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LETRAS

Poemas para masturbarse con Dios y librarse del pecado

Por: Julieta Sanguino 7 de septiembre de 2017

¿Sabes qué es el éxtasis de Santa Teresa?

Teresa de Ávila, a muy corta edad, supo que podría entregar todo para servir a Cristo, para conocer la conexión divina con Dios y crear una imagen de mártir que duraría hasta la eternidad. A los siete años decidió escapar de su hogar para ir a tierras de moros y difundir la palabra de Dios. Su hermano la acompañaba pero aun así, la hazaña no duró demasiado y regresó a su hogar. Más tarde, a los 20 años, huyó definitivamente para internarse en un convento y servirle a quien, sabía, sería su amante y protector para la eternidad.

En su juventud sufrió una terrible enfermedad que los médicos no supieron detectar. En una de sus recaídas quedó catapléjica y casi la entierran viva, pero como si el destino quisiera que la voz de Teresa siguiera sonando, pudo sobrevivir, probablemente para dar cuenta de la existencia de Dios en sus pasajes. Según Teresa, un día vio a un querubín que llevaba en la mano una espada de oro con punta encendida:

«Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Éste me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aún harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo al su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento».

El éxtasis que sintió Teresa fue tal que, según asegura, mientras las sensaciones permanecían, sentía un ensimismamiento que la tenía fuera de sí, no quería hablar sino abrazar su dolor, el dolor que aquel querubín le había dejado después de tan dolorosas penetraciones.

Entonces, Bernini en primer lugar y después otros artistas, representaron a Santa Teresa anhelando la penetración, en éxtasis corporal y en el momento culmen de la euforia de un orgasmo, o al menos muchos teóricos interpretan este trabajo así.

“Sobre aquellas palabras”

Ya toda me entregué y di

y de tal suerte he trocado,

que es mi amado para mí,

y yo soy para mi amado.

Cuando el dulce cazador

me tiró y dejó rendida,

en los brazos del amor

mi alma quedó caída.

Y cobrando nueva vida

de tal manera he trocado

que es mi amado para mí,

y yo soy para mi amado.

Hirióme con una flecha

enherbolada de amor,

y mi alma quedo hecha

una con su Criador,

ya no quiero otro amor

pues a mi Dios me he entregado,

y mi amado es para mí,

y yo soy para mi amado.

“Vivo sin morir en mí”

Vida ¿qué puedo yo darle

a mi Dios, que vive en mí

si no es perderte a ti,

para mejor a Él gozarle?

Quiero muriendo alcanzarle,

pues a Él sólo es el que quiero,

que muero porque no muero.

Santa Teresa, del mismo modo que nosotros podemos imaginar su devoción y malestar al sufrir estos encuentros, no sabía si lo que experimentaba era locura celestial o infernal. No sabía si lo que vivía eran alucinaciones o un verdadero encuentro con lo divino y mucho menos tenía idea de cómo lidiar con lo que le estaba ocurriendo.

«Muchas veces estaba así como desatinada y embriagada en este amor, y jamás había podido entender cómo era... Cuando esto escribo no estoy fuera de esta santa locura celestial... Suplico a vuestra merced seamos todos locos por amor de quien por nosotros se lo llamaron».

Muchos la clasifican como la representación de la sexualidad reprimida por la religión y como ella misma aseguraba, aprendió a gozar sin entender lo que gozaba. Nacida en España, Teresa fue hija de un judío converso, lo que probablemente hizo que sintiera devoción absoluta por resarcir el error en el que la familia se equivocaba. 

No fue la única, otras como Santa Ángela de Foligno, también tuvo experiencias místicas con fuerzas casi sobrenaturales que por años hemos llamado, religiosas. Después de que su esposo e hijos murieron, a los 35 años, siguió la palabra de Dios cuando escuchó a un padre predicar.

Entonces vendió y dio todas sus pertenencias a los pobres e hizo una promesa de castidad perpetua. Casa, joyas y riquezas por igual pasaron a manos de otros mientras ella se inmiscuía cada vez más en la palabra del señor; pero fue tanta su devoción que, incluso hablar de Cristo Doliente hacía enrojecer su mejillas y provocarle un éxtasis divino.

«Yo diría, si queréis, que el amor tomó, al tocarme, la apariencia de una guadaña.

Me pareció que un instrumento cortante me tocaba, después se retiraba, al no penetrar tanto para dejarse entrever.

Yo estaba llena de amor, estaba colmada de una plenitud inestimable.

Pero escuchad el secreto: esta saciedad engendró un hambre indecible, y mis miembros se quebraron y se partieron de deseo, y yo languidecí, yo languidecí por lo que está del otro lado.

Ni ver, ni escuchar, ni sentir la criatura. ¡Oh silencio! ¡Silencio! El amor se acercaba, me hizo una quemadura más ardiente, y luego ahí estaba el deseo, el deseo de ir allí donde él está... Me habrían hecho un mal horrible si me hubiesen contado la Pasión, o si hubieran nombrado a Dios delante de mí, porque al oír ese nombre me deleito con un gozo tan infinito que me siento crucificada de languidez y de amor».

Otro de ellos es San Juan de la cruz, probablemente con uno de los más bellos cánticos a la unión con Cristo y el éxtasis que es capaz de provocar sólo pensar en él y amarlo con un sentimiento realmente profundo. Tal como asegura Julio Torri, los versos de San Juan de la Cruz son el perfecto ejemplo de una declaración de lo que hace el alma en la íntima unión con Dios.

Algunos llaman a su poema, sobre todo al llamado “Llama de amor viva”, un poema que eterniza la palabra y representa sus misterios y enigmas, un poema psicodélico que contiene la más bella estrofa de amor:

¡Oh, llama de amor viva,

que tiernamente hieres

de mi alma en el más profundo centro!

Pues ya no eres esquiva,

acaba ya, si quieres,

rompe la tela deste dulce encuentro.

¡Oh, cautiverio suave!

¡Oh, regalada llaga!

¡Oh, mano blanca ¡Oh, toque delicado,

que a vida eterna sabe,

y toda deuda paga!

Matando muerte en vida la has trocado.

¡Oh, lámparas de fuego

en cuyos resplandores

las profundas cavernas del sentido,

que estaba oscuro y ciego,

con extraños primores

calor y luz dan junto a su Querido!

¡Cuán manso y amoroso

recuerdas en mi seno,

donde secretamente solo moras,

y en tu aspirar sabroso

de bien y gloria lleno

cuán delicadamente me enamoras!

Otro ejemplo de su unidad con Dios, sea hombre o mujer, es su “Cántico”, del que ponemos sólo un fragmento por su extensión:

¿Adónde te escondiste,

Amado, y me dejaste con gemido?

Como el ciervo huiste

habiéndome herido;

salí tras ti clamando y eras ido.

Pastores, los que fueres

allá por las majadas al otero,

si por ventura vieres

aquel que yo más quiero,

decidle que adolezco, peno y muero.

Buscando mis amores

iré por esos montes y riberas;

no cogeré las flores,

ni temeré a las fieras,

y pasaré los fuertes y fronteras.

¡Oh bosques y espesuras

plantadas por la mano del Amado!,

¡oh prado de verduras

de flores esmaltado!,

decid si por vosotros ha pasado.

Mil gracias derramando

pasó por estos sotos con presura;

y, yéndolos mirando,

con sola su figura

vestidos los dejó de su hermosura.

¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?

Acaba de entregarte ya de veras;

no quieras enviarme

de hoy más mensajero

que no saben decirme lo que quiero.

Y todos cuantos vagan

de ti me van mil gracias refiriendo,

y todos más me llagan,

y déjanme muriendo

un no sé qué que quedan balbuciendo.

Todas las imágenes son pinturas de Aaron Nagel, si quieres conocer más de su trabajo, visita su Instagram o revisa nuestro artículo: 10 pinturas al óleo que mezclan lo divino del sexo con la religión.


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