Letras

No te mates por ella

Letras No te mates por ella


no te mates

Estaba de pie frente al vacío.


—No te mates por ella.

Me dijo la voz espiritual, la voz que nunca escuché con anterioridad, la voz que nunca esperé escuchar hasta ese viernes diez de enero. Eran las seis de la tarde y hacía frío, y estaba en el balcón a un paso del abismo. Tercer piso, sosteniéndome sólo con mis brazos en la espalda mirando hacia abajo. Y observaba. La altura. La caída final. Sólo un paso y el silencio vendrá. Me soltaré y la extinción del sufrimiento me salvará. Sólo tengo que respirar, profundamente, una vez más.

El viento levantaba mi cabello y yo asomándome al inmenso suelo en el punto más alto de mi lamento. Sufro vértigo pero no lo sentía en esos momentos, hasta que la voz me advirtió.

—No te mates por ella.

Segundos antes estaba seguro de superar mi miedo y frialdad ante la determinación de soltarme de la reja y caer de cabeza. Quería saltar. Quería el final. El alivio para mi dolor y la solución total. Caer y en el grito del silencio perecer. El dolor trascender. Dejar de sentir. Dejar de hacer. Dejar de ser. El final en un momento esclarecer. Soltar mis dedos, mis manos, mis brazos. Y caer. Dejarme ir y dejar caer, dejar caer mi voluntad y cerrar los ojos para siempre, para siempre en el ser. Pero la voz me interrumpió.

—No te mates por ella.

La voz calló mi decisión y una duda en crecimiento no me dejó soltarme. La voz me hizo aferrarme. Mi determinación se desvaneció y mis manos flaquearon, mis brazos temblaron y ya no quería caer. Ya no. Tenía miedo y el vértigo volvió a aparecer con descomunal fuerza. Mis piernas flaquearon y a través de un regreso inmediato de la conciencia caí en cuenta del riesgo, la muerte y la voluntad de vivir superando cualquier intento racional de justificar mi extinción. No te mates por ella. El vértigo con más fuerza. No te mates por ella. Mi espalda se acalambró y gritando de miedo me sujeté con ambos brazos de la reja. Ya no quería morir, ya no quería caer, ya no quería dejar de ser. No te mates por ella. La oración que salvó mi vida. No te mates por ella. Con todas mis fuerzas, y raspando mi pecho y piernas, me introduje al interior de mi estudio golpeándome la cabeza. No te mates por ella. Con sangre en la boca y raspones pero ya estaba a salvo. No te mates por ella. Unas nubes moviéndose rápidamente y yo respirando agitadamente. La voz, la voz… La voz en mi interior. No te mates por ella.

Y aquí estoy.


Referencias: