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Nada me excita más que lo prohibido

23 de febrero de 2018

Ivonne Méndez

Nada excita más que lo prohibido.


A medio día o a media noche, a la hora que las responsabilidades se acomodan, estos dos amantes marchan a encontrarse. Sueltan las amarras y dejan que sus almas los guíen, siempre los conducen hasta el otro.


Sólo en contadas ocasiones tienen la bendición de que se escurra entre las obligaciones y ataduras, un hilo de espacio para dos. Y ahí, cuando sin testigos sus cuerpos se hallan, desbocados se lo dicen todo.


Con avaricias, iracundos, se entregan a un beso, boca a boca se deleitan con esa mezcla de sabores, de sensaciones que los consume.


Se tragan lentamente, se alimentan del otro, se arrebatan las ropas, malignos enemigos que les impiden sentirse piel a piel.

Desnudos ahora, palpitantes, se devoran en besos apasionados y se roban el aire, se entregan el aliento. Llenos de caricias sus manos danzan sobre el cuerpo del otro, miman su forma.




Él la mira, le nacen estrellas en el alma, sigiloso se detiene unos instantes a admirarla y le dice: ¡te extrañe tanto! Ella toma su rostro con sus manos y sella sus palabras con un beso.


La dulzura pulsa en medio de sus cuerpos. La pasión enciende sus sentidos. Él la acaricia cuidadosamente y repasa su figura. Inicia al besar su cuello, toca sutilmente sus pechos que se encienden al instante, hace figuritas con sus dedos, con el roce más majestuoso. Ella se cimbra, se dobla. Su cuerpo se transforma.


Él avanza entre sus piernas y su lengua ingresa por su cuerpo, ella jadea, él se adhiere a su humedad, que se acrecienta y le canta la melodía más armoniosa. En un zarandeo perfecto, ella se vierte, se agita, explota. Él oprime con rabia sus pechos sin dejar de alabar su esencia que nace entre sus piernas.


Ahora ella va sobre su cuerpo, con la mano acomoda su pene y suave va sintiéndolo dentro. Lo mira fulgurosa, encendida. Ya con su forma llenando su vacío, con la piel ardiente y el corazón dichoso. Talla su cuerpo, contra el de ese hombre que posee todo su amor, todas sus ganas.


Y con toda la fuerza que contiene, inicia el trayecto más prodigioso. Entre jadeos y gemidos se le desmorona el rostro, en muecas de placer y él cegado sin habla, siente el éxtasis más grande con sus brazos la oprime contra él; sin parar su danza y ahí con el amor entre las piernas, con el deseo hirviendo, van juntos labrando sus formas, se seducen con su encuentro. Con más fuerza gime ella, ahogados, dichosos, no se detienen hasta llegar a la cima de ese éxtasis de goce. Se abrazan, suspiran, sonríen.



Se besan nuevamente, se deleitan con ese soplo en el que nada más existe, por un santiamén tienen la vida eterna ahí. Te amo, susurra ella y le besa el rostro. Yo te amo más, repite él mientras la mira, recoger sus vestiduras, esas que la habrán de llevar al mundo real, a su vida ordinaria.


Ese hueco se cierra y los dos corren a donde deben, a sus mundos. Dejan el alma y el espíritu hasta la próxima vez. 



**


¿Tú y yo qué? ¿Somos sólo algo físico? ¿Somos pasión o amor?...



TAGS: Erotismo Poemas Nuevos poetas
REFERENCIAS:

Ivonne Méndez


colaborador

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