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Poemas de Oriette D'Angelo para entender por qué las mujeres crecemos rotas y heridas

6 de febrero de 2018

Esther Pineda G

La poeta Oriette D'Angelo nació en Caracas el 12 de junio de 1990. Estudió Derecho en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), ya que deseaba dedicarse a la criminología; sin embargo, la vida quiso desviarla de ese propósito y dirigió sus pasos hacia el mundo de las letras; ámbito en el que ella se considera: "no soy más que una muñeca rota intentando escribir".

 

En el 2014 resultó ganadora en la categoría de poesía de la XII Edición del Concurso para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores Latinoamericana con su poemario Cardiopatías, el cual fue publicado en 2016. Al año siguiente, obtuvo el segundo lugar en el I Concurso de Crónicas de la Fundación Seguros Caracas y en 2016 se hizo acreedora del tercer lugar en el Concurso Iberoamericano de Poesía Letras de Libertad de Un Mundo Sin Mordaza.

 


En 2017 publicó su segundo libro, una antología de poesía venezolana titulada Amanecimos sobre la palabra. La profunda crisis política, económica y social de su país la llevó a emigrar a la ciudad de Chicago, en Estados Unidos. La vulnerabilidad, la pobreza y la violencia de un país fracturado ha hecho que la poeta lo retrate en sus poemas "Rodilla en tierra", "This must be the place" y, sobre todo, en el directo y doloroso "Suena Caracas":

 

Caracas, nombre propio

ápice de lodo

seis punto siete de último temblor

Ciudad-país de ritos mortuorios

ritos que alcanzan todas las esquinas

Aplauso hacia sí misma adentro

tu soledad de calle adentro

tu última nación

Suena hijo en hospital

Suena dedo rozando basura

Suena grito/callejón de sangre

Suena estómago vacío

Suena llanto de padre asesinado

Suena ¡boom! disparo en cara

Suena ¡boom! disparo en tórax

Suena hospital lleno de niños

llorando suelo lleno de niños

llorando morgue llena de madres

Suena ¡boom! amigos muertos amigos

con el pecho lleno de metales

Suena la tarima la mentira

de una máscara-canción

Caracas, rugido de leones

que no llegan a otros mundos

ciudad-orgullo de creerse todo

sin pronunciarse de verdad

sin creerse de verdad

sin decir en voz alta lo que somos porque no

lo aguantamos

Ciudad que suena

y grita fuerte hacia un público

tieso que no aplaude

Somos Caracas

y aquí hacemos una fiesta

para tapar el sonido de los muertos.

 

Hoy cursa un master en Comunicaciones Digitales en DePaul University Chicago; al mismo tiempo se desempeña como editora y fundadora de la plataforma literaria Digo.palabra.txt, espacio en el que rescata y visibiliza la poesía y la narrativa clásica, pero también contemporánea e inédita. Por eso, te invitamos a conocer a esta poeta venezolana que no se queda callada y usa la poesía como protesta:

 

 

"A los hombres no les gustan las mujeres rotas"


Nadie sabe que maltrata

hasta que rompe un hueso

y aun así

los morados de la piel no saben de perdones

las heridas disecadas sólo cuentan una historia

Todo cuerpo supura infiernos

todo cuerpo admite queja

exilio

Nadie sabe que maltrata

hasta que asesina

Nadie sabe que tiene fuerza

hasta que aprieta una garganta

luego abandona

sale corriendo

echa culpas

justifica puños

y huele a sangre

Todo cuerpo odia el desgarro

toda ausencia es un primer auxilio

Nadie sabe que es poco hombre

hasta que toca a una mujer

para romperla.

 

 


"Crecer era aquello"


Me dijeron que no

que no podía crecer así

siendo la muchacha mala de la historia

la que de ventana escogió mar

           no juguete

tierra

          y no pantalla

Me dijeron que crecer era «aquello»

no «esto»

que no

que no podía escoger querer vivir

con madre y tormenta

Tenía que escoger el paraíso

siempre así

                     superficial

desde la seguridad de los balcones

Me dicen que no

que no tenía por qué ver cómo hacían de madre

muñeca de trapo

Tenía que crecer lejos

desde la seguridad de la memoria

siempre así

siempre desde lo correcto

mirando hacia el piso así

siempre buena

triste.

 

 


"Probablemente"


Mientras lees este poema

alguien

está siendo asesinado

alguien

probablemente mujer

está siendo grabada sin su consentimiento

alguien

probablemente tú

está siendo acosado

alguien recibe un insulto

una crítica

una ofensa

y nadie está haciendo nada

probablemente alguien esté gritando

pidiendo ayuda

pero tú estás leyendo este poema

cuando he terminado de escribirlo

probablemente tanto tú como yo

seamos vulnerables al ataque

en         este         preciso         momento

un hombre dice que las mujeres no saben escribir

un hombre dice que las mujeres no saben cocinar

un hombre insulta

soborna

retuerce

un hombre silencia

una mujer aguanta

cada 40 segundos alguien se suicida

y aquí ya vamos por el segundo 40

es probable que al terminar este poema

ya hayan muerto dos personas

(a manos de sí mismas)

pero no vamos a ponernos románticos

no vamos a hablar del suicidio

porque hay gente que lo estudia

que se llena las manos de sangre por nosotros

no vamos no

a criticar a los muertos

a pensar que podíamos salvarlos

mientras la depresión la padecen todos

todos tenemos derecho a morirnos

y si por algunos hombres fuera

nosotras no tendríamos derecho a escribir

dirían que este poema ya lleva 120 segundos

y que tres personas han muerto

por nuestra culpa.

 



"Cansancio"


Estoy cansada del machismo literario

de los círculos herméticos

de los que quieren manejarlo todo y tener la última palabra

de los que coordinan antologías sólo para incluir a sus amigos,

a su gente cercana, a su gente querida

de los que creen que nadie puede protestar

ante lo que parece injusto

porque para qué quejarte

para qué gritar

cansada

de los que creen decidir que lo tuyo no es poesía

que lo de otros no es poesía

que lo único que es poesía es lo suyo

que para qué escriben si no saben cómo se hace

que para qué lo intentan

que para qué buscan

existir

cansada

de los que esperan que ganes premios para considerarte

(no en las antologías donde están sus amigos, claro)

(ni en su larga lista de contactos)

(ni en su agenda personal de gente de la cual hablar)

de los que te llaman “niña poeta” o “poetisa”

para disminuirte

porque «la niña» no sabe lo que está haciendo

sólo quiere hablar de sus desamores y heridas e intentos

y para eso escogió la poesía

pobre «niña» desahuciada

pobre «niña» sin generación

que no escogió otra cosa que la hiciera feliz

cansada

de los que usan problemas personales para cerrarte las puertas

de los que primero te cierran la puerta y luego arman un escándalo

de los que dicen que todo lo que consiguen las mujeres

es por su belleza

de los que hablan de la «poesía femenina» para indicar que la «masculina» es mejor

de los que se quejarán porque uno tiene algo que decir

de los que se quejarán porque uno tiene un blog

de los que se quejarán porque uno no se queda callado

de los que pensarán que esto sólo es un poema y no una protesta

no protesta

ni grito

ni poema

ni nada.

 



"Trece años"


La niña tiene trece años y la nombra un terremoto.

La niña está loca, se escucha

La niña está loca y desobedece

lava mal la ropa del colegio

huele mal la ropa del colegio

huele mal la niña

la niña está loca

sólo lee y come

ve televisión y odia

grita y saca buenas notas

muere en un cuarto que no es suyo

no me escucha cuando grito

no me escucha cuando odio

no abre la puerta

se encierra la niña

loca

no me habla

no come conmigo

no me soporta

y la niña loca no sabe

tener trece años

no sabe explotar la belleza

de sus ojos tamaño asteroide

sólo escribe y hace amigos

amigos que pronto serán su casa

su espasmo

sus primeros amores

alojados en pantallas

la niña loca es suicida

un cliché

se rasga los brazos con amigas

y sufre con ellas.

Escucha música fuerte y pinta animales.

Escribe poemas que no leerá.

Recorta cuadernos

para construirse un barranco.

Sabe que sus pechos crecen y con ellos su desgaste

sabe que todo está

destinado a morir

no tiene miedo de saltar.

No sabe cómo se tocan las ondulaciones del cuerpo

nadie le enseña a sentir y su vida está cambiando

nadie le enseña

que está bien sangrar

cuando no se lo provoca

nadie le hace caso a la niña

porque la niña está loca

no sabe tener trece años

y querer continuar viviendo.

 



**


Si te gustaron estos poemas también te recomendamos leer los poemas de Silvia Cuevas Morales para cuando te sientes harta de las injusticias contra las mujeres.


**


Las imágenes que acompañan al texto pertenecen a la artista canadiense Alexandra Levasseur.


TAGS: Feminismo Poemas escritoras
REFERENCIAS:

Esther Pineda G


Colaborador

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