INICIO NOTICIAS VIDEO SERIES INFOGRAFÍAS ARTE FOTO CINE HISTORIA LETRAS MÚSICA DISEÑO ESTILO DE VIDA MODA VIAJES CIENCIA Y TECNOLOGÍA COMIDA

Todos los derechos reservados 2017
© Cultura Colectiva

No puedo parar de observarte, no quiero, no debo, porque me gusta, me gustas

16 de marzo de 2018

GothicusMx

De pronto estiraron un brazo y con la mano apagaron la luz. Todo quedó a oscuras, no pude ver nada más, el espejo estaba vacío, la habitación y la estancia parecían estar congeladas.



No puedo parar de observarte, no quiero, no debo, porque me gusta, me gustas.

Mi pequeño departamento situado en la playa está en lo alto de un edificio. Es de bajo costo, pequeño pero cumple con lo mínimo requerido para pasar el verano. Debo subir ocho pisos por las escaleras de servicio, la primera vez es la mas complicada, que es cuando llego de la transitada ciudad de México cargado de mi maleta y una bicicleta, que se atora en cada recodo de la escalera roja.



El departamento está construido con madera y en su interior hay accesorios y muebles de material reciclable hechos a mano, pintados con brocha gruesa en colores pastel. Me hacen sentir totalmente fuera de casa y de los problemas diarios del trabajo. Podría estar horas disfrutando el olor del mar y la brisa que hasta mi departamento llega, y pega de lleno en dos ventanas sin vidrio, cubiertas sólo por una pequeña tela casi trasparente para evitar la entrada de los mosquitos que pueden ser guerreros incansables en la noche.

Puedo ver desde la pequeña terraza un conjunto de departamentos notablemente más amplios que el mío, un edificio de seis pisos, rodeados de ventanas amplias con cortinas mal colgadas que permiten ver en forma diagonal sus interiores. Uno de ellos, justo el de la esquina, tiene una estancia con un sillón amplio y viejo. Veo hasta el comedor, no todo pero se ve el comienzo de la mesa y un par de sillas, incluso una parte de una televisión vieja. El edificio tiene color marrón en su exterior, lo hace ver descuidado. Creo que podrían ser de tiempo compartido. El mantenimiento es escaso, se nota, sus paredes gruesas y burdas en sus acabados me dan a pensar que podrían ser más económicos que el mío. Lo observe por más de 10 minutos, le dedique más tiempo de lo pensado.

Observaba la estancia de ese departamento de la esquina desde una perspectiva crítica, mientras me cambiaba y descansaba del viaje. Planeaba qué comer y qué llevar a la playa para no cargar mucho. Todos sabemos que ir a la playa con más de una toalla, lentes y algo de dinero es sobre equipaje. Estaba por girarme cuando alcance a ver atreves de esa ventana un torso bronceado, con un sujetador playero y un short azul. Sandalias delgadas. El bronceado llegaba hasta los dedos del pie, señal de varios días en la playa. No pude moverme, la figura de esa mujer era llamativa a la vista de cualquiera. Me detuve y seguí observando.

Pasó de la cocina (supongo) a la estancia con un vaso de leche y cereal, lo sé por la forma en que lo masticaba y hacías pausas para comer, arrastraba el paso sin ningún apuro. Se sentó en el sillón y veía la televisión, se acomodaba el sujetador mientras revisaba sus pechos de una forma cuidadosa, como buscando algo irregular. Volteaba su vista a la tele y retomaba el cereal. Su pelo con una pequeña coleta me permitía ver su cuello largo, estrecho, con la quijada bien marcada y unos aretes pequeños, lo sé porque brillan con el sol.


De pronto saltó del sillón y corrió al cuarto, la veo de cercas, no me equivoqué. Llamó más mi atención. Su altura no rebasa el 1.60, morena clara, de ojos grandes, labios delgados y sonrisa sublime. Delgada, Su estomago se sume cuando se estiras y se ve al espejo, revisabas que el short se ajustara bien, sobresalen tus piernas fuertes, largas, torneadas.

Se cambió a prisa para salir. Jeans y playera pero mismas sandalias. Me quedé pensando, admirado de lo que acaba de ver. Había estado de vacaciones desde hace 3 años en ese departamento y jamás me fije en el edificio de enfrente. Cómo lo pude pasar por alto, no sé.

Salgo a la playa y distraigo mi día, pero ya me inquietaba por volver. Me daba risa que ese sentimiento de verla desde mi terraza fuera tan fuerte, el libido se había despertado. Sólo pensaba en regresar para verla desde la ventana.

-¿Yo? ¿Un voyeur?



Me daba risa pero se hacía cada vez más atractiva la idea de volver a la terraza. Comencé a imaginar algunas situaciones: viéndola secando su cuerpo recién bañada, poniéndose crema o durmiendo desnuda.

El reflejo del espejo daba justo a una cama, no puedo decir todo lo que imaginé.

No aguanto más, apenas empezaba a atardecer y regresé a mi departamento. Ocho pisos por la escalera que subí un tanto nervioso y ya agitado por lo que pensaba hacer: ¿Ver a través de una ventana esperando encontrar a la chica que vi en la mañana cambiándose? ¿Qué era yo? No sé, pero debía hacerlo. ¿Era adrenalina lo que sentía? ¿Era perversión por verla y no me descubriera nadie? No lo sé.

Comencé a imaginar la situación, ¿debía colocar algo enfrente de la terraza para que me cubriera o debía fingir que veía el celular? Qué más da, finalmente era una playa, un departamento de renta, seguro no era extraño ver a alguien en la terraza pasando la tarde o la noche. ¿Me podría ver ella? No lo creo, la inclinación por la altura no lo permite, tendría que tirarse al suelo y seguro no podría pasar algo así. Lo analicé todo.

Comencé, caminé a la terraza como para ver la profundidad del océano y disfrutar del ruido del oleaje, pero mis ojos no dejaban de revisar el departamento. Esperaba ver algo pronto pero no sucedió. Reflexione en lo que estaba sucediendo y me sentí algo apenado conmigo mismo. Vivo todo el día en la agitada ciudad, haciendo proyecciones de inversión, terminando el día con un café y empezándolo en el gimnasio. De pronto, cuando estaba totalmente distraído analizándome, se encendió la luz y fue como si en mí se encendiera un chip y borrara de la mente todo el autoanálisis. Era el momento que esperaba.

Enfoqué mi vista en esa ventana y de pronto apareciste, sacándote la blusa y aventando las sandalias. Botaste tu pantalón y te desnudaste en la orilla de la puerta. Te perdí de vista, mis manos sudaban, mi respiración entrecortada, mi pulso estaba acelerado. No sabía qué pasaba, no veía a nadie. Estaba agitado, quería saber qué hacías y me movía de un lado a otro de la pequeña terraza, mi lógica no daba para pesar en que no podía ver nada más.

Luego apareciste envuelta en una toalla y el pelo remojado, no podía creerlo, estaba sucediendo. Dejaste caer la toalla y apagas la luz del cuarto pero no la de la estancia, no podía ver bien. Ese juego de luz no era favorable pero la cortina no se cerraba, seguía entreabierta. Te veía ir y venir, te agachabas y dabas pasos cortos, te sentaste en la orilla de la cama y checabas tu celular.

Veía tus pechos, tus piernas entre abiertas. El estómago bronceado, estabas toda bronceada, no había rastro que dejaras tu sujetador en la playa. Me intrigaba dónde podrías hacerlo. Señalabas objetos como si alguien estuviera en la otra habitación o en otra parte, no estabas sola. Seguías secando tu pelo desnuda, agitabas tu cabello con la otra mano. Apurada, de prisa untabas tu cuerpo con alguna loción como si tuvieras apuro. Atrás de ti vi una sombra moverse, apareció de pronto. Era otra chica, desnuda. Notoriamente más alta que tú, blanca y de pelo muy corto - contrastaban - no vi más. Tu no la viste, te sujeto por la espalda, no lo presentías pero te gustó, sonreíste y soltaste todo de tus manos para juguetear un poco, sonreíste de nuevo. Te giraste y la abrazaste, se besaron, sus manos recorrieron sus cuerpos. Subías una pierna y ella la sujetaba, mientras que con la otra mano tocaba la parte baja de la espalda.



De pronto estiraron un brazo y con la mano apagaron la luz. Todo quedó a oscuras, no pude ver nada más, el espejo estaba vacío, la habitación y la estancia parecían estar congeladas. Suponía, sólo suponía, lo que estaba sucediendo. Me irritó no ver nada, quería más. No había señales de nada, la cortina no se cerró pero no servía de mucho. Di media vuelta y entré al departamento, excitado, agitado, nervioso. Sentía que esa adrenalina era diferente, me gustaba. Lo repetí todas las noches, te esperaba, te vigilaba. Veía como empezaban pero no como terminaban, siempre lo hacían a oscuras. Los días de paseo terminaron, jamás había estado tanto tiempo en ese departamento, los minutos volaban, no me importó nada, lo podría repetir siempre. Ya espero con ansias el próximo verano.          



***



Si quieres saber más sobre letras, descubre los
 6 libros de Rius que debes leer para entender lo absurdo de la realidad 
y también sigue estas 
instrucciones para dejar ir todo lo que te lastima.



TAGS: Sexo Seducción
REFERENCIAS:

GothicusMx


Colaborador

  COMENTARIOS

  MÁS DE CULTURA COLECTIVA

6 mujeres que afirman haber sido embarazadas por extraterrestres 9 fotografías de la corrupción y los hogares falsos en México Señales de que tienes una infección urinaria y no lo habías notado 36 ilustraciones de Endorfinas en mi mente, de todo lo que piensan las mujeres y no se atreven a decir 7 consejos para maquillar tus ojos a prueba de agua y decepciones amorosas 5 consejos para ver Marte en su punto más cercano a la Tierra esta semana desde México

  TE RECOMENDAMOS