«Yo era una estrella de rock millonaria malcriada que podría tener lo que quisiera siempre que lo quería como miles de dólares en heroína».

«¡Feliz Navidad! Eso es lo que se dice la gente en los días festivos ¿no? Salvo que normalmente la gente tiene a alguien para decírselo, ya sean amigos o familia. Ellos no han estado desnudos debajo de un árbol de navidad con una aguja clavada en el bazo como un loco en una mansión den Van Nuys. No están viendo su espíritu navideño coagularse en una cuchara».


Esto fue el primer pensamiento del bajista y principal autor de las canciones del grupo Mötley Crüe, Nikki Sixx, aquella mañana de 25 de diciembre de 1987 mientras su cuerpo desnudo apenas cubierto con una bata, se encontraba en una camilla de hospital con los brazos llenos de marcas de agujas. La mayoría habían sido provocadas por él mismo y su insaciable adicción a la heroína, misma que le llevó a la muerte y al mismo tiempo le devolvió la vida para contar su experiencia. Esa mañana, el bajista de la banda más salvaje del mundo estaba con vida luego de haber recibido dos inyecciones de adrenalina directo al corazón cinco minutos después de que éste se había detenido por al consumo incontrolable de heroína y otras sustancias, las cuales le provocaron una sobredosis letal.



Así, postrado en una cama de hospital, sin un sólo recuerdo claro en la mente y miles de dólares en su cuenta de banco, inició una pelea interna con él mismo y su memoria, pues ésta se negaba a recordar lo que había ocurrido de 1986 a 1987, año en el que su carrera musical se mantuvo por las nubes, mientras que su vida personal se convirtió en el infierno más trágico, sangriento y oscuro. Así, con una resaca inolvidable y nadie que lo esperara en casa, salió del hospital en medio de una algarabía navideña de la que no se sentía parte. Decidió, entonces vaciar su tristeza y desesperación en versos que se convertirían en canciones excitantes y llenas de emociones como "Kickstart My Heart".



Su mente era un blackout inmenso. No recordaba cuánta heroína había consumido para morir por cinco minutos, no entendía por qué estaba desnudo bajo un árbol de navidad cuando lo hallaron, no tenía la más mínima idea de cómo lo habían localizado y mucho menos cómo es que Dios, Satán o la vida le habían otorgado una segunda oportunidad, misma que aprovechó para poner en práctica uno de sus talentos más escondidos: la escritura. Así que con cuaderno en mano y el síndrome de abstinencia emanando sudor, lágrimas y ansiedad de su ejercitado, pero débil cuerpo, escribió todo lo que pudo recordar en un año, lo cual derivó en versos y metáforas, pero no en una historia coherente con hechos bien planteados.


Tenía recuerdos de alucinaciones, de resacas y de desastres en hoteles, pero muy poco de él mismo. Por lo que comenzó escribiendo sobre su vida y cómo es que las drogas matan, pero llegó un punto en el que sus escritos eran una especie de guía de autoayuda, en la que más que dar su experiencia de vida y con ello contribuir a la sociedad, estaba haciendo textos aburridos y que con el tiempo se quedarían en el olvido. Entonces, como si se tratara de un llamado especial, llegaron a salvar su memoria sus amigos más íntimos y compañeros de banda: Tommy Lee, Vince Neil y Mick Mars, así como otros músicos que formaron parte de sus adicciones y recuperación: Slash, Ozzy Osbourne, Steven Tyler y Lita Ford, entre otros.



El bajista escribe algunas reflexiones en las que explica por qué ser un adicto no es más que una pérdida de tiempo y si eres un rockstar corres el riesgo de creerte Dios.


«Lo amaba (a Jason, su dealer) porque podía tomar el teléfono y estaría en mi casa en 20 minutos con todo lo que o supuestamente necesitaba, pero también lo odiaba porque me estaba matando. Él, por el contrario, sólo me odiaba porque yo era una estrella de rock millonaria malcriada que podría tener lo que quisiera siempre que lo quería, y usualmente lo hacía».


A través de un formato de diario, Nikki puso en papel fecha, hora y lugar seguido de un relato interesante y envolvente de lo poco que recordaba, aunado con lo que sus amigos músicos complementaban. Sixx cuenta las historias más sucias que vivió con su banda, desde engañar groupies, tener orgías intensas unos minutos antes de salir a escena, no bañarse por varios meses, aspirar hormigas y defecar en la calle sin pudor. Todo ello conforman sus relatos mezclados con algunas reflexiones y sentimientos encontrados en los que él se dice arrepentido y abrumado. A veces lo hacía por encajar, otras porque ya no medía la consecuencias y en ocasiones, sólo porque ya no sabía qué estaba haciendo realmente.



«El dolor siempre es mejor que el orgasmo. Cada día que me siento aquí y escribo, recordar o tratar de hacerlo duele y es siempre lo mismo. Así que, ¿por qué hago esto si lo odio? Lo odio mucho, pero me encanta aún más, porque puedo externarte a ti que me lees, lo difícil que es divertirse sin recordar qué y porqué lo hiciste, cómo y con qué sentido. No te deja nada bueno».


En 2007, Nikki concluyó la estructura de sus diarios y publicó The Heroin Diaries: A Year in the Life of a Shattered Rock Star, el libro en el cual no dudó en darle al mundo un poco de su experiencia como músico y como adicto a las drogas, en él se declara fanático de las fiestas y los excesos, pero también repelente a la soledad en la que vivía y que lo orilló a tener una Noche Buena en un Mc Donalds, a rentar a mujeres, a comprar a sus amigos y a llorar por las noches incansablemente. Cuando el libro salió a la venta, se editó un álbum llamado The Heroin Diaries Soundtrack en el cual, la banda alterna de Nikki, Sixx: A.M musicaliza el disco y al mismo tiempo lo narra en canciones tan estremecedoras como los relatos del músico.



«Él (Nikki Sixx) me preguntaba cómo estaban las cosas, entonces cuando yo le decía me cortaba la conversación o cambiaba de tema. Él era grosero, lleno de sí mismo, me aplastó tantas veces... era un imbécil».
Lisa Marie Feranna (hermana)



Con relatos oscuros, profundos y tristes, el libro nos enseña que tenemos una fascinación, quizá absurda, por convertirnos en rockstars, por colgarnos una guitarra y recorrer el mundo en un escenario, pero nadie mira detrás. Ahí, tras bambalinas, hay detalles que pasan desapercibidos y se juega un peligroso y cruel juego de supervivencia, puesto que hay que mantenerse a raya, sobrios y al mismo tiempo obedecer las órdenes de personas que intentan manipular la industria.


Nikki cuenta que no sólo él estaba enredado en una tela de emociones y adicciones, Ozzy, Aerosmith, Guns N' Roses, Alice Cooper y toda la escena del metal en los ochenta fueron presas de la locura, el alcohol y los caprichos excesivos. La diferencia es la manera de canalizar todo aquello que les aquejaba. Nikki lo hizo sincerándose en un libro que fue enriquecido con 100 páginas en su décimo aniversario y que ha servido de inspiración para que Frank Feranna (su nombre real) lleve una vida limpia y consciente en la actualidad.




Referencias: