¿Qué pensarías si te dijera que somos seres perfectos?

¿Qué pensarías si te dijera que somos seres perfectos?

Por: Marta Nosabe Nada -

¿Qué pasaría si nos aprendiéramos a amarnos con todas nuestras imperfecciones? A continuación, te compartimos el poema surrealista sobre el amor propio, Emuná.


Dicen que la perfección y no existe, y que sólo en lo imperfecto habita la belleza. ¿Qué pasaría si aprendiéramos a amarnos con todas nuestras imperfecciones? A continuación, te compartimos el poema surrealista sobre el amor propio, Emuná

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Emuná

Hay inviernos en un interior que llueven cálidos sobre tierra mojada. 

Hay lluvias que limpian tierras secas de escombros de un pasado. 

Son certezas severas las que corren por las venas cuando miras alrededor y te auguras. 

Miradas que corren callando gritos inmensos en silencios aplastantes, donde nacen todas las ideas y se escapan todas las sonrisas. 

Son 3 mil 500 pies de pasos que no se recorren, serán 3 mil vuelos que se escapan en el tiempo y el tiempo borra su estela. Difumina el camino. Descorre lo recorrido. 

Hay sensaciones oblicuas que se cierran, paralelas que se tocan y se alejan. 

No hay miedos, sino lunares de tu cuerpo sin recorrer, suspiros en tu boca que no llegan, manos que no tocan y olores que se dispersan. 

Hay miedos irreconocibles que se convierten en eras, pasos de tu camino que da media vuelta y desespera.

Las horas muertas mirándote son las más vivas de mis ojos.

Tengo mil textos que hablan de quimeras, mil más por cada persona que habita en mi tierra. Otros tantos por reírme de las casualidades de tus cocteles a mi vera, y otros tantos escribiéndote sin que tú te dieras cuenta. 

Tengo también margaritas.

No quiero que me recuerdes, ni que mis manos nunca te reconozcan, tampoco quiero irme de tus caderas. Somos humanos que rezamos por tropezar una y otra vez en la misma piedra.

Somos seres tan perfectos que nos encanta todo lo que de ello difiera.

Tengo tantos libros que me cuentan tanto, que no sé qué orden es el de la vida. Tantas lógicas que las logias guardan recelos de mi locura en cada una de ellas. 

He aprendido a no correr, a respirar, a no seguir el viento, sólo olerlo. He desaprendido todo lo que me enseñaron para aprender lo que nadie quiere. Difiere.

Y ahora no hay más que simpleza, llenar espacios vacíos de huecos sin cabeza, donde los tés no llevan menta, donde no se respira ninguna flor y tampoco aire, donde a todo le gusta estar.

Lo peculiar hoy es normal, y lo normal amorfo y odiado, y es ahí donde pongo cada rincón de mis latidos para escabullirme entre la multitud, mientras me olvido del olvido, encuentro tus nieves, tu esencia y dejo todo lo que hay para recorrer en cada rincón del círculo/esfera que es la Tierra. 

Por un segundo ser amorfo, normal y oxidado.

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Referencias: