Poemas de muerte y dolor para corazones heridos
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Poemas de muerte y dolor para corazones heridos

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Por: Annie Herrera

28 de noviembre, 2018

Letras Poemas de muerte y dolor para corazones heridos
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Por: Annie Herrera

28 de noviembre, 2018

La partida de un ser querido puede dejarte con un gran dolor en el corazón; ese vacío puede causarte sentimientos negativos y un vacío que poco a poco consuma tu espíritu hasta provocarte las más oscuras emociones que sólo podrás sacar de tu interior expresándolas ya sea verbalmente o con palabras y poemas de muerte y dolor como los que te presentaremos a continuación.

 

1.-Caverna de José Emilio Pacheco

 

Es verdad que los muertos tampoco duran

Ni siquiera la muerte permanece

Todo vuelve a ser polvo

 

Pero la cueva preservó su entierro

 

Aquí están alineados 

cada uno con su ofrenda

los huesos dueños de una historia secreta

 

Aquí sabemos a qué sabe la muerte

Aquí sabemos lo que sabe la muerte

La piedra le dio vida a esta muerte

La piedra se hizo lava de muerte

 

Todo está muerto

En esta cueva ni siquiera vive la muerte

 

2.-Cuando tengas ganas de morirte de Jaime Sabines

Cuando tengas ganas de morirte

esconde la cabeza bajo la almohada

y cuenta cuatro mil borregos.

 

Quédate dos días sin comer

y verás qué hermosa es la vida:

carne, frijoles, pan.

 

Quédate sin mujer: verás.

Cuando tengas ganas de morirte

no alborotes tanto: muérete y ya.


3.- Recuérdame de David Harkins

Puedes llorar porque se ha ido, o puedes 

sonreír porque ha vivido.

Puedes cerrar los ojos 

y rezar para que vuelva o puedes abrirlos y ver todo lo que ha 

dejado;

tu corazón puede estar vacío 

porque no lo puedes ver, 

o puede estar lleno del amor 

que compartisteis.

Puedes llorar, cerrar tu mente, sentir el 

vacío y dar la espalda,

o puedes hacer lo que a ella le gustaría:

sonreír, abrir los ojos, amar y seguir.

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4.-Mi corazón oprimido de Federico García Lorca

Mi corazón oprimido

Siente junto a la alborada

El dolor de sus amores

Y el sueño de las distancias.


La luz de la aurora lleva

Semilleros de nostalgias

Y la tristeza sin ojos

De la médula del alma.


La gran tumba de la noche

Su negro velo levanta

Para ocultar con el día

La inmensa cumbre estrellada.

 

¡Qué haré yo sobre estos campos

 

Cogiendo nidos y ramas

Rodeado de la aurora

Y llena de noche el alma!


¡Qué haré si tienes tus ojos

Muertos a las luces claras

Y no ha de sentir mi carne

El calor de tus miradas!


¿Por qué te perdí por siempre

En aquella tarde clara?

Hoy mi pecho está reseco

Como una estrella apagada.

5.- Presencia de José Emilio Pacheco

¿Qué va a quedar de mí cuando me muera

sino esta llave ilesa de agonía,

estas pocas palabras con que el día,

dejó cenizas de su sombra fiera?

 

¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera

esa daga final? Acaso mía

será la noche fúnebre y vacía

que vuelva a ser de pronto primavera.

 

No quedará el trabajo, ni la pena

de creer y de amar. El tiempo abierto,

semejante a los mares y al desierto,

 

ha de borrar de la confusa arena

todo lo que me salva o encadena.

Mas si alguien vive yo estaré despierto.

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6.-No es que muera de amor de Jaime Sabines

No es que muera de amor, muero de ti. 

Muero de ti, amor, de amor de ti, 

de urgencia mía de mi piel de ti, 

de mi alma, de ti y de mi boca 

y del insoportable que yo soy sin ti. 

 

Muero de ti y de mi, muero de ambos, 

de nosotros, de ese, 

desgarrado, partido, 

me muero, te muero, lo morimos. 

 

Morimos en mi cuarto en que estoy solo, 

en mi cama en que faltas, 

en la calle donde mi brazo va vacío, 

en el cine y los parques, los tranvías, 

los lugares donde mi hombro 

acostumbra tu cabeza 

y mi mano tu mano 

y todo yo te sé como yo mismo. 

 

Morimos en el sitio que le he prestado al aire 

para que estés fuera de mí, 

y en el lugar en que el aire se acaba 

cuando te echo mi piel encima 

y nos conocemos en nosotros, 

separados del mundo, dichosa, penetrada, 

y cierto , interminable. 

 

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos 

entre los dos, ahora, separados, 

del uno al otro, diariamente, 

cayéndonos en múltiples estatuas, 

en gestos que no vemos, 

en nuestras manos que nos necesitan. 

 

Nos morimos, amor, muero en tu vientre 

que no muerdo ni beso, 

en tus muslos dulcísimos y vivos, 

en tu carne sin fin, muero de máscaras, 

de triángulos oscuros e incesantes. 


Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo, 

de nuestra muerte ,amor, muero, morimos. 


En el pozo de amor a todas horas, 

inconsolable, a gritos, 

dentro de mi, quiero decir, te llamo, 

te llaman los que nacen, los que vienen 

de atrás, de ti, los que a ti llegan. 


Nos morimos, amor, y nada hacemos 

sino morirnos más, hora tras hora, 

y escribirnos y hablarnos y morirnos.


7.-Al triste de Jorge Luis Borges

Ahí está lo que fue: la terca espada

del sajón y su métrica de hierro,

los mares y las islas del destierro

del hijo de Laertes, la dorada

luna del persa y los sin fin jardines

de la filosofía y de la historia,

el oro sepulcral de la memoria

y en la sombra el olor de los jazmines.


Y nada de eso importa. El resignado

ejercicio del verso no te salva

ni las aguas del sueño ni la estrella

que en la arrasada noche olvida el alba.

Una sola mujer es tu cuidado,

igual a las demás, pero que es ella.

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8.- Soledad de la campana de José Emilio Pacheco

Soledad de la campana.

Le dice adiós al tañido.


Último son de su bronce,

flecha ardiente en el silencio.


Vaga en busca de los ecos

pero nadie le contesta.


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Referencias: