Cuál es la muerte más triste de la literatura según 4 novelas

Sábado, 6 de mayo de 2017 6:26

|Diego Cera


El asco que nos genera la sociedad y sus constantes problemas ha hecho que desviemos todo nuestro amor hacia criaturas mucho más nobles que el ser humano. Animales que sin importar nuestra forma de ser o la miseria en la que vivamos siempre van a estar ahí para hacernos felices. Para muchas personas, esa compañía se encuentra en un perro; eso es algo que no debería sorprendernos, más aún cuando éstos son considerados los mejores amigos del hombre.

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La historia de la relación perro-humano no es aún muy clara, aunque hay quienes sostienen que todo inició justo en el momento en que nuestros antepasados descubrieron que con el fuego podían cocinar sus alimentos. El olor de la carne cociéndose atrajo a algunos lobos que, con tal de obtener un poco de comida fácil, se mostraron dóciles ante aquellos que rodeaban una fogata, inclusive muchos de ellos siguieron a los grupos nómadas convirtiéndose en sus compañeros incondicionales.

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Con una relación tan larga, es obvio que les guardemos un cariño tan grande y especial, incluso cuando no estamos totalmente familiarizados con alguno de estos seres, nos sentimos profundamente preocupados cuando nos enteramos que el cachorro de alguien tiene alguna enfermedad o está perdido. El motivo de esta empatía es que, al no sentirnos completamente identificados con la gente, comenzamos a humanizar cualquier otra cosa a la que le tenemos cariño, incluidos los perros.

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Por otro lado, esta humanización es la causa por la que las muertes de canes como Hachiko en "Siempre a tu lado" nos hacen llorar como nunca lo habríamos hecho por un humano. Aunque Hachi es el héroe canino por antonomasia, tal vez a los lectores les resulte interesante saber que de hecho en la literatura existen historias de perro aún más enternecedoras y tristes que la de el peludo japonés que murió esperando a su amo. En "Flush" de Virginia Woolf, por ejemplo, está narrada desde la perspectiva de un cachorro que trata de adaptarse a un ambiente urbano después de haber pasado sus primeros años viviendo en una granja. La novela nos muestra que, al igual que los humanos, nuestros amigos de cuatro patas pueden sentirse confundidos cuando algo totalmente nuevo llega a sus vidas.



"Tombuctú" de Paul Auster es otro de esos libros en donde la relación entre los canes y los humanos se muestra en su punto más alto, Tombuctú —un perro que entiende perfectamente el inglés— comienza una amistad con un vagabundo quien dice amarlo incondicionalmente. Sin embargo ¿qué pasa cuando el perro, más que una mascota, se convierte en un símbolo del amor entre dos personas? La respuesta a esta incógnita la podemos encontrar entra las palabras de Milan Kundera, específicamente en su libro "La insoportable levedad del ser" donde aparece un cachorro llamado Karenin.

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Karenin es la mascota de Tomas y Teresa, a partir de su figura se genera una multiplicidad de sentimientos entre la pareja, de hecho el amor que ella siente por el perro es aún más grande que el que le tiene a su pareja. 

«Es un amor desinteresado: Teresa no quiere nada de Karenin. Ni siquiera le pide amor. Jamás se ha planteado los interrogantes que torturan a las parejas humanas:¿me ama?, ¿ha amado a alguien más que a mí?, ¿me ama más de lo que yo le amo a él? […] Y algo más: Teresa aceptó a Karenin tal como era, no pretendía transformarlo a su imagen y semejanza, estaba de antemano de acuerdo con su mundo canino, no pretendía quitárselo, no tenía celos de sus aventuras secretas […] Y luego: el amor hacia el perro es voluntario, nadie la fuerza a él»

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Cuando muere el can, la pareja no sólo descubre los verdaderos sentimientos que había entre ellos, sino que los lleva a una reflexión aún más profunda acerca de la vida y la imposibilidad de la personas de alcanzar la felicidad. 

«El tiempo humano no da vueltas en redondo, sino que sigue una trayectoria recta. Este es el motivo por el cual el hombre no puede ser feliz, porque la felicidad es el deseo de repetir»

De esta manera nos damos cuenta de que, aunque la muerte de Karenin es algo que nos duele por haber estado presente durante toda la trama, lo verdaderamente deprimente en la muerte de este can, es descubrir la imposibilidad que tiene el ser humano para ser feliz debido a que se preocupa constantemente por encontrar la satisfacción en bienes mundanos. La sonrisa que Karenin parece lanzar justo al momento de morir es lo que nos convence de que sólo los animales son capaces de alcanzar ese grado de plenitud que nosotros pasamos la vida buscando. Es por ello que, posiblemente, no exista en la literatura una muerte peor que la de este can y si existe, tal vez es mejor no conocerla para evitar hundirnos en una interminable depresión.

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Fuente

La piedra de Sísifo




REFERENCIAS:
Diego Cera

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