

Eso da cuenta de que estás viva, que eres capaz de experimentar deseos y emociones.



Te preguntarás qué hay de la piel; nada para mantenerla irradiando luz como dejarla sentir. Déjala sentir.

Camina descalza, siente el fango, el musgo, pasto y arena.

Mójala con lluvia, el mar, el río.

Humedécela con saliva.

Inúndala con lágrimas y sudor.

Siente otras pieles, sus texturas, sus olores.

Acaricia y deja que te acaricien. Abraza, abraza mucho y déjate abrazar (si así lo deseas).

Expresa y siente el amor a través de esa cobija de cuero que te envuelve, ella es tu conexión con el mundo, con la gente.



Olvídate de cuantificar tu cuerpo, de que debe tener tales o cuales medidas, quién dijo que un alma debe estar dentro de un límite de contención estricto, inflexible.

Tu cuerpo se ve increíblemente hermoso cuando eres tú, cuando te importa un bledo el qué dirán, cuando lo mueves a tu antojo, cuando tu espíritu se manifiesta por medio de él.

Cuando no te importa qué parte está peluda, cuelga o rebota.

Cuando te olvidas de qué talla es tu vestidura y de cuál copa es tu sostén.



¿Cómo te explico, mujer?

Al hacer realidad tus pasiones, entonces eres la más bella.

Cuando bailas como si nadie te viera.

Cuando usas tus piernas para que te lleven a donde tú corazón e intuición ordenan.

Cuando usas tus manos para hacer arte o tus ojos para contemplarla.

Cuando con tu boca rompes el silencio, las ideas, las acciones.

Cuando con tu cuerpo creas amor.

Cuando todo tu ser (físico, mental y espiritual) se conecta y concentra en una situación, en una que disfrutas, te relaja o te encabrona sobremanera.

Cuando toda tú estás ahí, en el momento, comprometida con la vida.

Eres hermosa cuando eres tú y punto. Así, sin restricciones.



Por eso, te digo, mujer, que la belleza no te la dan los productos para la piel, los dientes ni el cabello; que la belleza ya está en ti, que naciste con ella pero creciste dudando de su existencia, y que ahora te toca descubrirla, despertarla, explotarla, expresarla, hacer que brote de ti.



**


Este fue el día en el que me convertí en una mujer expresiva, eufórica e intensa...



TAGS: Feminismo Poemas Nuevos poetas
REFERENCIAS:

Sandra Jauregui


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