No quiero que mi cuerpo deje alguna vez de ser estampida

martes, 10 de enero de 2017 21:52

|Tibisay Mendoza

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"No quiero que mi cuerpo deje alguna vez de ser estampida".
Inspirado en la frase y en la fotografía de Yung Cheng Lin





Te compartimos un poema en verso libre de Tibisay:



Si alguna vez el safari se adormece en el ocaso, no quiero que las leonas dejen de lamer a sus felinos, que las elefantas en manada dejen de proteger a sus cachorras, y que a mi cuerpo —que ya le salen arrugas— deje de corren como cebra distorsionada.

Que cada minuto en el tiempo de envejecimiento sea estampida de tortugas, pero que no me de pena, sino que cada tortuguita coma lechuga y haga el amor una a una.

Que los caimanes no dejen de llorar, así sea porque mi piel me miente.

Que se realice canto a los baobab y que a mi fluido —que quizá sea menos— siga siendo ríos para que así la huida de animales brinquen de emoción cuando me vuelva arena.


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Lo que no ven los ojos,

lo ven las flores carnívoras.

Debajo de mi almohada hay un escarabajo que me sopla al oído,

y en las madrugadas se transforma, le salen colmillos e intenta alimentarse de mis pensamientos, aquellos negativos.

En noches calurosas suele volar y regresar a mi cama.

A veces deseo que se vaya, pero él lo sabe...

Así que esconde sus patas y se transforma en un caracol marino que me canta como la mar.

Es entonces que he decidido hacer trato con él para que me deje dormir.


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A la vista de la eternidad sigo viva, y es así como aquel ser es feliz.

No voy a desinfectar ni la cama, ni las sábanas, ni mucho menos la almohada —por si alguien lo pregunta—.

Sólo voy a dejar que esté allí, que se coma todo pensamiento escurridizo mal intencionado o egoísta.


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Tomar la decisión de enamorarse no es fácil, pues nos llenamos de temor de que aquello que estamos por comenzar no funcione, además de que nos da miedo saber si esa persona de verdad es auténtica, como se narra en el poema "Si te vas a enamorar de mí, debes saber que soy una fiera".

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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Yung Cheng Lin.








REFERENCIAS:
Tibisay Mendoza

Tibisay Mendoza


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