INICIO NOTICIAS VIDEO SERIES INFOGRAFÍAS ARTE FOTO CINE HISTORIA LETRAS MÚSICA DISEÑO ESTILO DE VIDA MODA VIAJES CIENCIA Y TECNOLOGÍA COMIDA

Todos los derechos reservados 2017
© Cultura Colectiva

Poemas de Patricia Vergara para que nunca callen tu voz violentada

2 de mayo de 2018

Esther Pineda G

Patricia Karina Vergara Sánchez nació el 29 de octubre de 1974 en la Ciudad de México, y afirma que es: “India. Morena, chata de la cara, en un país obsesivamente racista. Soy lesbiana, en una nación que compulsivamente me persigue (…) Soy gorda, en la cuna de la tortura estética, de la anorexia y de la bulimia".

 

Es licenciada en Ciencias de la Comunicación egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se ha desempeñado como profesora, periodista y escritora, publicando sus cuentos y poemas de forma artesanal y en sus blogs "Cuentitos lesbianos" y "Esta boca es mía".

 

(Fotografía tomada por Andrea Vega Sánchez)


Su obra es un acto de impostura, de denuncia, de irreverencia, de afirmación feminista, étnica y lésbica. Patricia Vergara no es una poeta pasiva, romántica, contemplativa, por el contrario, toma posición contra la violencia de género, la violación, el feminicidio; expone al agresor, pero también la complicidad y las prácticas patriarcales de muchas mujeres que se dicen feministas.

 

Te invitamos a conocer a esta poeta mexicana que se niega a frenar la lengua:



"Basta"


No supliques, no gimas, no exijas más.

No habrá justicia.

Nadie tendrá misericordia para ti.

Aun cuando te saquen los ojos, como a Nabila,

los aliados del agresor declararán que lo mereces.

Nadie tendrá piedad de tu madre,

aun cuando pase décadas implorando saber,

preguntando por el cuerpo de su niña muerta.

La gente dirá que te fuiste de puta y serás olvidada.

Nadie tendrá caridad para tu hija

que crecerá con hambre de tu abrazo y de todo.

En la sospecha de los demás, “algo” habrás hecho;

la mirarán en desamparo y encogerán los hombros,

tan ínfima como la madre, sentenciarán.

Ella pagará tu karma.

Nadie se conmoverá por tu sufrimiento,

ridiculizarán tu llanto,

reirán sobre tu grito de angustia.

Cientos de lamentos de mujeres,

miles de carcajadas de ellos, a diario.

No habrá clemencia para tu alma doliente,

ni para tu razón confundida por verdades a medias.

Juzgarán cada gesto para inventar tus desaciertos.

Por qué te marchaste, te quedaste, silenciaste o gritaste.

Mientras, tú extenderás la mano mendigante

de una fraternidad mentirosa que te enseñaron,

tan falsa como el amor y como su dios tan invocado.

Aun cuando desfiguren tu rostro,

aun cuando transgredan tu cuerpo,

aun cuando arranquen tu piel a tiras,

aun cuando te asesinen,

aun cuando arrojen tus despojos al basurero;

ellos seguirán impunes, las leyes les pertenecen.

Nadie se inquietará por el eco de tus lágrimas.

Esta guerra comenzó hace mucho,

hace tanto, que no recordamos

porque somos las que nacimos en cautiverio.

Ahora, los torturadores,

hasta de tu nombre quieren despojarte.

…y tú… atada a ellos,

sigues solicitando tratos de dignidad, de igualdad,

agradecida de algún acto que imaginas de empatía.

Seca tus mejillas y escucha, levanta el rostro.

No hay justicia que no hagas por ti misma.

Es mejor que comiences a prepararte.

Aquí estamos otras,

nosotras,

clandestinas,

soterradas,

silenciadas,

Sin embargo, estamos:

Inventando cómo descorrer el cerrojo,

afilando la lanza,

aprendiendo a tirar piedras a sus cabezas,

a patear genitales.

Ármate, mujer.

Es preciso estar listas para la revuelta.



"Desde el limbo"


Para las poetas,

apenas soy panfletaria política.

Para las académicas,

tengo más utopía que rigurosidad y ciencia.

Para las amas de casa,

mi hogar no es ningún modelo de pulcritud.

Para las heterosexuales,

soy exageradamente lesbiana (y lo digo todo el tiempo).

Para las tibias,

soy “demasiado” radical, hasta causo algo de miedo.

Para la empleada del banco –sólo de mirarme-,

no soy sujeta crediticia digna de atención.

Para las posmodernas,

tengo un discurso ya atrasado -nomás como 500 años de viejo.

Para las que hacen política -pública y no-,

mi propuesta de mundo es demasiado poética.

Para las nanitas de mi pueblo,

soy poco humilde, poco dócil y menos dulce de lo que mujer-debería.

Para mis estudiantas soy la neta,

pero nadie las escucha porque son muy jóvenes.

Para las adoradoras del falo,

soy una molestia zumbona en sus orejas.

Entiendo, entiendo:

No sirvo para mucho.

Panfletaria,

utópica,

desmadrada,

lesbiana,

radical,

insolvente,

anacrónica,

poeta,

soberbia,

insumisa,

adolescente eterna,

mosca incómoda…

—Las agencias de empleos no se desviven a causa de mi currículo.

Tal vez me he construido ininteligible.

Sin embargo, parece ser, que hay ecos en el limbo,

que la irreverencia resuena: se multiplica.

Yo adelanto un pie y luego el otro, sonrío.

En mi camino aparecen flores fragantes,

mujeres-alegría, baños de agua sanadora,

cantitos y mariposas de colores…

Es suficiente para mí.



"Legado" (extracto)


Hombre que llegaste del viejo mundo,

fuiste tú quien violó a mi madre.

Cierto es que vengo de una lucha primigenia

entre el semen invasor y la sangre que resiste.

Eso no te convierte en mi padre.

No te reconozco.

Solamente eres el maldecido de estos labios.



"¿Cuándo?"


¿Por qué las mujeres tenemos que ser sobrevivientes de todo?

Sobrevivir al desencanto de papá

cuando supo que no serías varón.

Sobrevivir al tío, al primo, al vecino

que te tocaba la vulva cuando tenías cuatro años.

Sobrevivir al pedófilo que te acechaba camino al colegio.

Sobrevivir al susto de ver al primero que se masturbó

en la calle frente a ti, cuando tenías 9 años.

Sobrevivir al que te violó y sigue impune

habitando en la misma calle que tú, desde siempre.

Sobrevivir al maestro de educación física

que miraba tus nalgas en la secundaria.

Sobrevivir a todos los que han hablado de tu cuerpo,

tocado tu cuerpo porque sí, porque pueden hacerlo.

Y no matarse por el dolor que causa algo de ello o por todo junto.

Y lograr no ser asesinada por alguno de ellos.

¿Por qué las mujeres tenemos que ser sobrevivientes de todo?

Del médico que te manoseo los senos.

Del otro médico que te manoseo toda y te quedaste quieta

porque iba a realizarte un aborto.

Del aborto clandestino.

Del acoso laboral.

De las regalonas del patriarcado

compitiendo por la aprobación de un macho.

Y no matarse por el dolor que causa algo de ello o por todo junto.

Y lograr no ser asesinada por alguno de ellos.

Y no dejar que te mate tanto peso.

¿Por qué las mujeres tenemos que ser sobrevivientes de todo?

De la violencia obstétrica que casi acaba contigo cuando pariste.

De las cicatrices que te dejaron por todo el cuerpo.

De la violencia obstétrica que casi mata a tu cría.

De la soledad a que te obliga la vida contemporánea.

De los salarios injustos y las triples jornadas de trabajo.

De los salarios desiguales y de las montañas de platos sucios

y de las montañas de ropa por lavar.

De los salarios miserables y del jefe que exige uses tacones

y te pintes los labios.

Del macho desleal

que usa la infidelidad como una forma más de herir.

Del macho poliamoroso,

que discursa bonito, pero sólo traiciona confianzas.

Del marido que vuelve borracho, del que pega,

del que no pega, pero insulta.

Del monstruo que te tomó por el cuello y no te dejaba respirar.

Del despecho convertido en ácido que te arrojaron al rostro.

Y no matarse por el dolor que causa algo de ello o por todo junto.

Y, de milagro, no ser asesinada por alguno de ellos.

Y no dejar que te mate tanto peso, que no te mate tanto.

¿Por qué las mujeres tenemos que sobrevivir a todo?

Sobrevivir a las pisadas que vienen detrás de ti

en las calles oscuras

Sobrevivir a los amigos borrachos,

que se olvidan de que eres su amiga.

Sobrevivir al novio que no se detuvo cuando dijiste no,

ni cuando lloraste.

Sobrevivir al asaltante y al secuestrador,

a sus armas, a sus gritos, al miedo.

Sobrevivir a la académica soberbia que te acosa

porque no le rindes culto.

Sobrevivir a la droga vertida en tu copa

el día en que te sentías en confianza.

Sobrevivir a la lesbiana que te viola

y al silenciamiento cómplice de otras feministas.

Sobrevivir al desempleo

porque eres demasiado joven y no tienes experiencia.

Y no matarse por el dolor que causa algo de ello o por todo junto.

Y lograr no ser asesinada por algune de elles.

Y no dejar que te mate tanto peso, que no te mate tanto.

¿Por qué las mujeres tenemos que ser sobrevivientes de todo?

Del despido laboral

porque ya no eres la joven de cuerpo deseable.

Del abandono por ser la vieja bruja.

Del abandono por ser pobre o no ser blanca

o por ambas cosas.

De la imagen en el espejo arrugada, calva, desdentada.

De cambiarle los pañales al marido que volvió a casa

cuando necesitó niñera.

De la amiga que traiciona, por tres pesos o por nada.

De tener a los hijos secuestrados por el patriarcado

y que estén en otro lugar, lejos, a saber dónde.

Del hijo que repite sobre ti, o sobre otra, el lenguaje de golpes

que le enseñó el padre.

Del marido-exmarido que te prendió fuego mientras dormías.

De la hipoteca vencida y que te rematen la casa,

de quedarse sin nada.

De tener que usar andadera

porque los tacones que exigía el jefe destrozaron tu espalda.

De no poder respirar

porque los químicos del trabajo en fábrica acabaron con tus pulmones.

De los sueños que no fueron, del tiempo que se acaba.

Y no matarse por el dolor que causa algo de ello o por todo junto.

Y lograr no ser asesinada por alguno de ellos.

Y no dejar que te mate tanto peso, que no te mate tanto.

¿Por qué tenemos que estar siempre sobreviviendo?

¿Cuándo, en qué era, a qué hora te toca estar viva?



"Agua que no se derrama"


Desmoronas al mundo,

en tu hacer de cada día.

Parece que sabes que es tu tarea,

más importante que cualquier otra.

Como si al amanecer enumeraras los deberes:

Lavar la ropa.

Patear al patriarcado.

Alimentar a las gallinas.

Acompañar a una amiga.

Traer los víveres.

Silenciar a un misógino.

Coser la falda roja.

Vas por la calle, para el mercado,

detienes, retadora, la mano del acosador

antes de que toque a la niña.

Confrontas

a la que se ha pintado de rubio el cabello,

le preguntas que si no se mira morena en el espejo.

Asistes a misa y le dices al curita ese

que qué panzón está hoy

y qué flacos andan los niños.

Cuando te señalan los corrillos

que por qué eres madre sola

contestas que te tienes contigo.

Cuando te pregunto

que por qué te llamas feminista

qué entiendes tú de la palabra esa,

en esta provincia escondida.

Tú me dices que te imaginas,

que tal vez, que ha de ser,

como cuando hay sed en este pueblo.

Cuando las mujeres acarrean las cubetas de agua,

se ayudan, todas juntas, todos los días

... por el mismo camino.



"Violación"


I

Aullaban los perros el mal presagio,

vino el monstruo a buscarme.

Traía consigo una promesa de destrucción.

No tenía ojos, pero supo esconder su rostro.

Por eso no sospeché, hasta que fue tarde.

Esa noche conocí a qué huele el horror.

No podía mover mi cuerpo, temblaba espanto.

Metió sus dedos-garras en mi vagina.

Yo gritaba, pero no paró.

No entendía de piedad.


II

Mil veces me pregunté por qué

¿De qué cosa sagrada me quería despojar?

¿Del útero de mi creación?, ¿qué intentaba llevarse de mí?

¿Qué fue lo que sus garfios pretendieron arrancar?

¿Habría podido devorarme?

¿Creyó que podía sustraer la luz que me sostiene?

¿Creyó helar el calor de mis entrañas?

¿Apropiarse de un pedazo de mí, para sí?

¿Fue ese zarpazo un intento de llevarme a pedazos?

O, por el contrario,

el hedor que le carcome es tanto, que le desborda.

Quería dejar algo de ello en mi cuerpo;

hacerme compartirlo, también llevarlo.

Insecto que deposita su larva siniestra en ser viviente,

para que le coma por dentro.

Dentellada envenenada de muerto en vida,

que pretendía expandir su maleficio.

¿Qué fue, por qué la pesadilla?


III

Después,

todo era silencio.

Grité con la boca abierta,

pero todo fue silencio.

Cielo gris.

El cuerpo aterido de frío.


IV

Sin embargo,

nada fue transformado.

El monstruo sigue siendo monstruo.

Finge de día ser pobre diablo.

La carne que arrancó de mi cuerpo

es ahora polvo que ya no le nutre.

Esa es su tragedia,

su peste sigue contaminando todo.

Monstruo sigue siendo monstruo.

Haga lo que haga.

Se disfrace como se disfrace.



V

Yo fui remolino de dolor,

pero como estoy hecha de viento,

torné ráfaga.

Como soy agua,

evaporé hacia el ocaso azul violeta.

Como soy fuego, me guardé,

ceniza silenciosa-espera.

Como soy tierra,

recorrí caminos nunca antes transitados

-a pesar de quien quisiera pisarme-.

Como soy éter,

disolví el tiempo hasta otro tiempo.


VI

Así, ahora lluevo,

soy agua risueña con tintes de atardecer.

Tierra roja siempre renovada y fértil,

abierta a nueva semilla.

Éter transmisor de energía inasible.

Carbón ardiente que resiste cualquier tormenta.

Sobre todas las cosas,

me descubro viento.

Soy mujer viento,

estoy hecha de viento

que embravece al mar,

que aviva el fuego,

que transforma la tierra,

que danza en abrazo esencial con el universo.

¿Qué pueden las garras malignas contra el viento?

No pueden atraparme,

no pueden tocarme.

Me elevo,

me limpio.


VII

Soy mujer viento.

Voy girando.

Un día seré huracán.



"Tan insuficiente"


Esta es mi furia, color verde ocre, amarga.

Esta es mi rabia, que punza, inclemente,

que se ofende contra estas letras indignas.

Palabras torpes para nombrarlas.

Por que Du’a, era muy joven y estaba sola.

Eran cuarenta, cincuenta hombres que la rodearon.

La golpearon, arrancaron su ropa, lanzaron rocas a su rostro.

Porque cuando dejó de respirar, ellos gritaron triunfantes.

Grabaron en video, con teléfono celular,

el hilillo de sangre que corría sobre el pavimento.

Porque Sali era una viajera, con su andar libre por la tierra,

pero ese hombre hirió su cuerpo y detuvo su paso en el tiempo.

Porque hace tres días Alí fue asesinada.

Usó un cuchillo contra ella, ése, que decía amarla.

Porque Iris tenía siete años cuando se la llevaron.

Porque su madre encontró el cuerpecito de su niña

en un bote para basura.

Esta es mi furia tonta; mi rabia negra, roja, que no basta.

Porque son, porque somos, demasiadas.

La cercanas, las que están lejos, las amigas, las cómplices,

las que hacen, las que rompen, las compañeras y las que no.

Porque es una muerte infame.

Tres minutos indignos en el noticiero de hoy.

Un par de días, la indiferencia, la injusticia absoluta.

Quién fuera el aullar resonante en todo espacio acústico.

Quién que llame en el viento, con voz potente,

a todas las que nos faltan: a Marisela, a Leticia, a Marcia, a Sara.

Hasta que nadie pueda negar la escucha.

Hasta que nadie pueda continuar viviendo, como si nada hubiera ocurrido.

Quién fuera el puño que se estrelle contra la roca, poderoso, incansable.

Quién que grabe, imborrable, a golpe de presente constante,

los nombres de Victoria, de Emilia, de Martha, de Jasmín, de Natalia.

Quién la fuerza para el combate contra el olvido.

Quién el castigo a todos los malditos.

Sin embargo, respiro esta furia,

Sin embargo, me alimento de esta rabia,

Porque este oficio de escribana a penas alcanza,

para este humilde dar testimonio de la pesadilla cotidiana.



"Brava"


¡Brava, amiga feminista!

Dímelo de nuevo:

“No calles la violencia”.

Escríbelo bien grande,

con letras en tinta lila:

“El silencio no nos protege”.

Hay que hacer el escrache.

Hay que señalar al agresor.

Hay que conmovernos hasta la médula

por esa mujer que ha sido rota.

Levantar las pancartas, hacer el grito.

¡Brava por la lucha, amiga feminista!

Pero, cuidado, si vengo y te cuento

que me ha herido quien te hace amistad

o con quien tienes interesantes negocios…

Qué ocurre, me pregunto una y otra vez, qué ocurre.

Me retiras el saludo, me miras desde la insolencia.

Qué ocurre, qué son esos murmullos a mi espalda.

Qué distinto te resulta, si no es-soy una desconocida.

Será acaso que mi rostro se ha vuelto deforme,

que mi aliento apesta, mis úlceras dan asco

o soy un espejo enorme y desagradable

que te hace preguntarte qué pasa en tu casa.

Qué ocurre, qué es, amiga feminista,

que cuando hablé de violencias tantas

 no te dignaste a responderme una palabra.

“Rompe el silencio” escribes en las paredes.

Me pregunto si tienes sólo pintura para decir,

si tienes también oídos para escuchar,

boca de responder, manos para hacer.

Los del sindicato cierran filas con el denunciado.

“No puede ser, lo conozco hace años”.

El director de la escuela protege al profe acosador

“No puede ser, educa aquí desde hace tanto”.

Algunas feministas hacen muros de silencio

Te dicen que fabulas, estás confundida, rencorosa,

tal vez exageras o eres demasiado intensa.

Que lo superes ya, que des vuelta a la hoja.

Tal vez no entendí que si vistes de morado

es pecado decir: “me han hecho daño”.

Te miro en la tele, te grabo el discurso en el radio.

Levantas una pancarta, llevas un listón negro en el brazo.

Cuántos cursos sobre violencia te he escuchado.

Me alegro, me alegro tanto de que nada mío haya muerto.

Hoy sería imagen para la carpeta en donde documentas infamias

y para que te tomen fotos en el mitin ante el fuego de una veladora.

Pienso que ya sé por qué no respondiste cuando te marqué al teléfono...

¡Brava, amiga feminista!,

lecciones que aprendo, tonta de mí, después de tantos años.



"Me dijeron"


El otro día me dijeron

que frene la lengua,

que modere los actos,

que critique, que señale,

que me inconforme,

pero, en voz baja

y entre nosotras.

Que los compañeros de lucha,

cualquier lucha,

se pueden sentir afectados.

Que espere, que el movimiento social,

cualquier movimiento social,

tiene planes para las mujeres,

pero que espere,

todavía no es el tiempo, ni la hora.

El otro día me dijeron

que sea más responsable

al decir antipatriarcado,

al denunciar al que acosa,

al señalar al que desprecia.

Que cuide a los compañeros,

que sea amorosa,

que les haga sentir bienvenidos,

que mis reclamos no vayan a ofenderlos.

Me lo dijo una, que se dice compañera,

y le he preguntado.

Pero no ha ido a ver al indio,

para decirle que denuncie bajito

al caxlan que lo desprecia.

Y no ha ido a ver al obrero,

para decirle que espere,

que sea más amable

en sus reclamos con el patrón.

Y no ha ido a ver al campesino,

para decirle que defienda su tierra

con amabilidad y sonrisa.

Pero a mí, si ha venido a hablarme

para decirme que no vea,

que si veo no señale,

que no lo tome como ofensa.

Que comprenda.

Me dijeron

Que finja, que no me de cuenta

de que éste mira mis senos,

de que éste me estorba la palabra,

de que éste me llama a la elegancia femenina,

de que éstos no son de los míos.

De que dicen lesbiana, pero en voz baja.

Que por las buenas son mejor las cosas.

Que no demuestre el abuso.

Que no llame machista.

Que no use la palabra misoginia

para el que me niega.

Que acompañe al movimiento

y, por las buenas, ya irá tocando la nuestra.

Me dijeron,

y estoy pensando que no es justo.

Para murmurar el descontento,

para perpetuar los roles,

mejor me habría quedado en casa a lavar los platos.

Que nada más no puedo.

Ni he de callarme.

Ni cerrar lo ojos, ni fingir.

Ni moderar la lengua ni los actos.

Que no dejaré de criticar, ni de señalar, ni de inconformarme.

Ya hemos dado mucho.

Ya dieron bastante mis madres y abuelas.

Hemos sido tantas:

Las presas políticas,

las agredidas,

las trabajadoras,

las que sostienen la casa mientras la huelga,

las que siembran la tierra,

las sindicalistas,

las maestras,

las que nunca son nombradas,

las que toman los medios.

las que barren y reparten volantes

mientras el macho líder hace discurso.

Las que ya están hartas…

Todas, mis hermanas.

Que ya toca la nuestra y no para luego.

Que hay que decir: ya, a este tiempo y a esta hora.

Que para gritar contra la opresión, no hay corrección política.

Decir: hay una izquierda machista y reaccionaria, no me atemoriza.

Me dijeron, me sugieren, me invitan a moderarme.

Pero, yo, nada más no puedo.

Yo entiendo ser mujer de otra forma.

Yo quiero de otro modo hacer las cosas.

No voy a disculparme,

No puedo condolerme.

Porque tengo esta voz.

Es voz libre y autónoma.

Es voz nueva, revolucionaria.

Tengo esta voz fuerte.

Voz lesbiana, nunca más silenciada.



"Desolación I"


Cuando el olor a muerta estaba fresco.

Cuando la ausencia lo llenaba todo,

un peso asfixiante sobre el pecho,

un abismo en medio del vientre;

fueron llegando los carroñeros.

Los que vendían la foto en los diarios.

Las que decían contra la violencia de género.

Los que serían candidatos y traerían la paz.

Hicieron tumulto, tantos-demasiados.

Sin embargo, cuando los diarios se hicieron viejos,

tan pronto les aplaudieron, les publicaron el libro,

cuando llegó el auto por las urnas con los votos,

o les dieron el premio al mérito ciudadano;

pasaron al siguiente tema de moda.

Se fueron a decir mentiras a otro lado,

a publicar otro libro, a vender otro diario.

Hasta que bebieron todo el café que quedaba en casa

Hasta que se acabó el azúcar y el papel de baño,

todos, sin rostro, se fueron alejando.

los policías, sus bravatas y sus amenazas;

los políticos, sus insultos y sus fanfarronadas;

fueron los únicos que permanecieron, mirando a distancia,

como malas sombras, sombras malas.

Así se fueron quedando solas.

Unas, buscaban huellas, la medallita, un botón del vestido.

Otras, un hilito de memoria, la palabra primera, la muñeca.

Todas, cuál fue el lugar, a qué hora, cómo, ¡carajo!

Alguna, atrevida, gritó al borde del precipicio.

Le mandaron enterrar un cuchillo para intentar que se callara*.

Le dieron un balazo en la Plaza Hidalgo para silenciarla**.

Aún, con la foto deslucida pegada en un cartoncillo

y el nombre de la hija en los labios, ahí anda,

preguntando si alguien la ha visto, si alguien sabe algo.

Barre la casa, alimenta a los niños y reza.

No se cansa, sigue buscando.

Los demonios, ni siquiera ríen porque ya han olvidado.

Andan impunes, buscando cómo hacer un nuevo daño.

Los huesos gimiendo en algún lado,

las madres desgarradas,

solas, solitarias. Abandonadas.

Los carroñeros de vez en cuando pasan,

olfatean por si aparece un mendrugo que disputar,

si acaso queda algo por hacer pedazos,

un trozo de nada o de cualquier cosa

…siguen rondando.




**


Si te interesaron estos textos también te gustarán los poemas de Susana Thénon para las mujeres independientes que se niegan a ser dominadas.


**


Las fotografías que acompañan el texto pertenecen a la artista Maisie Cousins

TAGS: Feminismo escritoras Poesía
REFERENCIAS:

Esther Pineda G


Colaborador

  COMENTARIOS

  MÁS DE CULTURA COLECTIVA

Las mejores películas del año que puedes ver en el cine Canciones de amor para pensar en tu crush aunque no se las dediques Canciones que tocan todas las bandas de covers Las mejores series en Netflix para volver a creer en el amor 26 películas y series secretas de Netflix que debes ver al menos una vez Fotografías de Jason Momoa y su familia que muestran su lado sensible

  TE RECOMENDAMOS