Neurótico y tortuoso: así era el verdadero Kafka

martes, 16 de febrero de 2016 8:54

|Daniel Morales Olea


“El ocio es el padre de todos los vicios, y es el coronamiento de todas la virtudes”.
-Franz Kafka

 

¿Somos capaces de dejar el pesimismo de lado, de conocer nuevas y mejores cosas? La gente se realiza por lo que cree que es capaz de hacer y un espíritu aventurero y bondadoso siempre funciona. Pero hay quienes han vivido en una estática rutina que aplasta ese espíritu y lo convierte en una masa más entre las miles de almas insufribles que viven entre nosotros. Fanz Kafka fue uno de los segundos. Una persona por demás pesimista, por lo menos en sus escritos. Su mejor amigo y el encargado de salvar y publicar su obra, Max Brod, dijo que Kafka en realidad era una persona risueña y bastante amigable, pero tal parece que las nuevas investigaciones muestran a un Kafka más cercano a su literatura sombría, existencialista y pesimista.

Franz Kafka 

“El gesto de amargura del hombre es, con frecuencia, sólo el petrificado azoramiento de un niño”.

 

Realista, pero imposible a la vez, Kafka era un filósofo de tiempos modernos. Exponía todas sus dudas en papel y así como Fernando Pessoa en “El libro del desasosiego”, esperaba que nadie las viera. En el libro de 2012 “Is That Kafka? 99 Finds” de Riner Stach, el biógrafo encontró algunos textos en los que Kafka muestra esa naturaleza neurótica con la que vivió durante años. Tal vez no se convirtió en un insecto de la noche a la mañana, pero indudablemente su interior era más negativo que un proceso burocrático digno de sus novelas como se demuestra en este texto que Kafka escribió sobre lo que significa viajar en metro:

“El metro me parecía muy vacío, particularmente si lo comparo con mis viajes a las carreras, cuando estaba más solitario y enfermo. Aparte de esa soledad, el metro mostraba la cara de un domingo más (…) la gente caminaba lentamente. La indiferencia de la gente, la aceptación de su viaje en metro era clara. El sonido del metro era terrible cando lo tomé por primera vez en mi vida, de Montmartre al gran boulevard. El resto del viaje no estuvo mal, incluso el sentido de velocidad es relajante, La eliminación del lenguaje a costa del comercio, pues uno no debe hablar cuando paga o cuando se baja. Gracias a que es tan fácil de entender, el metro ofrece la mejor oportunidad para un entusiasta y en parte débil extranjero para creer ha llegado de forma correcta a la esencia parisina en su primer intento. A los extranjeros se les puede reconocer por el hecho de que ya están perdidos al momento en que llegan a las escaleras, ellos no salen como cualquier parisino y en lugar se pierden entre la vida de las calles de la ciudad”.

Franz Kafka street art

Street art de Franz Kafka en Praga.

 

Especulando acerca de su propio sentido de extranjero, observando siempre a la gente y viajando a toda velocidad dentro de un túnel en el que él encuentra “una masa de pipas” que no tiene nada de moderno. Hay cierta ironía en las palabras de Kafka. No es parecido a los personajes de sus cuentos quienes solamente lamentan la existencia con cierta indiferencia, sino que él busca en lo mínimo la causa de sus lamentos. Una masa de pipas, la soledad que refleja cada persona en el vidrio del metro; es la grandeza de su prosa, convierte un viaje en tren en una aventura casi filosófica.

Su ser neurótico se refleja en algo tan simple como el desorden de su escritorio. Tal vez a primera vista pareciera un lugar de alguien que no siente desprecio por el desorden, pero al leer lo que él opina de eso, convirtiendo su escritorio en todo un teatro lleno de bullicio demuestra su locura, pero también su genialidad:  

“Ahora he puesto especial atención a mi escritorio y me he dado cuenta que nada bueno puede ser producido en él. Hay tantas cosas por todos lados que crea desorden sin regularidad y sin ese agradable desorden que de otro modo hace que cada trastorno sea soportable. Cualquier desorden aquí no es peor que el que está permitido en una orquesta de algún teatro viejo –brochas, periódicos viejos, catálogos, postales, cartas; todas rotas y medio abiertas- este indigno estado de las cosas corrompe todo. Elementos individuales en la orquesta, enormes por comparación, entran en acción”.

Franz Kafka 

Un ser que no puede vivir sin su desorden. Pero que simplemente no puede lograr funcionar en él. es como si Kafka siempre fuera un extranjero, no en su país, sino en su propio cuerpo. Él no se pertenece, él no es lo que quiso ser, lo que quiere ser ni lo que será. El genio trastocado, no se odiaba, pero definitivamente no representa a alguien que nosotros querríamos ser. Kafka fue un escritor que tuvo que sufrir el sinsabor de la vida industrial para escribir sobre ella y alentarnos a vivir otras aventuras, a escapar de lo que le sucedió y a pensar tanto como él, solamente que con un poco menos de locura: 

“El foco incandescente el callado apartamento, la oscuridad en el exterior, lo últimos momentos en los que se me concede escribir, incluso si se trata de las cosas más miserables. Y hago uso de ese derecho a toda prisa. Esto es simplemente lo que soy”.



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Fuente: The Nation

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