Otra miserable historia de amor

Otra miserable historia de amor

Por: Carlos Perez -




Las relaciones se desgastan con el tiempo. La monotonía es su peor enemigo y el miedo a cambiar las cosas hace que las relaciones se conviertan en algo enfermizo y sin futuro...


miserable historia de amor


Ella lo abrazó fuertemente. Él respondió con cariño. Ella apoyó su cabeza en el hombro para llorar y él respiraba dentro de su cabello. Ella lloraba lento, en silencio, no quería hacer un escándalo. Se quería separar de ese hombre al que apretaba. Quería estar lejos, huir. Ya no podía más con la incertidumbre. Nunca en la vida había tenido tanto miedo. Y hoy ya no estaba dispuesta a soportar un segundo más. Quería desprenderse de él, arrancarse para siempre, romperlo todo y renacer. Su espíritu se había debilitado tanto desde que estaban juntos, pero al mismo tiempo sentía que sin él se le acababa la vida. ¡Cuánto lo extrañaba cuando lo sentía lejos! ¡Cuánto lo necesitaba cuando se separaban! ¡Cómo se sumergía en la más profunda tristeza cuando no sentía su calor, cuando no respiraba de su aroma!

Ya lo había decidido.

Hoy terminaba todo.

Habían hablado, habían ido al cine, habían caminado de la mano por la colonia, pero ya no podía soportarlo más.

No era su actitud frente a la vida. No era que él no tuviera trabajo ni dinero para invitarla a salir. Tampoco era que fuera un grosero con su familia o que varias veces la hubiera intentado golpear.

Él era maravilloso.

La mayor parte del tiempo era maravilloso.

La trataba bien, la apapachaba, le hablaba bonito.

Siempre se sentía segura en sus brazos.

Le encantaba su olor.

Desde el principio le pareció que era el hombre más guapo del mundo.

Realmente lo amaba.

Simplemente no podía estar más tiempo con él.

No sé qué carajos quiero, pensó.

Ya llevaban siete años juntos. Ya pesaban tantas separaciones y peleas.

Pesaban también los momentos aburridos y cotidianos a su lado.

Estaba harta. Estaba harta cuando discutían y estaba harta cuando estaban bien.

Lo abrazó fuertemente y se dejó abrazar.

Te amo, fue lo único que pudo decir mientras suspiraba.

Siguieron juntos toda su miserable vida.


***


miserable historia de amor


No tengo idea de cómo será mi vida en 10 años, en 5 días, en 2.5 minutos.
Soy un bastardo de esos libres y solos. Un hombre capaz de quedarse en el portal de un edificio de departamentos, sintiendo cómo se derriten los hielos que traigo cargando en una bolsa de papel en mi brazo izquierdo, mientras escucho a una vieja loca diciendo frases sin sentido, tratando de explicarme que ella fue despojada de las tierras de esta colonia y que en realidad la Colonia Nápoles no es otra cosa sino los verdaderos Estados Unidos de Norteamérica.

Soy de los que se quedan hasta el final en las fiestas. Soy el típico que cuando va en camino a casa de la novia para verla, no sabe por qué está yendo. Soy el hijo que no entiende por qué obedece. Soy el empleado que nunca se cuestiona por qué trabaja ahí. Soy el sacerdote que sabe que no existe el cielo. Soy el sillón vacío, el vaso roto, la llave que no sirve y nadie se atreve a tirar.

Realmente no sé qué carajos quiero.

En estos momentos, mientras ella me abraza y llora, yo no sé qué pensar. Sé que está loca, siempre lo ha estado. Sé que me ama, pero me vale madres que me ame. ¿Qué chingados es el amor? A mí me da hueva andar con otra, así como me da hueva buscar una chamba, o haberle dicho a la vieja loca que se callara porque los hielos se derretían.

No me importa que los hielos se derritan. Me refiero a la vida. No me importa que Erika ya no me ame, parece que ya no me ama. No, más bien parece que ya se aburrió de mí. Tal vez sí me ame, pero ya se cansó de esta rutina y de estas peleas. Pero tampoco me quiere dejar ir. Mira cómo me aprieta. Le gusto, lo sé.

No me importa que hace mucho se haya derretido lo poco que quedaba de intimidad entre ella y yo. Verla desnuda hoy es como ver un perro. Estar con ella es más triste que estar solo. Yo debería dejarla. Aprovechar ahorita que está llorando y largarme de aquí. No tengo idea a dónde me iría, pero ya no quiero seguir. O tal vez sí. No importa. Si ella quiere, podemos seguir. Yo no pienso echarle más ganas. Pero si ella me dice que ya estuvo, pues ya estuvo. Pero que ella decida. No voy a decidir yo.

Además me cae bien. Si no fuera por sus pendejadas de no estar segura de nada podríamos pasarla bien. Bueno, yo tampoco estoy seguro de nada. Estoy seguro que quiero estar con ella. Bueno, no sé. A veces me harta. Es más, me harta bastante. Sólo que está bien bonita. Sí, hay viejas mucho más bonitas, pero creo que no me pelarían jamás. La verdad. Una vez quise salir con Nancy y me mandó a la verga. Pero ella no. Erika siempre regresa. La he mandado a la verga varias veces y siempre regresa. Y ella también a mí. Cuando ella me termina yo la busco porque no sé qué otra cosa hacer. A veces pienso que si me cortara otra vez ya sería definitivo. Pero siempre que hemos cortado pienso que es definitivo. Ya debería decidirse. ¿Y si le digo ahorita que ya?..

¿Qué?, no te escuché.


Ahh sí, amor, yo también te amo... Siguieron juntos toda su miserable vida.



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Las fotografías que acompañan esta entrada en texto y portada pertenecen a Maud Chalard, si quieres conocer más de su 
trabajo te invitamos a visitar su Instagram.


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 Enamorarse y tener hambre no es lo mismo, aunque se sienta como un hueco en  el estómago. Si a ti también se te fue la vida con el gran amor que se marchó, te vendría bien conocer la diferencia que pocos entienden entre amar y enamorarse.

Referencias: