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Poemas de Alaide Foppa para las mujeres cansadas de complacer a los demás

3 de abril de 2018

Esther Pineda G

La poeta Alaide Foppa nació en Barcelona, España, el 3 de diciembre de 1914, de madre guatemalteca y padre argentino. Durante su infancia vivió unos años en Argentina, cursó el bachillerato en Bélgica, inició sus estudios universitarios en Italia y en Roma obtuvo su doctorado en Letras; este contacto con la diversidad cultural enriqueció su pensamiento y se convirtió en una influencia determinante en su obra.


En 1945 conoció en Guatemala al entonces presidente Juan José Arévalo con quien tuvo un romance y su primer hijo; sin embargo, la relación terminó con un gran desengaño. Posteriormente se casó con el intelectual y político de izquierda Alfonso Solórzano, fundador del Partido Guatemalteco del Trabajo con quien procreó cuatro hijos. Se nacionalizó guatemalteca y durante algunos años se desempeñó como profesora de literatura y lengua italiana en la Universidad San Carlos de Guatemala, pero por su posición política y la de su esposo tuvieron que exiliarse en México.

 

En ese país ocupó la primera cátedra de Sociología de la Mujer en la Universidad Autónoma de México, en 1976 fundó la revista feminista FEM y colaboró en el programa radial Foro de la Mujer. Al mismo tiempo publicó los poemarios Poesías (1945), Las sin ventura (1955), Los dedos de mi mano (1960), Aunque es de noche (1962), Guirnalda de primavera (1965), Elogio de mi cuerpo (1970), y Las palabras y el tiempo (1979).

 


Tres de sus hijos, Juan Pablo, Mario y Silvia, se negaron a irse y se unieron a la guerrilla guatemalteca, específicamente al Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP); esta preocupación siempre la acompañaría y se reflejaría en su obra, sobre todo en su poema "Mis hijos", en el que afirmó:


Cinco hijos tengo,

cinco caminos abiertos,

cinco juventudes,

cinco florecimientos.

Y aunque lleve el dolor

de cinco heridas

y la amenaza

de cinco muertes,

crece mi vida

todos los días.


Este miedo se convirtió en realidad, a Juan Pablo lo desapareció la dictadura de Romeo Lucas García en 1980 y un año después asesinaron a Mario durante un ataque al grupo guerrillero. Su esposo, Alfonso Solórzano, abrumado al enterarse de la devastadora noticia, salió desorientado a la calle y murió atropellado.

 

El destino de Alaide Foppa no fue muy diferente, el 19 de diciembre de 1980 volvió a Guatemala a renovar su pasaporte vencido, pero fue secuestrada a plena luz del día por el servicio secreto de Guatemala. A la poeta la desaparecieron, la torturaron, la asesinaron y sus restos nunca fueron hallados. Al respecto afirmó Luz Méndez de la Vega en la antología poética Viento de primavera, que “uno de los motivos de su secuestro y muerte fue porque suponían que, en las frecuentes visitas a su madre, lograba ponerse en contacto con sus hijos y podía servir de correo a los exiliados en México. Las sospechas se agravaron ese último año, cuando después de la desaparición de Juan Pablo, ella se integró al grupo de familiares de los desaparecidos políticos y respaldó sus reclamaciones. Otro motivo fue por formar parte de la directiva de la revista feminista FEM, con la cual nos había mantenido a las feministas guatemaltecas al tanto de los avances del feminismo”.

 

Por esta razón, te invitamos a conocer la faceta feminista y antipatriarcal de esta poeta icónica de América Latina, que se negó a callar aunque puso en riesgo su vida:





"Mujer"

Un ser que aún no

acaba de ser,

no la remota rosa

angelical,

que los poetas cantaron.

No la maldita bruja que

los inquisidores quemaron.

No la temida y deseada

prostituta.

No la madre bendita.

No la marchita y burlada.

Solterona.

No la obligada a ser buena.

No la obligada a ser mala.

No la que vive

porque la dejan vivir.

No la que debe siempre

decir que sí.

Un ser que trata

de saber quién es

y que empieza a existir.


"El sexo"

Oculta rosa palpitante

en el oscuro surco,

pozo de estremecida alegría

que incendia en un instante

el turbio curso de mi vida,

secreto siempre inviolado,

fecunda herida.





"¿Quién eres tú?"

¿Quién eres tú, hijo tardío?

De los otros me parece

que algo sabía

desde el primer día

de duda y esperanza.

Pero tú, inesperado,

¿quién eres?

en ti nunca había pensado.

¿Cómo vas a llegar

a este mundo enemigo

si ni siquiera yo te conozco?

Perdóname, hijo:

hasta me ha parecido

que no había lugar para ti.

Mi corazón, ya lo verás,

es una sangrienta granada abierta.

Y yo estoy cansada.

Además,

tú me vas a quitar

ese retazo de mi vida

que me han dejado los otros:

casi nada,

pero me duele desprenderme

de lo último que me queda.

Tendrás que ayudarme a conocerte.

Y ha de ser tu vida,

tan vigorosa y fuerte,

que devore la mía, alegremente,

y yo lejana de mí misma

y distraída,

apenas lo lamente.



"Ella se siente"

Ella se siente a veces

como cosa olvidada

en el rincón oscuro de la casa,

como fruto devorado adentro

por pájaros rapaces,

como sombra sin rostro y sin peso.

Su presencia es apenas

vibración leve

en el aire inmóvil.

Siente que la traspasan las miradas

y que se vuelve niebla

entre los torpes brazos

que intentan circundarla.

Quisiera ser siquiera

una naranja jugosa

en la mano de un niño

—no corteza vacía—

Una imagen que brilla en el espejo

—no sombra que se esfuma—

Y una voz clara

—no pesado silencio—

Alguna vez escuchada.





"Un día"

Este cielo nublado

de tempestad oculta

y lluvia presentida

me pesa;

este aire denso y quieto,

que ni siquiera mueve

la hoja leve

del jazmín florecido,

me ahoga;

esta espera

de algo que no llega

me cansa.

Quisiera estar lejos,

donde nadie

me conociera:

nueva

como la yerba fresca,

ligera,

sin el peso

de los días muertos

y libre

ir por caminos ignorados

hacia un cielo abierto.



"¿Queda algo todavía?"

¿Hasta dónde, hijos,

queréis mi vida?

Sólo me queda ese poco

que no se puede dar

sin acabarse todo.

Ya casi no me encuentro:

quisiera reconocerme,

siquiera un momento,

en el agua del tiempo.

ese es mi rostro cansado:

brilla aún en el fondo

de la pupila oscura

una pequeña llama

de juventud

y una leve sonrisa recuerda

a la que ya no soy.

Más no me encuentro, hijos:

ya soy sólo esa sombra

que os sigue,

ese nombre sólo vuestro

que siempre suena llamando

y estas manos tendidas

en constante respuesta.

Tengo miedo y me busco:

no sea que un día

de tanto pedirme,

sólo encontréis la huella

de un rostro confuso

desvanecido en el agua

del tiempo que huye.




"Mujer"

Gracia ondulante

de esquiva adolescencia:

como llama escondida,

tiende todo tu anhelo

hacia un futuro intacto

ni siquiera pensado.

Oh ansiosa criatura

a quien nada detiene,

hasta temes ahora

El peso de un anillo.

llega el amor,

y frena tu deseo

el miedo de cerrar

la esperanzada espera:

amor es rumbo ciego

hacia un solo destino,

que impide otro camino.

Criatura cautiva

ee tu misma esperanza

y de tu libre anhelo.

No hay libertad.

ya tu paso cansado,

el aliento en suspenso

y tú pesado vientre

te enseñaron un día

que la esperanza estaba

en sangre sepultada.

Oh dócil criatura

es la fecundidad

callada servidumbre.

Esa alegría

del parto, para siempre

te dejó desunida.

Ya no cabe en ti sola

esperanza tan grande

y crece tu dolor

en una tierra nueva.

Partida criatura,

escondes en el pecho

Una granada abierta.

niña ante la ventana

con la rosa en la mano,

tierna grávida esposa,

ansiosa enamorada

o desvelada madre

que va hilando su tela

de esperanzas y anhelos,

criatura incompleta,

apenas es tu vida

una insegura espera.



**


El patriarcado hace creer a las mujeres que su único destino es el matrimonio, la maternidad y el hogar; sin embargo, tienes otras opciones, por ello, seguro te gustarán estos poemas de Kyra Galván para valorarte como mujer antes de que sea demasiado tarde.




**


Las imágenes que acompañan el texto pertenecen a la artista Elisa Riemer.


TAGS: Feminismo Poemas
REFERENCIAS:

Esther Pineda G


Colaborador

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