Notas Nostálgicas

Notas Nostálgicas

Por: Analy C -

 “El que escucha música siente que su soledad, de repente, se puebla”. 

- Robert Browning

notas nostalgicas


No es que te provoque adicción, la dependencia a mi armonía la engendraste tú. Me introduje a tu memoria. Cada recuerdo se ha cosido a mis notas nostálgicas; si fueras un alma optimista, mis notas estarían unidas a la Primavera. No soy amiga de la soledad, pero hemos compuesto las partituras más tristes en la compañía melancólica de la nada, sí, la nada también llora. Ahora toma ese acetato y escucha el cascabeleo que tiene por apertura, los defectos de mi evolución en un buen acetato histórico. 

Sales de nuevo, me llevarás en mi empaque más práctico, el portátil, jamás me olvidas, me enorgullece que mi presencia es más indispensable que tu abrigo. Está lloviendo, eliges una de mis tonadas extranjeras, tengo voz de mujer, dulce, suave, lluviosa. Repites mi voz dos veces más para detallar con exactitud aquel recuerdo, aquel “adiós” con tantos “holas”. Sacudes la cabeza quitando el exceso de lluvia, sin querer se escurre la nostalgia, caminas más rápido y adquieres un ritmo setentero; ahora tengo voz de furia, voz psicodélica, soy demasiado antigua para ti, pero te causo tal placer como ninguna otra, tal vez son mis eternas guitarras; en otros contextos te haría entrar en trance. Volteas sobresaltado, yo sigo armando la apología al rock en tonos agudos, pero tú estabas a punto de ser atropellado, te detienes en la acera más próxima para reflexionar la brevedad de la vida, intento decorar tu filosofía repentina con trip hop. El paso vuelve a la lentitud nostálgica, aunque sonríes ¿seré yo la que causó la levedad? 

“Te quiero más que a mi vida llorona”, inherentemente recuerdas a la Catrina y lo mucho que te gusta el olor a Copal y piensas en las religiones del mundo, ese plural que tiene en la meta el singular que impera: Dios. 

Susurras el nombre de una región, yo te ofrezco mi voz árabe y mis caireles de Cítara. Nos sentamos en la silla plateada de nuestras soledades, la cafetería de siempre. Cada que llegamos aquí, me gustaría entonarte una canción que recrimine tu rutina, pero te quiero así. 

Le escribes de noche como de día y aún me haces cantarle un Blues que no merece, mas tus lágrimas (siempre secretas) valen cada verso de mis guitarras, cada poema poliglota del Jam

Cuando miras mis ritmos y analizas mis efectos, me haces cosquillas y me siento más tuya, aunque pertenezco a la eternidad y al universo, pero siempre soy tuya, tanto, que puedes recrearme y ponerme nuevas auras, puedo contarle tus secretos a la Luna y el Sol me traerá de regreso con nuevos días. Me adaptaré a tus encuentros y a tus arrugas, me menospreciarás cuando sientas no entenderme y me recriminarás cuando sea el nuevo antojo de los imberbes, pero aún así tendré una audioteca para abrazarte en el lugar más seguro, en el lugar donde estaremos a salvo los dos: el recuerdo. 

Referencias: