Cuento para entender que las personas nunca se van realmente de nuestra vida

Lunes, 9 de julio de 2018 17:11

|Dian Pinacho
cuento de diana pinacho



¿Será cierto que la vida es un eterno retorno hacia aquello que alguna vez amamos? En el siguiente cuento de Diana Pinacho el reencuentro parece inevitable.



cuento de diana pinacho 1



NADA SE VA PARA SIEMPRE


Me gusta pensar que el mundo es redondo porque tiene el propósito de que las personas vuelvan a encontrarse.


¿Cuántas veces nos hemos despedido de aquello que amamos por diversas razones? Porque sólo están de paso en nuestra ciudad, porque somos nosotros los que debemos volar lejos, porque quizá sí es la persona, pero no el momento; o simplemente, la energía de nuestras vibraciones se eleva a tal grado que la pasión se torna desmedida y llevará un rato controlarla, pero no estamos dispuestos a esperar ese momento con “nuestra persona”.


Y así, sin más, con lágrimas en los ojos o con resignación, pero jamás con indiferencia, decimos adiós. Adiós, que según algunas fuentes proviene de “a Dios, te encomiendo”, “ve con Dios” o “hacia Dios”. Pero la etimología no funciona cuando se trata de hablar de cosas del corazón.


Para la mayoría, el adiós significa obligarnos a cortar un lazo con la persona que amamos, sin importar el grosor o la fortaleza del mismo. También por otro lado, significa no volver a entablar comunicación con ese otro ser, no escucharle, no hablarle, no sentirle, no tocarle…


Después de un adiós seguimos con la mirada hacia al frente. Al principio del camino separados, es común sentir las fuertes oleadas que nos invitan a mirar hacia atrás, con la esperanza de encontrar un par de huellas siguiéndonos, pero al paso de los días esa ilusión se desvanece y poco a poco se vuelve una costumbre mirar únicamente hacia delante, disfrutando el paisaje que nos toca en este momento, e incluso disfrutando de las nuevas tormentas.


Poco a poco el recuerdo se va guardando en los cofres más intrínsecos de nuestra memoria y dejamos de hablar de ello, no miramos nuevamente fotografías y tampoco escuchamos las viejas listas con canciones que expresan a la perfección el mar de sentimientos que nos provocaba tomar la mano de esa persona. Nuestros planes siguen adelante, algunas metas cambian y encontramos nuevas, también concretamos con pasión promesas olvidadas ya sin la compañía del otro, pero no duele. Poco a poco la individualidad regresa como eje de vida y se siente de maravilla, recuperarte y sanarte, ponerte en primer lugar y luchar por ti. Ver que el camino no ha sido en vano, que has crecido y que hoy puedes pensar en esa persona con agradecimiento y amor.


Así sigue la vida, hasta que un día caminando por calles neutras, que no les pertenecieron nunca, tus ojos chocan con el abrigo negro que lleva reposando en el brazo izquierdo, reconoces a la perfección su andar; la energía que emana su presencia te invade y el hormigueo sube de los pies a la cabeza, quieres gritar pero tu voz desaparece. Al fin te mira, no sonríe, se detiene y no se mueve, cuerpos petrificados en ambos extremos de la calle…


El mundo los volvió a juntar y quizá sea una nueva oportunidad; o no. Probablemente en ese segundo se inunde tu cabeza de todos los momentos que pasaron juntos, desde el día de la primera cerveza que compartieron en la plaza más bonita de la ciudad, hasta la despedida que tuvo como testigo a la luna, y entonces la marejada de los “ te amo”, “ me haces bien”, “estoy contigo”, “te extraño”, “somos reales” retumban en tus oídos y salen por tus ojos en forma de agua, mientras observas cómo se aleja y se ahoga la pregunta que nunca hiciste: "¿te acordarás?".


Sí, siempre se recuerda a aquello que se amó.


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Escribir y leer poesía son formas de sanar el alma. Si quieres leer más poemas de amor y desamor, te invitamos a que conozcas a los autores de los poemas para los que se resisten a superar las decepciones y los poemas para los que no quieren olvidar.



Dian Pinacho

Dian Pinacho


Colaborador
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