"Nocturno a Rosario": el poema del suicidio de Acuña

Jueves, 2 de julio de 2015 12:05

|Tania Juarez


Muchos amores son recordados por su intensidad o duración, el recuerdo de los detalles son evocados entre las personas que han estado enamoradas, pero ¿Qué pasa cuando un amor no llega a concretarse, cuando se está enamorado y el ser amado no lo sabe?.

Esos, los amores imposibles, son los más difíciles de olvidar porque nunca comenzaron, no hay recuerdos existentes de una relación y lo que queda es darle vuelo a la imaginación y las expectativas.


Manuel Acuña Narro es uno de los máximos representantes de la literatura mexicana del periodo del romanticismo; no sólo es reconocido por sus poemas y escritos que enriquecieron la cultura lírica del país. Al momento de su muerte se convirtió en una leyenda, pues sólo dejó un poema como prueba de la razón que lo llevó al suicidio: Nocturno a Rosario, dedicado a su amor imposible: Rosario de la Peña y Llerena.


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Al acabar los últimos detalles de su última composición literaria, ingirió una dosis de cianuro de potasio. Fue hallado muerto el seis de diciembre de 1873 junto al poema. Sólo tenía 24 años y había publicado dos obras de teatro y poemas famosos como: Ante un cadáver.


Es bien sabido que los escritores del romanticismo buscaban amores imposibles para agregarle a su vida detalles trágicos que inspiraran su actividad como poetas. En el caso de Manuel Acuña y algunos literatos del siglo XIX, su musa era Rosario de la Peña, quien sólo correspondía al amor de Manuel María Flores.


"Ese nocturno ha sido un pretexto, y nada más que un pretexto de Acuña, para justificar su muerte; uno de tantos caprichos que tienen al final de su vida algunos artistas... ¿Sería yo en su última noche una fantasía de poeta, una de esas idealidades que en algo participan de lo cierto, pero que más tienen del sueño arrebatado y de los vagos humores de aquél delirio? Tal vez esa Rosario de Acuña no tenga nada mío fuera del nombre": declaración de Rosario de la Peña en entrevista con Carlos Germán Amézaga.


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Al darse a conocer el poema, los críticos apuntaban a Rosario, quien de ser el amor imposible paso a la causa de la muerte. Esa cuestión no le agradó, pues era muy amiga del escritor e incluso su relación era tan cercana que parecían hermanos, afirmó ella. 

Psicólogos, sociólogos y escritores aún analizan el poema y el misterioso suicidio, pero sólo Acuña supo lo que hacía en ese momento; aquí les dejamos el poema como muestra de lo que logró crear en los últimos instantes de su vida.


Nocturno a Rosario

 

I

¡Pues bien! yo necesito

decirte que te adoro

decirte que te quiero

con todo el corazón;

que es mucho lo que sufro,

que es mucho lo que lloro,

que ya no puedo tanto 

al grito que te imploro,

te imploro y te hablo en nombre

de mi última ilusión.


    II

Yo quiero que tu sepas

que ya hace muchos días

estoy enfermo y pálido

de tanto no dormir;

que ya se han muerto todas 

las esperanzas mías,

que están mis noches negras,

tan negras y sombrías,

que ya no sé ni dónde

se alzaba el porvenir.


   III

De noche, cuando pongo

mis sienes en la almohada

y hacia otro mundo quiero

mi espíritu volver,

camino mucho, mucho,

y al fin de la jornada

las formas de mi madre

se pierden en la nada

y tú de nuevo vuelves 

en mi alma a aparecer.


  IV

Comprendo que tus besos

jamás han de ser míos,

comprendo que en tus ojos

no me he de ver jamás,

y te amo y en mis locos

y ardientes desvaríos

bendigo tus desdenes,

adoro tus desvíos,

y en vez de amarte menos

te quiero mucho más.


    V

A veces pienso en darte

mi eterna despedida,

borrarte en mis recuerdos

y hundirte en mi pasión

mas si es en vano todo

y el alma no te olvida,

¿Qué quieres tú que yo haga,

pedazo de mi vida?

¿Qué quieres tu que yo haga

con este corazón?


   VI

Y luego que ya estaba

concluído tu santuario,

tu lámpara encendida,

tu velo en el altar;

el sol de la mañana

detrás del campanario,

chispeando las antorchas,

humeando el incensario,

y abierta allá a lo lejos

la puerta del hogar...


   VII

¡Qué hermoso hubiera sido

vivir bajo aquel techo,

los dos unidos siempre

y amándonos los dos;

tú siempre enamorada,

yo siempre satisfecho,

los dos una sola alma,

los dos un solo pecho,

y en medio de nosotros 

mi madre como un Dios!


   VIII

¡Figúrate qué hermosas

las horas de esa vida!

¡Qué dulce y bello el viaje

por una tierra así!

Y yo soñaba en eso,

mi santa prometida;

y al delirar en ello

con alma estremecida,

pensaba yo en ser bueno

por tí, no mas por ti.


    IX

¡Bien sabe Dios que ese era

mi mas hermoso sueño,

mi afán y mi esperanza,

mi dicha y mi placer;

bien sabe Dios que en nada

cifraba yo mi empeño,

sino en amarte mucho

bajo el hogar risueño

que me envolvió en sus besos

cuando me vio nacer!


   X

Esa era mi esperanza...

mas ya que a sus fulgores

se opone el hondo abismo

que existe entre los dos,

¡Adiós por la vez última,

amor de mis amores;

la luz de mis tinieblas,

la esencia de mis flores;

mi lira de poeta,

mi juventud, adiós!


***


Fuente: poema y fragmentos de entrevista

Tania Juarez

Tania Juarez


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