Plagios que demuestran que no necesitamos más intelectuales
Letras

Plagios que demuestran que no necesitamos más intelectuales

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Por: Diego Cera

21 de septiembre, 2017

Letras Plagios que demuestran que no necesitamos más intelectuales
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Por: Diego Cera

21 de septiembre, 2017


En aras de la llegada del nuevo milenio se reunieron frente a una mesa redonda un grupo de filósofos y escritores españoles entre los que destacaban Fernando Sánchez Dragó, Isidro Juan Palacios, Félix Gracia Plou, André Malbí, Luis Maggi, Antonio López Campillo, Mario Satz y un muy borracho pero simpático Fernando Arrabal; el evento conocido como "La noche del Mileniarismo", tenía como fin discutir las posibilidades de que llegase ese codiciado milenio en el que la humanidad entera alcanzaría un estado de completa paz.



Las mentes de 1989 se enfocaban en una sola cosa: la llegada del nuevo milenio y cómo es que sus líderes de opinión percibían este cambio que más allá de la temporalidad implicaba un salto en la conciencia de las personas de todo el mundo, sin embargo, más que darse cuenta del progreso al que el mundo aspiraba España y el mundo comenzaron a darse cuenta de que la figura de los intelectuales comenzaba a ser innecesaria, pues las que otrora fueron opiniones serias capaces de influir en las decisiones importantes de naciones enteras, pasaron a ser comentarios banales que dejaban al descubierto el egocentrismo de sus protagonistas que peleaban por tener la palabra sazonadas con las ocurrencias de Arrabal.


Plagios que demuestran que no necesitamos más intelectuales 1


Sin ir tan atrás en el tiempo, podemos citar casos como el de Arturo Pérez Reverte quien recientemente parece que no puede mantenerse callado ni en defensa propia. Él, como muchos otros autores "maduros", se han dedicado no a pensar, sino a criticar a quienes se han atrevido a hacerlo. Defensores de una postura tradicionalista y un tanto cuadrada acerca del arte y la Literatura, Pérez Reverte y compañía se han dedicado a despotricar en contra de casi cualquier producción que no encaje con su forma de pensar o temporalidad. Ante esto vale la pena preguntarse quién los critica a ellos o si es que hay alguien que ante la nube de invulnerabilidad snobista que estos emanan hay alguien que se atreva a cuestionarlos.


Plagios que demuestran que no necesitamos más intelectuales 2


La gente aplaude cuando Javier Marías cuestiona la habilidad de los escritores jóvenes al decir que ahora cualquiera que sepa escribir puede hacer una novela o peor aún, cuando Pérez Reverte "bromea" sobre el lenguaje inclusivo; ridículamente los diarios le ovacionan y escriben sobre ello «no se muerde la lengua». Pues claro, sólo eso faltaba para sazonar sus torpes palabras, que se mordiera al decirlas.


Plagios que demuestran que no necesitamos más intelectuales 3


¿Pero dónde estaban esos diarios cuando en 2013 fue acusado de plagiar el guión de Corazones púrpura dirigida por Antonio Gonzáles Vigil o cuando le otorgaron el XIII Premio Don Quijote por un texto en el que comparó a los refugiados con invasores bárbaros? En efecto, pocos se atrevieron a criticar a una de esas "vacas sagradas" que no pueden ser juzgadas por el simple hecho se tener una silla dentro la Real Academia de la Lengua Española, misma a la que le corresponde la letra "T" de torpe, adjetivo perfecto para definir sus comentarios.


Plagios que demuestran que no necesitamos más intelectuales 4


Xenófobos, sexistas y conservadores ¿esos son los intelectuales que queremos? Antes de responder esta pregunta es necesario que nos demos cuenta de que mientras incluso los autores jóvenes ven en estas personas a sus héroes a seguir, su propósito es no permitir que aquellos que los idolatran sean completamente ignorados ¿por qué? Para que al igual que Octavio Paz, Diego Rivera y la misma Frida Kahlo hicieron en su tiempo, su pensamiento no sea desplazado sino que continúe como canon durante mucho tiempo.


Plagios que demuestran que no necesitamos más intelectuales 5


Lo anterior, evidentemente, apunta —ahora sí— hacia una barbarie a la que los mismos intelectuales nos están orillando, misma a la que —de continuar con esta glorificación de personajes—los nuevos autores deberán enfrentar para por fin lograr ese punto que del que se discutió muy a medias aquella noche de 1989.