10 poemas de Federico García Lorca que debes conocer

Jueves, 3 de noviembre de 2016 10:29

|Alejandro Arroyo Cano
poemas de federico garcia lorca




Entre los pueblos del Soto de Roma, hay uno que se llama Fuente Vaqueros y otro Asquerosa. En el primero de los dos nació Federico García Lorca el 5 de junio de 1898. Poco después, su familia se trasladó al poblado más cercano, es decir, a Asquerosa. Aquí vivió su niñez y su adolescencia, cuyo paisaje influyó sus primeros versos. Así inició la historia de un poeta limpio y puro, de amplio corazón que hacía grande y honda su poesía y vida, llena de humanismo.


"Tengo una poesía de abrirse las venas, una poesía evadida ya de la realidad como una emoción donde se refleja todo mi amor por las cosas y mi guasa por las cosas. Amor de morir y burlar de morir", se describió el propio Lorca como si ya tuviera consciencia de su futuro trágico, pero sin importarle porque tenía una montaña de lecciones por delante y que podemos aprender al leer sus letras.


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La personalidad humanista con la que se bendijo a Lorca llegó desde su casa. Su padre, Federico García Rodríguez, hombre sencillo, robusto, acomodado e inteligente, se casó con Vicenta Lorca, una maestra callada, discreta, amable y de dulce voz. Así se formó un hogar lleno de comprensión y armonía. El pequeño Federico y sus hermanos, niños sanos, alegres inteligentes y traviesos, jugueteaban en el vasto campo. Perseguían polluelos de perdiz o mariposas, cortaban amapolas o espigas de trigo. Sólo la monotonía de la escuela ensombrecía su alegre existencia.


En 1915 empieza a nacer el poeta en García Lorca. Una poesía íntima, de adolescente impulsado por el ansia de crear. Los primeros escritos que publica son trabajos en prosa. Años más tarde se traslada a Madrid y se hospeda en la famosa Residencia de Estudiantes, donde conoce a Salvador Dalí y Luis Buñuel entre tertulias y noches sin fin en el Café Alameda. A partir de este momento la obra de Federico fue un éxito. Publica "El romancero" (1924), "Mariana Pineda" (1925), "Romancero Gitano" (1928), "Poeta en Nueva York" (1930) y "Bodas de sangre" (1933).


El 10 de junio de 1936 Lorca había manifestado una visita inminente a México, pero algo pasó en la cabeza del poeta, ya que en lugar de tomar camino a su destino antes dicho, se dirigió a Granada. El 17 de julio estalló el movimiento militar-falangista contra la República y una de las primeras noticias trágicas que recorre el mundo es el fusilamiento de Federico García Lorca. Según la noticia, el poeta había sido descubierto en casa de un amigo y estaba preso. No se sabía cómo, si por un error o por venganza personal lo había detenido. 


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En la serenidad de las primeras horas del día, volvió a caminar por  aquellos campos que décadas atrás le dieron tantos momentos de amor entre amigos y hermanos. Ahí, entre la tierra y el polvo su cuerpo cayó sin vida tras el fusilamiento.


A continuación te presentamos 10 hermosos poemas de Federico García Lorca.


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El poeta habla por teléfono con el amor


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Tu voz regó la duna de mi pecho

en la dulce cabina de madera.

Por el sur de mis pies fue primavera

y al norte de mi frente flor de helecho.


Pino de luz por el espacio estrecho

cantó sin alborada y sementera

y mi llanto prendió por vez primera

coronas de esperanza por el techo.


Dulce y lejana voz por mí vertida.

Dulce y lejana voz por mí gustada.

Lejana y dulce voz amortecida.


Lejana como oscura corza herida.

Dulce como un sollozo en la nevada.

¡Lejana y dulce en tuétano metida!


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Llagas de amor 


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Esta luz, este fuego que devora.

Este paisaje gris que me rodea.

Este dolor por una sola idea.

Esta angustia de cielo, mundo y hora.


Este llanto de sangre que decora

lira sin pulso ya, lúbrica tea.

Este peso del mar que me golpea.

Este alacrán que por mi pecho mora.


Son guirnalda de amor, cama de herido,

donde sin sueño, sueño tu presencia

entre las ruinas de mi pecho hundido.


Y aunque busco la cumbre de prudencia

me da tu corazón valle tendido

con cicuta y pasión de amarga ciencia.


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Largo espectro


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Largo espectro de plata conmovida

el viento de la noche suspirando,

abrió con mano gris mi vieja herida

y se alejó: yo estaba deseando.

Llaga de amor que me dará la vida

perpetua sangre y pura luz brotando.

Grieta en que Filomela enmudecida

tendrá bosque, dolor y nido blando.

¡Ay qué dulce rumor en mi cabeza!

Me tenderé junto a la flor sencilla

donde flota sin alma tu belleza.

Y el agua errante se pondrá amarilla,

mientras corre mi sangre en la maleza

mojada y olorosa de la orilla.


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El pecho del poeta


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Tú nunca entenderás lo que te quiero

porque duermes en mí y estás dormido.

Yo te oculto llorando, perseguido

por una voz de penetrante acero.


Norma que agita igual carne y lucero

traspasa ya mi pecho dolorido

y las turbias palabras han mordido

las alas de tu espíritu severo.


Grupo de gente salta en los jardines

esperando tu cuerpo y mi agonía

en caballos de luz y verdes crines.


Pero sigue durmiendo, vida mía.

¡Oye mi sangre rota en los violines!

¡Mira que nos acechan todavía!


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Si mis manos pudieran deshojar


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Yo pronuncio tu nombre

en las noches oscuras,

cuando vienen los astros

a beber en la luna

y duermen los ramajes

de las frondas ocultas.

Y yo me siento hueco

de pasión y de música.

Loco reloj que canta

muertas horas antiguas. 


Yo pronuncio tu nombre,

en esta noche oscura,

y tu nombre me suena

más lejano que nunca.

Más lejano que todas las estrellas

y más doliente que la mansa lluvia. 


¿Te querré como entonces

alguna vez? ¿Qué culpa

tiene mi corazón?

Si la niebla se esfuma,

¿qué otra pasión me espera?

¿Será tranquila y pura?

¡¡Si mis dedos pudieran

deshojar a la luna!! 


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Alba


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Mi corazón oprimido

siente junto a la alborada

el dolor de sus amores

y el sueño de las distancias.

La luz de la aurora lleva

semillero de nostalgias

y la tristeza sin ojos

de la médula del alma.

La gran tumba de la noche

su negro velo levanta

para ocultar con el día

la inmensa cumbre estrellada. 


¡Qué haré yo sobre estos campos

cogiendo nidos y ramas,

rodeado de la aurora

y llena de noche el alma!

¡Qué haré si tienes tus ojos

muertos a las luces claras

y no ha de sentir mi carne

el calor de tus miradas! 


¿Por qué te perdí por siempre

en aquella tarde clara?

Hoy mi pecho está reseco

como una estrella apagada. 


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Al oído de una muchacha


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No quise.

No quise decirte nada.

Vi en tus ojos

dos arbolitos locos.

De brisa, de risa y de oro.

Se meneaban.

No quise.

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Ciudad sin sueño


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No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie. 

No duerme nadie.

Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.

Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan

y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas

al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.


No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.

No duerme nadie.

Hay un muerto en el cementerio más lejano

que se queja tres años

porque tiene un paisaje seco en la rodilla;

y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto

que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.


No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!

Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda

o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.

Pero no hay olvido, ni sueño:

carne viva. Los besos atan las bocas

en una maraña de venas recientes

y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso

y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.


Un día

los caballos vivirán en las tabernas

y las hormigas furiosas

atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.


Otro día

veremos la resurrección de las mariposas disecadas

y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos

veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.

¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!

A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,

a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente

o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,

hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,

donde espera la dentadura del oso,

donde espera la mano momificada del niño

y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.


No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.

No duerme nadie.

Pero si alguien cierra los ojos,

¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!


Haya un panorama de ojos abiertos

y amargas llagas encendidas.


No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.

Ya lo he dicho.

No duerme nadie.

Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,

abrid los escotillones para que vea bajo la luna 

las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.

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La sombra de mi alma


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He llegado a la linea donde cesa la nostalgia,

y la gota de llanto se transforma

alabastro de espíritu.

¡La sombra de mi alma!

El copo del dolor se acaba,

pero queda la razón y la sustancia

de mi viejo mediodía de labios,

de mi viejo mediodía de miradas.

Un turbio laberinto

de estrellas ahumadas

enreda mi ilusión casi marchita.

¡La sombra de mi alma!

Y una alucinación me ordeña las miradas

veo la palabra amor desmoronada.

¡Ruiseñor mío!¡Ruiseñor!

¿Aún cantas?


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Sueño


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Mi corazón reposa junto a la fuente fría. 

(Llénala con tus hilo,

Araña del olvido).

El agua de la fuente su canción le decía.

(Llénala con tus hilo,

Araña del olvido).


Mi corazón despierto sus amores decía,

(Araña del silencio,

Téjele tu misterio).


El agua de la fuente lo escuchaba sombría. 

(Araña del silencio,

Téjele tu misterio).


Mi corazón se vuelve sobre la fuente fría.

(Manos blancos, lejanas,

Detened a las aguas).


Y el gua se lo lleva cantando de alegría.

(Manos blancas, lejanas,

Nada queda en las aguas).



REFERENCIAS:
Alejandro Arroyo Cano

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