Observó sus ojos, sintió su respiración y movimientos y leyó en ellos su mismo sentir

Lunes, 17 de abril de 2017 11:45

|Pamela Gutierrez



Los encuentros no están sujetos a ninguna casualidad. Lo que importa es la causalidad y lo que se instaura sin que nadie lo hubiera imaginado. A continuación un relato breve de Pamela Gutiérrez que expone el contexto de esta idea con una historia cautivadora.


Ella

Bajo las luces tenues todo se ve diferente. Las sonrisas se ven auténticas, el amor eterno y las amistades verdaderas.

Entró sola a un lugar que, con el complicado arte de catrinas y calaveras, adorna su ambiente. La música era tan fuerte que ella apenas escuchaba sus pensamientos. El invitado especial de la noche era la añoranza de la desmedida anestesia.


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Dos pasos adentro y el ambiente caluroso le dijo la cantidad de personas. "Las fiestas grandes son íntimas, en las pequeñas no hay privacidad", citó a Fitzgerald en su mente. Con un gran suspiro decidió adentrarse en esa jungla de vanidades. Ella lo único que quería era bailar.

Avanzó abriéndose paso entre los cuerpos, no sabía exactamente a dónde se dirigía, llegó al otro lado de la habitación y entró a la pequeña puerta rotulada con una silueta de una mujer. La música pasó a ser un murmullo dentro de aquel intento de baño, necesitaba fuerzas para volver a salir y dejarse llevar por la felicidad momentánea que ofrecía el lugar.


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Un suspiro y una sonrisa a un raro espejo fueron suficientes. Al abrir la puerta ya no era la misma. Caminó directamente a la barra, sentir el frío del vidrio de la botella entre sus manos fue la mejor sensación en la apertura de una noche de la que ella sabía no tendría el control. Dejó correr el líquido dentro de su cuerpo sin pausa.

Caminó en el lugar repartiendo su especial sonrisa sin reparos, empezó a mover su cuerpo y cada nervio dentro de ella al ritmo de la música, con los ojos cerrados, respirando el lugar. El toque de una mano cálida y bastante agradable interrumpió el momento.

—¿Bailamos? Tu sonrisa atrae —le dijo.


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¿Quién observa una sonrisa en un lugar como ese? Ella sólo respondió con una sonrisa dedicada a sus ojos y se dejó envolver por los brazos firmes que le tendieron la invitación. Observó sus ojos, sintió su respiración y movimientos y leyó en ellos su mismo sentir. Él se acercó a su oído para susurrarle: "Sé por qué estás aquí". Su voz era diferente y su olor no encajaba con el lugar.

No fueron conscientes del tiempo transcurrido, ella no quería salir de sus brazos; los dos sabían que lo que pasaba entre ellos no le podía pertenecer a ese lugar. Creer es difícil. En aquel lugar donde la falta de claridad reina él encontró la luz y ella la felicidad que buscaba, pero en su corazón supo que no sería momentánea. Encontró un soñador.


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La mirada que sostenían los ojos de él en los de ella provocaron un silencio ensordecedor, un silencio que lastimaba el ambiente. Ella lo tomó de la mano, fue su guía mientras caminaban entre la multitud. Lo llevó a donde se pueden tocar las estrellas y las nubes abrazan a los que sueñan, ella encontró lo eterno donde todo es pasajero.

***

La nocturnidad es un mundo aparte. La fantasía de la realidad cotidiana se diluye cuando la luz de la luna revela lo que de día no se ve. La poesía ofrece una visión de la noche tan vasta como ella misma. No desistas, sigue leyendo en busca de sus signos.

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