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Poemas de Flor Codagnone para cada mujer que falta y muere por la violencia machista

Letras Poemas de Flor Codagnone para cada mujer que falta y muere por la violencia machista

Flor Codagnone es una poeta argentina nacida en la ciudad de Buenos Aires en 1982. Escribió su primer poema a los ocho años, aunque, como ella lo ha señalado, le costó mucho asumirse como escritora. Es licenciada en Periodismo, pero en 2013 abandonó la universidad en la que daba clases, pasó de entrevistar a ser la entrevistada y comenzó a involucrarse con más fuerza en el mundo literario. Se desempeñó como editora y traductora, además de dictar cursos, talleres y clínicas literarias. Ese mismo año publicó su primer poemario Mudas, al que le seguirían Celo (2014), Resto (2016) y Filos (2017); en este último aborda de manera profunda y descarnada la violencia contra las mujeres.


Aunque en su poesía siempre ha habido "algo muy fuerte con lo femenino; algo que se desprende de mi voz y de mi cuerpo", fueron los feminicidios de Daiana García y de Melina Romero, aunado a la interpelación de una estudiante a denunciar las atrocidades del sistema patriarcal, lo que llevaron a Flor a poetizar sobre la violencia de género y los asesinatos machistas, en una sociedad que se sigue ensañando contra la mujer.


Poemas de Flor Codagnone para cada mujer que falta y muere por la violencia machista 0

 

Por eso, te invitamos a conocer a esta poeta y a levantar la voz contra la injusticia:

 

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¿Por qué escribo este poema?

¿por qué lo digo? ¿por qué sostengo

este papel? si, cuando me mataste,

llevaba otro en la cartera,

una sucesión de letras, una barrera de palabras,

que debía separarte 100 200 300 400 500 metros

de mí. Un muro imposible,

que no postergó

tus insultos, tu bruta carne;

no detuvo los golpes, ni cada una

de las puñaladas.

Mi femenino no está en un papel.

Mi territorio no está en un papel.

Mi casa no es de papel, ni mi cuerpo

ni mi verdad, ni aquello que me libera

y me resguarda.

La justicia por mí no está un papel.

(La justicia, a veces, no está en la justicia)

La mujer no es un papel,

no está allí (ni en un poema)

y, vos, cobarde, tampoco,

te fuiste en bicicleta.

 

**

Nena soy,

así te gusto,

así me tocás,

me abrís,

penetrás el bosque

de mi niñez.

Nena, nenita

me buscás, rompés

el himen

de mi infancia

y ya no le sirvo

a tu perversión.

Nena muero

en tus manos, me asfixia

la bolsa

de tu enfermedad.

Hecha trizas me elevo

en la consciencia

de no saberme tu objeto.

 

  Poemas de Flor Codagnone para cada mujer que falta y muere por la violencia machista 1

 

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Estoy fingiendo

que no te quiero,

que no me importa

la hoguera, la bolsa negra,

la asfixia terrena,

el vientre herido,

el residuo del residuo

en el que me convertís

cada vez que te molesta mi sexo.

Cada cadáver de mujer soy

cada cadáver de mujer soy

cada falta, cada mujer que falta.

 

**

Un río de sangre fluye

dentro de mí, me inunda

hasta ahogarme.

Afuera, algo no cambia,

mi verdadera inseguridad

es a la vista de todos

y es lo que todos callan:

la percha, la aguja de tejer,

la navaja, la jeringa, el desinfectante.

las pastillas, la sal, los yuyos,

el alcohol, la Coca-Cola,

el último sueño, perdido,

en la camilla del abortista

en la que comienzo a convertirme

en una estadística-hemorragia.

 

Poemas de Flor Codagnone para cada mujer que falta y muere por la violencia machista 2

 

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Han apuñalado mi nombre

una vez por lo que pienso,

otra por lo que digo,

una más por cómo visto.

Han rasgado el género

que me cubre

y dieron una puntada

en mi vientre.

Fue a la vista de todos:

mi sexo no es falta.

 

**

Caí empujada,

por un barranco

salvada por el pánico

de tan sólo dieciséis.

La otra chica que soy

ya no respira,

está golpeada,

enterrada,

con su embarazo

de tan sólo catorce,

asesinada por su novio

de tan sólo dieciséis.

Otra, de veintidós, no puede

hablar, decir su nombre,

a quién le teme, cuál es su grito,

quién le ha quitado la posibilidad.

 

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Elegí mi nombre, mi velo, mi género

y fui una mujer tan distinta como todas.

la identidad no se gesta

en la entrepierna

ni en la ropa.

Yo construí mi libertad

a los golpes. Me acusaron,

me violaron, me mutilaron,

me redujeron a un cadáver,

buscabas un nombre

un género, que no era míos,

un velo distinto.

Yo no elegí tu odio y

mi identidad no se muere

con la muerte.

Ahora soy yo la que te acusa.

 

**

En nombre de dios

me arrastrás, borrás mi nombre

me atás a heridas que no merezco,

a un cuerpo que no merecemos

ni mis hijas ni yo.

Es a puertas cerradas,

tu religión, mi cárcel,

pero, hoy,

de esa violencia se escapa.

 

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Dicen que soy la muerta-aparecida,

la encontrada-muerta,

eso dicen los medios

que me siguen asesinando.

 

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La muerte de hoy fue azul,

uniforme y reglamentaria.

Morí en manos del poder

de un hombre que ya no vela.

Toda mi inseguridad

comienza con un grito,

un temblor,

en mis pechos, en mis manos

en mi género, en la consciencia

de saber decirte no.

 

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Soy las trizas

que de mí quedan

entre las pajas del monte. Quisiste

esconder mi cuerpo, tirarlo

al río, pero él sabe de respeto.

Sabe que si una mujer no se deja

no hay que llevarla por la fuerza.

Sabe que ya habías violado,

que estuviste preso.

El río no quiere esconder

mi cadáver ni tu culpa,

entonces me arrastrás,

me tajeás,

me cubrís con ramas,

querés enterrar tu golpe

familiar, mortífero, certero,

pero eso no basta:

te condenan

cada uno de tus actos

y cada uno de mis pedazos.

 

**

Nos fusilaron

en el cuerpo enfermo

de una sociedad-padre

que no despierta,

que supura violencia, asco, hastío,

que me devuelve la carne

como mercancía.

Hija eras

y ahora sos

el botín muerto

eras el fruto joven y amoroso, crecías.

Y, yo, la madre fiel esposa

de un terror que no acaba.

Sí, fue tu padre, la sentencia,

el pelotón final,

la sangre de tu sangre

nos asesina.

Somos las fusiladas, vivimos

en los gritos mudos y en las balas torvas,

en cada una de las mujeres, en cada uno

de nuestros cadáveres.

 

 

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Las mujeres cargan una condena de silencio, por eso son ignoradas y desaparecidas, así que te invitamos a leer los poemas de Jhoana Patiño que son un grito no silenciado para luchar contra la violencia hacia las mujeres

 


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Las imágenes que ilustran el texto pertenecen a la artista Sara Shakeel 


 


Referencias: