El viaje interior que me llevó a la felicidad

El viaje interior que me llevó a la felicidad

Por: Mar Soriano -

Te compartimos un poema de amor propio, Viaje interior, para que explores hasta el último rincón de tu corazón.


Dicen que quien no es capaz de conocerse y amarse tal cual jamás podrá amar a alguien más. ¿Alguna vez has recorrido tu alma para saber quién eres? Te compartimos un poema de amor propio, Viaje interior, para que explores hasta el último rincón de tu corazón.

El viaje interior que me llevó a la felicidad 1

Viaje interior

Un día decidí emprender un viaje.

Un día cansada de sufrir tomé la decisión de cerrar los ojos y mirar muy dentro de mí.

Un día tuve el anhelo de hacerme muchas preguntas más profundas que las habituales.

Un día casi sin darme cuenta entré en un camino sin retorno.

Unos días paré a descansar, abrumada y exhausta, otros despertaba alegre y confiada.

También hubo momentos de desconcierto y muchas dudas, conforme buscaba muchas puertas se abrían y otras se iban cerrando.

Hubo instantes de luz, de oscuridad, instantes de miedo.

Pero nunca quise abandonarlo, un paso me llevaba a otro y en mi mente no había otra cosa que seguir sin saber realmente lo que me iba a encontrar a cada paso.

Ahora me he despojado de todas las ideas, de todos los conceptos mentales, de todo lo que creía ser, me he despedido con lágrimas de todos mis personajes, esos que tan bien interpretaba.

Siento ahora mismo una devastación interior absoluta, una tristeza difícil de explicar, como si fuera un árbol que permite que las hojas que ya no necesita se desprendan para volver a florecer en primavera.

Ya no me identifico con nada y tengo la sensación de que todo lo que he vivido y experimentado hasta ahora no ha sido real, sólo ha sido mi modo de verlo, mi forma de creerlo, mi manera de interpretarlo.

A veces miro mi vida y tengo una sensación de confusión, de no saber nada. Pero hay una certeza absoluta de que mi corazón me guía.

Quiero llegar a mí y sólo he dado mil vueltas.

Ahora ya no puedo poner excusas, ya no puedo culpar a nadie. Ya no soy adicta ni estoy condenada a mis emociones. No huyo ni salgo corriendo porque ya no escapo de mí.

Estoy frente a mí, mirándome con compasión, con aceptación, abrazando cada una de las partes que me conforman.

Reconociendo el inmenso diamante de mi corazón. Puliendo lentamente cada uno de los lados con cariño y paciencia,

Ahora descubro muchas de las cosas que antes no lograba comprender.

Nadie puede herirme, nadie puede dañarme, nadie puede hacerme feliz.

Nadie más que yo puede saberlo, nadie más que yo puede sentirlo, nadie más que yo puede experimentarlo.

Me siento desnuda, vacía, sin nada más que la certeza de saber que realmente sólo me tengo a mí.

Siento el dolor de descubrir que quizá nunca he sabido amar de verdad. Siento un gran alivio, una gran ligereza en mi ser, pero reconozco que tiemblo ante la incertidumbre que vive ahora en mí.

En algunos instantes siento pena, nostalgia y unas profundas ganas de llorar, quizá por abandonar todo lo que antes creía que era mi lugar seguro, pero era mi cárcel, mi autoengaño; porque yo era libre y no lo sabía hasta que tuve que aceptar que yo misma había construido esos barrotes.

Pero siento que nada de lo que he vivido ha sido un error; siento que por fin las piezas del puzzle encajan, que todo era parte del plan.

Tras esta evidencia, tras esta certeza me quedo perpleja.

No puedo hacer nada más que respirar, sonreír y dejarme llevar por esta paz , por este sentir que me acerca cada vez más al lugar que siempre anhelé.

Salgo de ese noria de pensamientos, de esa vorágine de ideas para quedarme totalmente desnuda; desnuda de suposiciones, desnuda de pensamientos, con la mayor humildad reconozco que he vivido bajo un prisma que me ha hecho sufrir, que me ha llevado al abismo.

Ahora estoy aquí, después de tanto correr, después de muchas batallas, después de engañarme.

Y sólo siento confianza, paz, quiero ser auténtica, que mi vida tenga sentido, que sea vivida desde mi ser.

Por primera vez dejo que la vida me sorprenda y no soy yo quien quiere manejar, esforzarme o manipular las situaciones.

Confío en mi instinto, doy total libertad a mi corazón para que guíe ahora cada uno de mis pasos y sonrío al saber que el amor dirige mis decisiones.

Por el momento esa es la única certeza que tengo: confiar y vivir desde mi verdadera esencia.

El viaje interior que me llevó a la felicidad 2

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Referencias: