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3 poemas de escritores latinoamericanos que deberías leer para saber si estás enamorado

14 de noviembre de 2017

Caro Urquiza



Vivimos una época intensa, instantánea, que busca la gratificación inmediata a cualquier nivel. Extraviamos en el vórtice del caos los detalles simples que ahora raramente se ven. Buscamos culpables —la tecnología, el acelerado ritmo de vida, la “generación millennial” señalada en más de una ocasión— de volver todo efímero, incluidas las relaciones interpersonales. Pero no lo neguemos, pese a todo esto aún hay lugares que resisten, cosas simples que nos permiten dar un respiro cuando el mundo nos supera, cuando lo que queremos es un momento de intimidad y liberación.


La poesía es una de esas simples cosas que transmiten alegría, amor, sensualidad y cualquier emoción existente. No es casualidad, que en esos bellos párrafos el autor desfoga su sentir, lo dirige a una persona, una situación o un sentimiento, lo que nos permite crear una empatía única con el lector, a pesar de los años o décadas que nos separan. Los siguientes tres autores son hitos de la Literatura latinoamericana; desde cada una de sus épocas y latitudes supieron cambiar el rumbo de las letras hispanoamericanas con su talento. Date un momento, respira y lee los siguientes textos; es probable que en alguno de ellos encuentres eso que quieres dedicar, lo que sea que quieras decir pero que no has podido expresar.





"Te quiero a las diez de la mañana" de Jaime Sabines (1925-1999, México)


Pocas líneas necesitó este poeta mexicano para plasmar la complejidad de una relación afectuosa; desde la necesidad de querer tener a tu lado a esa persona a cada hora, pasando por el momento de entrega total, hasta el hartazgo que puede producir por momentos la cercanía de afectos. Encuentras en palabras sencillas la forma ideal de decirle a alguien lo grande que es tu amor, a pesar de la cotidianidad que puedan vivir.


Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí. 





Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño. 


Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?



"¿En perseguirme, mundo, qué interesas?" de Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695, México)


Una de las primeras mujeres feministas latinoamericanas. Rompió todos los esquemas de su época y sus textos dan fe de ello. Su rebeldía se reflejaba en los cuestionamientos de los estándares típicos de la mujer en su época; su firmeza de carácter y su búsqueda más allá de lo que la sociedad podía ofrecer la hacen un ícono. Por eso, este texto te vendrá bien cuando sientas que lo que ves no puede ser lo único y quieres ir por más.





¿En perseguirme, mundo, qué interesas? 

¿En qué te ofendo, cuando sólo intento 

poner bellezas en mi entendimiento 

y no mi entendimiento en las bellezas?


Yo no estimo tesoros ni riquezas,  

y así, siempre me causa más contento 

poner riquezas en mi entendimiento 

que no mi entendimiento en las riquezas.


Yo no estimo hermosura que vencida 

es despojo civil de las edades  

ni riqueza me agrada fementida,


teniendo por mejor en mis verdades 

consumir vanidades de la vida 

que consumir la vida en vanidades.



"Viceversa" de Mario Benedetti (1920-2009, Uruguay)


Muchos lo critican por la simplicidad y la dulzura que las composiciones despiden, pero es un referente obligado para todo aquel que está pasando por las etapas iniciales del enamoramiento. Sí, justo cuando estás en ese interminable vaivén de emociones, entre que quieres ver a tu crush, pero también quisieras desaparecer por los nervios.





Tengo miedo de verte 

necesidad de verte 

esperanza de verte 

desazones de verte 


tengo ganas de hallarte 

preocupación de hallarte 

certidumbre de hallarte 

pobres dudas de hallarte 


tengo urgencia de oírte 

alegría de oírte 

buena suerte de oírte 

y temores de oírte 


o sea 

resumiendo 

estoy jodido 

y radiante 

quizá más lo primero 

que lo segundo 

y también 

viceversa.



**


Durante la mitad del siglo XX la poesía mexicana marcó un antes y un después no sólo en el género, sino en toda la Literatura nacional. 
Rodolfo Usigli
 y sus poemas de la muerte, y
Rosario Castellanos
 con su valiente poesía del amor son grandes figuras entre los escritores mexicanos.



TAGS: Recomendaciones Poemas Escritores latinoamericanos
REFERENCIAS:

Caro Urquiza


Colaborador

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