Pero no tan rápido, todo toma su tiempo...

Jueves, 7 de diciembre de 2017 12:20

|Cristi Rojas
pero no tan rapido

El siguiente cuento nos nuestra cómo es que la realidad se distorsiona...


Son las 6 de la tarde, ya es hora, pensó.

Tomó su abrigo y maletas, se dispuso a cerrar la puerta sin mirar atrás, no volvería a ver atrás jamás.

No tan rápido. El boleto de avión. ¿Dónde esta?, ¿en su bolsillo? No. Maldición, lo dejó en el tocador.

Regresa temerosa de cambiar de opinión, sin darse tiempo de pensar sube rápido, agarra el boleto y toma el primer taxi que responde a su llamado.


"Vuelo 97 sin escala a Oregón". Era el suyo, estaba lista, ya era hora.


Pero no tan rápido, todo toma su tiempo.


Subió al avión, divisó su lugar y se sentó, había comprado dos boletos para evitar la fatiga de tolerar a una persona durante el viaje.

Mientras despegaba pensó si hacia lo correcto, ¿era lo que sus padres fallecidos apenas hace unos meses habrían querido para ella?

Aquel accidente en auto terminó con el palpitar de sus padres, ella no murió, pero tampoco estaba viviendo. Necesitaba un cambio.


pero no tan rapido 1


Pero no tan rápido, todo toma su tiempo.


Al llegar a Oregón, un hombre de edad incalculable con barba y cabello blanco la esperaba, vestía una camisa a cuadros y botas color miel. Subieron a una camioneta antigua y tomaron camino a la cabaña más alejada de todas.

Se había contactado con aquel amigable hombre quien le ofreció rentarle la cabaña, con el único requisito de mantenerla limpia y el jardín en perfectas condiciones.

Al llegar escuchó el susurro del bosque "HUYE". ¡Por dios! Estaba volviéndose loca, sólo necesitaba descansar.


Pero no tan rápido, todo toma su tiempo.


Desempacó y se dispuso a poner las cosas y sus ideas en orden. Después de unos días tenía una rutina, la cual estaba sujeta a cambios, un café por un té, pintar por escribir, leer por cocinar, dormir por soñar, morir por vivir...


Pero no tan rápido, todo toma su tiempo.


Todos los días aquel hombre llegaba con el mismo diario del 24 de diciembre de 1985 —qué coincidencia, el año en que ella nació—. Fumaba pipa, la saludaba, se quedaba en el porche mientras bebía una cosa humeante y después, sin previo aviso y sin que ella se diera cuenta el se iba.

De pronto, ella ya llevaba ocho mese ahí. Era 24 de diciembre, había ido a la cuidad a comprar decoraciones y luces, al regresar preparo canela y como es de esperarse, ahí estaba en el porche su arrendador, que con el tiempo se volvió su confidente.

Pero esta vez pasó algo diferente, aquel hombre de edad incalculable dejó el periódico. Ella muerta de curiosidad, lo tomó. ¡No podía creerlo! !Imposible! ¿Qué clase de broma era esa?


Pero no tan rápido, todo toma su tiempo.


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En la primera plana se encontraba la noticia de un 24 de diciembre de 1985; un hombre a causa de la nieve decembrina derrapó con su camioneta y murió, aquel hombre de la noticia era su arrendador, su cómplice, ese hombre al que ya se había acostumbrado.

Confusa e indispuesta a razonar, corrió a su dormitorio, abrazándose de las costillas para mantenerse entera, y por instinto se vio en el espejo: ahí estaba, pero sus ojos debían de estarle mintiendo: estaba vieja, con piel de roble y ojeras hasta los pómulos, tenía poco cabello gris y su hermosa sonrisa ya estaba incompleta.

¿Qué había pasado? ¿El tiempo la había consumido o fue la culpa? ¿Era un sueño?

Corrió hasta a sala, ahí está el periódico, pero ahora la noticia era sobre una chica que tuvo un accidente rumbo a la ciudad. Ella era la chica.

Sonó el teléfono, era alguien que buscaba rentar aquella cabaña.

Fue entonces cuando comprendió todo.


Pero no tan rápido, todo toma su tiempo.


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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Henry Jiménez.



REFERENCIAS:
Cristi Rojas

Cristi Rojas


Colaboradora
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