La decadencia del sueño americano en dos novelas que todo pesimista debe conocer

Miércoles, 19 de abril de 2017 12:07

|Arlett Cancino



Oscar Wilde dijo que “Estados Unidos es el único país que pasó de la barbarie a la decadencia sin pasar por la civilización”. Del vecino del norte, ahora con Donald Trump a la cabeza diciendo disparates y esparciendo bombas en el Medio Oriente como si se tratara de escarcha, siempre se han dicho muchas cosas, tanto ciertas como opuestas. El imperio invasor, la falsa cuna de la libertad, la nación más racista de planeta y la supuesta tierra de las oportunidades son motes comunes para señalar su política interna y externa. Todo depende de qué lado de la historia y del capitalismo te encuentres, aunque eso no hace falta para coincidir en más o menos las mismas ideas en torno del país más poderoso (y más belicista) del mundo. Quizás las voces más interesantes son las de los escritores. Sin duda alguna la literatura anglo norteamericana actual (que incluye a EE UU y Canadá) cuenta con grandes figuras, consideradas además como pilares de la narrativa universal, como lo son Cormac McCarthy, Thomas Pynchon, Toni Morrison, Don DeLillo, Margaret Atwood y Philip Roth. 


philip roth y margaret atwood


Todos hemos escuchado hablar de Philip Roth, escritor norteamericano que se ha destacado por su prolífica producción literaria en los últimos años del siglo XX y que ha permanecido en la terna de los favoritos para el Nobel de Literatura desde hace tiempo. De entre sus obras, resalta sobre todo la trilogía Pastoral americana, Me casé con un comunista y La mancha humana. Estas novelas abordan el sueño americano desde una perspectiva pesimista. Los conceptos de libertad, igualdad, oportunidad y prosperidad se vienen abajo cuando ninguno toma en cuenta las peculiaridades que para cada individuo significa la felicidad.


philip roth y margaret atwood


Contemporánea de Roth, Margaret Atwood es una escritora canadiense que desde su lado del mundo ha sabido interpretar los grandes avatares de la actualidad. Sus novelas abarcan temas importantes como el nacionalismo absurdo de la nación del maple. En ellas también es evidente una mirada crítica y visionaria de la situación de la mujer, sobre todo en El cuento de la criada, que para muchos predice el inestable escenario de Estados Unidos ante la elección de Donlad Trump como presidente. En El asesino ciego, Atwood juega con su lector desde el inicio de la novela. El personaje principal se esconde en la voz del narrador, aunque trate de hacer empatizar al lector con la hermana muerta.


philip roth y margaret atwood


Si se toman en cuenta las novelas El asesino ciego y Pastoral americana, de Atwood y Roth, respectivamente, los contextos son conflictos bélicos del siglo XX. En el primer caso hablamos del periodo de entreguerras, finales de la Gran Guerra y el clímax de la Segunda Guerra Mundial. Es la decadencia de muchas industrias familiares canadienses y con ello de las mujeres de la casa, quienes tienen que ofertarse al mejor postor para asegurar un futuro digno. Al mismo tiempo, la novela habla de malinchismo ideológico de los grandes magnates, así como de su rechazo total a la ideología comunista.

El padre de Iris y Laura cae en bancarrota durante la Gran Depresión. Su sueño de vida se quiebra ante su incapacidad por asegurar el futuro de sus hijas. El cuadro perfecto de la familia feliz se viene abajo; un hombre honrado y trabajador no debería caer en desgracia porque hay esfuerzo y dedicación. ¿No se supone que eso nos asegura la felicidad?


philip roth y margaret atwood


En la obra de Roth se habla del “Sueco”, estrella del deporte que durante su adolescencia, en los años 30, es paliativo para las familias judías de Nueva Jersey. El “Sueco” se construye a sí mismo como modelo y ejemplo a seguir. Es el estereotipo del hombre americano exitoso, con un código ético y moral intachable, “el que todo lo hace bien”. Sin embargo, los años 60 arrasan con la fe en tal ideal. Su hija niega todo lo que su padre simboliza. El progreso y el bienestar por medio del trabajo duro no representan nada para Merry, quien se entrega al extremismo revolucionario de la juventud estadounidense de la época.

Estos escritores nos hablan de épocas de transición, de momentos de crisis, de caídas y descalabros ideológicos. Sus novelas no son sólo las historias de dos familias honradas venidas a menos, son la historia de un sueño americano que se hace obsoleto ante cambiantes circunstancias temporales. Iris y el “Sueco” pertenecen a una tradición que va quedando obsoleta. Por eso ella es incapaz de enfrentar su realidad, de romper con un matrimonio arreglado; y él no entiende en qué falló al educar a su hija, lo hizo todo como debía ser.

A los personajes de Atwood y Roth la vida se les escurre como arena. Cada uno a su manera, desde padres hasta hijas, responde a su modo ante lo que les toca vivir; reaccionan a las circunstancias que los rodean. A los papás nada se les puede reprochar, pero a las hijas tampoco. No hay culpables, no hay nada reprensible en familias como éstas.

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De decadencia han hablado muchos autores, desde distintas perspectivas y con muchos estilos. Parece ser un tema recurrente en la tradición narrativa estadounidense. Sin embargo, sobre la decadencia poética de la identidad, la cultura y la vida mundana, Charles Bukowski tal vez fue el más preclaro. 

REFERENCIAS:
Arlett Cancino

Arlett Cancino


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