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Así fue el día que dejé ir al amor de mi vida y mi corazón se fue con él

Letras Así fue el día que dejé ir al amor de mi vida y mi corazón se fue con él

El cómo superar una ruptura amorosa puede ser de las preguntas más difíciles de responder, pero ¿qué pasa cuando tu tomaste esa decisión y aún así duele?

Texto por Laura Ontiveros Plaza


Todavía duele recordar ese momento donde parados frente a una banca vieja en aquel parque, se dieron el último abrazo. Se miraron a los ojos sabiendo que algún día olvidarían sus caras, el tamaño de sus labios y cómo habían practicado tanto para que encajaran perfectamente en cada beso. Se vieron a los ojos y estaban llenos de agua brillosa, inundando las pupilas y filtrando lágrimas por cada mejilla hasta caer al suelo de piedra fría. Cada palabra que pronunciaban era más dolorosa que la anterior, cada excusa los partía un poco más. Sabían que cada uno era el amor de la vida del otro, y que el destino había sido muy amable al ponerlos en el mismo camino, pero que separarse quizá era la muestra de amor más grande hacia sus corazones, porque el estar juntos se había vuelto inaguantable, se encontraban sedientos en un desierto anhelando rocíos de lluvia. En cambio, sólo recibían relámpagos en noches calurosas y oscuras. 



Ya no quedaba nada que decir, ninguna promesa iba a hacer que se quedara a tu lado así que caminaste en dirección contraria, alejándote cada vez mas de él y reviviste en tu mente lo que fue tenerlo en tu vida, los momentos más significativos que no conociste con nadie más. Su simple presencia te hacia despegar como un cohete directo al espacio y aunque estuvieran callados, los silencios con él te contaban millones de historias, sus besos estaban cargados de una energía fulminante y su cuerpo era como ese peluche favorito que tenias cuando eras pequeña, algo imposible de soltar. El olor de su aliento, el sabor de su lengua, sus manos, su pelo y su cuello eran tus vicios favoritos, pero ese día te despedías de todo, y una capa de piel tuya se quedaba adherida a su pecho. Cada paso era más difícil de dar, tus pies parecían costales llenos de piedras y te daba miedo pensar que regresarías sola a casa, que te pondrías los audífonos y evitarías llorar en el Metro, con la garganta hecha nudos, porque cada canción te iba a hablar de él, como si todas esas historias románticas trataran de los dos. Quisieras que el mundo se pausara por un momento para no escuchar nada, no ver a nadie y caminar por la ciudad en una dimensión paralela hasta que te sintieras lo suficientemente completa para volver a la realidad. 


Así fue el día que dejé ir al amor de mi vida y mi corazón se fue con él 1


Llegaste esa noche a tu casa, ese huequito donde habían pasado tantas noches juntos, pero eres una mujer madura, no puedes dejarte caer por cosas que son cotidianas en la vida, como un corazón roto y el golpeteo en el estómago, el llanto incontrolable y las ganas de huir esa misma noche a un lugar donde nadie te conociera, donde no hubiera rastro de él por ninguna parte. "Eres una mujer madura y fuerte", repetías en voz alta una y otra vez, "esas cosas pasan", decías; así que empacaste cada fotografía que tenías de él, guardaste todos los recuerdos en una caja deseando poder poner ahí tu corazón, resguardado entre cartas, regalos y boletos de conciertos, querías protegerlo del caos que vendría después de haber abandonado al amor de tu vida en aquel lugar. Veías el teléfono, revisabas una y otra vez las conversaciones anteriores, tratando de descifrar en qué momento se malinterpretó todo, desmenuzando cada palabra que se dijeron, recordando cada salida que compartieron. ¿Por qué la ciudad de repente se vuelve tan inmensa y las personas se ven tan pequeñas? Todo se siente como si estuvieras nadando dentro un océano profundo y salvaje, las olas te golpean, dejan moretones en tu piel y te falta el aire. En un instante todo cambia, y aquella persona que parecía tu sombra, ahora sólo es alguien que conociste alguna vez, y en unos años, habrá mutado hacia algo diferente, quizá en algún tiempo, ya no le guste el chocolate que tomaban juntos, ni esas hamburguesas a donde les encantaba ir, tus chistes ya no le parecerán graciosos, pasará el tiempo y ya no vas a conocer nada de él, y entonces serán dos extraños que se amaron mucho, sólo eso.


Así fue el día que dejé ir al amor de mi vida y mi corazón se fue con él 2


Dicen que el cerebro no distingue entre dolor físico y sufrimiento emocional intenso, y que puede llegar a doler igual que una quemadura de piel o un hueso roto; a menudo hay quienes permanecen orbitando en profunda tristeza, anhelos e imaginando escenarios que vivieron y que nunca regresarán. Muchas veces estos pensamientos los invaden por años, se incrustan como una astilla, tan dentro que se hacen parte del cuerpo. Sería ideal poder escarbar en cada una de esas personas y limpiarlos por dentro del corazón y de la mente, y que todo fuera tan simple como eso. Sería ideal que nadie tuviera que romperse por amor. 


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