Poemas para mujeres que quieren dejar de sentirse vacías por dentro

Jueves, 4 de enero de 2018 17:50

|Rodrigo Ayala Cárdenas

Conoce la poesía de Sylvia Plath, quien cuenta con uno de los repertorios literarios más conmovedores y exquisitos de la historia de las letras universales.



Su desazón era del tamaño del Universo. Por ello, Sylvia Plath abrió las llaves de gas de la estufa e introdujo la cabeza en el horno. Así permaneció hasta que la muerte la envolvió en sus brazos. En el piso superior, sus hijos pequeños se quedaban solos en su habitación mientras su madre dormía para siempre, hastiada de la vida y las infidelidades de su marido, Ted Hughes. Una escena sin duda terrible, pero también poética, tan trágica como sus poemas que la consolidaron como una de las escritoras más refinadas de los Estados Unidos.

 

Plath habló desde las entrañas de su alma para relatar la tristeza del amor, el peso de la vida y la belleza de la soledad. Partió por decisión propia de este mundo a lomos de un trastorno bipolar que la sumía en oscuras y severas depresiones y que no dejó de acosarla hasta que abandonó este mundo. Todo ello se vio reflejado en una de las obras literarias más conmovedoras y exquisitas de la historia de las letras.



Nadie como ella para relatar la angustia del corazón, para mostrar la tentación de morir por medio de hermosas palabras que en el presente resuenan para aquellas mujeres que sienten un enorme vacío aflorando en su interior. Lejos de que la poesía confesionaria de Plath suma en la depresión a las almas femeninas, tiene el poder de elevar su ánimo y llevarlas en la búsqueda de su libertad, al acecho del amor que les quite la oscuridad que carcome sus entrañas. 


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"No intentes nunca engañarme con un beso"


No intentes nunca engañarme con un beso

Simulando que los pájaros han venido a quedarse,

Pues el moribundo se burlará con desprecio.


Una piedra puede suplantar lo que fue un corazón

Y unas vírgenes surgir donde yacía Venus:

No intentes nunca engañarme con un beso.


Nuestro noble médico afirma que el dolor es suyo,

Mientras los afligidos pacientes le dejan hablar;

Pero el moribundo se burlará con desprecio.


El soltero viril teme la parálisis, mientras la vieja

Solterona se pasa el día llorando en el hastial:

No intentes nunca engañarme con un beso.


Las afables, eternas serpientes prometen bendición

A los niños mortales que anhelan la dicha,

Pero el moribundo se burlará con desprecio.


Tarde o temprano algo va mal; los pájaros

Cantarines ahuecan el ala para siempre.


Por eso no intentes engañarme nunca con un beso,

Pues el moribundo se burlará con desprecio.



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"Danse Macabre"

 

Abajo, entre las estrictas raíces y las rocas,

eclipsado bajo un ciego párpado de tierra,

va el ataúd recamado de hierba.


Cubierto por sábanas de hielo, el amado

esqueleto aún desea tener

fiebre del mundo que ha dejado atrás.


Sus manos se remontan a las reliquias de

las lunas con pezones, extintas y frías,

heladas en los designios del amor.


A las doce, todas las calaveras lucen la aureola

de las espinas tictaqueantes de su memoria

que da cuerda a su molde descompuesto.


Las agujas hostigan como unicornios,

asaltan la mortaja de una virgen dormida

hasta que su obstinado cuerpo arde.


Engatusados por los bandidos que llevan en la sangre,

quienes los embaucan para que abandonen su lecho

de hierba, los vástagos de hueso resucitan ahora.


Fugándose de sus sepulcros, las parejas

abstractas se cortejan con leche de luna:

las neblinas de pura plata simulan un fantasma.


Luminosa, la ciudad pétrea

presiente el sonido alarmante

del canto del gallo celebrando el alba.


Tras los besos de ceniza, los espectros descienden

obligados a volver a su punto muerto subterráneo.



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Plath fue la escritora que mejor supo plasmar sus sentimientos acerca de la fatalidad de la muerte y el enfrentamiento que cada ser humano tiene que hacer frente a ella. Para ella el amor representaba una especie de misteriosa tumba a donde los corazones iban para morir lentamente. Sus experiencias con Ted Hughes la marcaron de por vida cuando su marido la dejó para escapar a España con su amante, dejándola sola a cargo de sus hijos.


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"Canción para un amor revolucionario"


Ah, tíralo lejos, lánzalo todo al viento:

primero, deja que se caiga el follaje celestial,

y, paginados por el orgullo, que vuelen los buenos libros;

dispersa a los ángeles engreídos de un manotazo.


Destruye las obras de la era patriarcal:

deshazte de la ruinosa acrópolis,

y luego arroja a la basura las siete maravillas

junto con los puntales y soportes del santo escenario.


Trastoca los calendarios; ordena a los sumisos

que vayan sin compás y sin escala alguna

a dibujar las medidas de la rueda de la fortuna;

no dejes ningún cabo suelto con el que puedan atarnos.


Deshila los dechados antiguos, retrasa los relojes,

hasta que caiga un diluvio de niños rebeldes

y las viejas solteronas con enaguas extemporáneas

vuelen llevando macetas de begonias y cubos de arena.


Vacía los ataúdes de los muertos embaucados

en el aire torrencial hasta que dios,

desde su inmenso y soleado infierno,

oiga piar a los chiflados que hizo.


Arroja el mundo entero como si fuese una pelota

verdiazul de vuelta al holocausto,

para que el fuego consuma esta farsa herrumbrosa

y, una vez fundido, todo empiece de nuevo.



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"Soneto a Satán"


En la cámara oscura de tu ojo, la mente alunada

da un salto mortal hacia el falso eclipse:

los ángeles brillantes pierden la consciencia en la tierra

de la lógica, tras el obturador de sus impedimentos.


Ordenándole al cometa en espiral que arroje un chorro de tinta

para embadurnar el mundo con un remolino de brea,

nublas todos los rangos del cenit del orden

y ensombreces la fotografía radiante de dios.


Serpiente ascendiendo en espiral bajo esa luz opuesta,

invades las lentes dilatadas del génesis

para imprimir tu flameante imagen en la mancha de nacimiento

con caracteres que ningún canto de gallo puede borrar.


Oh, creador del orgulloso negativo del planeta,

oscurece el sol abrasador hasta que todos los relojes se paren.



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La fatalidad formó parte natural de la vida de Sylvia Plath, lo cual se deja ver con claridad en cada línea escrita. Sin embargo, era un poetisa también capaz de hacer alusiones fantásticas que creaban en la mente del lector imágenes imposibles desarrolladas en mundos paralelos. Llevó la poesía a terrenos maravillosos donde todo tipo de lector se pudiera sentir cómodo mientras leía y recreaba los sentimientos de Plath con terrible angustia, pero al mismo tiempo con mucho gozo.


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"Desenlace"


El telegrama dice que te has ido

Abandonando a su suerte nuestro circo en bancarrota;

Ya no tengo nada que decir.


El maestro da el finiquito a los pájaros cantores

Y ellos compran billetes para marcharse al trópico;

El telegrama dice que te has ido.


Los perros de lanas inteligentes ya han pasado a la historia,

Y ahora se juegan a los dados el único hueso que queda;

Ya no tengo nada que decir.


El león y los tigres se han vuelto de arcilla,

Y el elefante brama triste hasta petrificarse;

El telegrama dice que te has ido.


La cobra ha perdido su mórbido juicio

Y ahora vende por teléfono su surtido de venenos;

Ya no tengo nada que decir.


Las carpas de colores se desploman en la bahía;

El serrín mágico escribe: dirección desconocida.


El telegrama dice que te has ido.

Ya no tengo nada que decir.



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"Terminal"


Volviendo a casa desde las crédulas cúpulas azules,

el soñador refrena el despertar de su apetito

aterrorizado en la cosecha de las catacumbas

que surge de noche como una plaga de setas venenosas:


los refectorios en los que se deleitaba se han transformado

en una fonda de gusanos, cuchillas rapaces

que urden en el blanco útero del esqueleto

una podredumbre de lujosos brocados a modo de caviar.


Volviendo las tornas de este gourmet de ultratumba,

entra el diabólico mayordomo y le sirve como banquete

la dulcísima carne de la obra maestra del infierno:


su propia novia pálida sobre una bandeja flameante:

adobada con elegías, la joven yace de cuerpo presente

aguardando a que él la consagre con su bendición.



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La poeta norteamericana sabía que la fatalidad de su vida la llevaría sin remedio a un desenlace tan oscuro y terrible como las imágenes que proyectaba con su obra. Plath era una artista sugestiva, erótica en un grado suave, siniestra y fatalista. Por medio de las palabras evocaba la tristeza de la vida y un deseo silencioso de conocer la muerte. A pesar de ello, una intensa luz se desplegaba en cada poema para hacer que sus lectores fueran capaces de hallar su propia salvación.


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Otra forma de acercarte a la vida de esta extraordinaria poeta es a través de sus cartas que demuestran el infierno que sufrió antes de morir. Todo el dolor de esta mujer que se quitó la vida para ser perfecta se refleja en este otro compilado de poemas, en los cuales los corazones más sensibles hallarán una dosis de dolor pero también de alivio a sus penas.


REFERENCIAS:
Rodrigo Ayala Cárdenas

Rodrigo Ayala Cárdenas


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