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25 poemas que debes dedicar antes de los 25

November 15, 2017

Carolina Romero

Poemas que traducen en palabras el torbellino de emociones que azotan a quienes están por llegar a esta edad. Perfectos para dedicar a un amor o amigo, incluso a ti mismo.

¿Tienes alguno de los siguientes síntomas?


+ Constante sentimiento de no ser “lo suficiente” para encontrar un buen empleo o pareja.


+ Aumento visible en el consumo de alcohol, cigarro y estupefacientes.


+ Preocupación ávida por el futuro; falta de certezas sobre lo que sucederá después.


+ Intenso miedo a quedarse solo para siempre y obsesión por encontrar una pareja estable.


+ Momentos de euforia seguidos de profundos sentimientos de tristeza.



Si te sentiste identificado, puedes estar pasando por la crisis del cuarto de vida; un padecimiento de carácter emocional y mental que se manifiesta de los 20 a los 25 años. En esta etapa —que suele durar hasta los 30— los seres humanos entran en profundos conflictos consigo mismos. Ya no son los adolescentes que pueden reírse de la vida y pasarse toda la semana de fiesta; ahora deben pagar cuentas y pensar seriamente si deben seguir viviendo con sus padres.


Ya no hay autoridad que les diga qué hacer, ahora las decisiones de sus vidas las toman por ellos mismos. Todo es confuso, los sentimientos están a flor de piel todo el tiempo. La vida pasa cada vez más rápido y miran con tristeza hacia el pasado, admirados de lo poco que han hecho de sus vidas.


Estos poemas traducen en palabras el torbellino de emociones que azotan a quienes están por llegar a esta edad, por eso, son perfectos para dedicar no sólo a un amor o a algún amigo sino incluso, a uno mismo:



“Amor de tarde”

Mario Benedetti



Es una lástima que no estés conmigo

cuando miro el reloj y son las cuatro

y acabo la planilla y pienso diez minutos

y estiro las piernas como todas las tardes

y hago así con los hombros para aflojar la espalda

y me doblo los dedos y les saco mentiras.


Es una lástima que no estés conmigo

cuando miro el reloj y son las cinco

y soy una manija que calcula intereses

o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas

o un oído que escucha cómo ladra el teléfono

o un tipo que hace números y les saca verdades.


Es una lástima que no estés conmigo

cuando miro el reloj y son las seis.

Podrías acercarte de sorpresa

y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos

yo con la mancha roja de tus labios

tú con el tizne azul de mi carbónico.


“La vida nueva”  (fragmento)

Dante Alighieri


Muchas veces me vienen a la cabeza

la oscura cualidad que me da el Amor

y me tengo lástima y así me digo:


¡Ay de mí!, ¿les pasa esto a otros?;

porque tan hábilmente me asalta el amor

que la vida casi me abandona:

sólo un hilo de espíritu deja medio vivo,

uno que sólo por ti vive y razona.


Luego me esfuerzo, yo deseo salvarme,

y casi muerto, sin ningún valor,

vengo a verte, creyendo así curarme:


y cuando alzo los ojos para observarte

en mi corazón se inicia un terremoto

que suspende en mi alma todos los latidos.



“Espacio”

Juan Carlos Abril


Llegas de cualquier sitio

y, elegido al azar,

sin mapas, sin señales,

el otro lado esconde la sorpresa

feliz y azul.

Entonces permanece la ruptura

intacta. Entonces fuera o dentro impide

su difusión.

El viaje trae un orden en cadena,

un movimiento ansioso que repite

su dispersa memoria:

ya nadie nos indica que el error

desconocido o su secreto

sirva robado y oprimido,

tiempo arenoso que se va.


Todo va a ser abandonado.


 “El vino de los amantes”

Charles Baudelaire


¡Hoy el espacio es fabuloso!

Sin freno, espuelas o brida,

Partamos a lomos del vino

¡A un cielo divino y mágico!


Cual dos torturados ángeles

Por calentura implacable,

En el cristal matutino

Sigamos el espejismo.


Meciéndonos sobre el ala

De la inteligente tromba

En un delirio común,


Hermana, que nadas próxima,

Huiremos sin descanso

Al paraíso de mis sueños.



“Rubia”

Andrés Bello


¿Sabes, rubia, qué gracia solicito

cuando de ofrendas cubro los altares?

No ricos muebles, no soberbios lares,

ni una mesa que adule al apetito.


De Aragua a las orillas un distrito

que me tribute fáciles manjares,

do vecino a mis rústicos hogares

entre peñascos corra un arroyito.


Para acogerme en el calor estivo,

que tenga una arboleda también quiero,

do crezca junto al sauce el coco altivo.


¡Felice yo si en este albergue muero;

y al exhalar mi aliento fugitivo,

sello en tus labios el adiós postrero!


“¿Pensabas que yo era una ciudad?”

Rupi Kaur


¿Pensabas que yo era una ciudad

lo bastante grande para fugarte un fin de semana?

soy el pueblo que la rodea

aquél del que nunca has escuchado

pero por el cual siempre viajas

aquí no hay luces de neón

ni rascacielos ni estatuas

pero hay un trueno

que hace temblar los puentes

no soy carne callejera soy jalea hecha en casa

tan espesa como para cortar lo más dulce que tus labios hayan tocado

no soy sirenas policiacas soy el crujir de una chimenea

yo podría incendiarte y tú no podrías arrancar los ojos de mí

porque me vería tan hermosa que te sonrojarías

no soy una habitación de hotel soy un hogar

no soy el whiskey que quieres

sino el agua que necesitas

no vengas con expectativas

no intentes hacer vacaciones en mí.




“Final”

Pablo Neruda


Matilde, años o días

dormidos, afiebrados,

aquí o allá,

clavando,

rompiendo el espinazo,

sangrando sangre verdadera,

despertando tal vez

o perdido, dormido:

camas clínicas, ventanas extranjeras,

vestidos blancos de las sigilosas,

la torpeza en los pies.


Luego estos viajes

y el mío mar de nuevo:

tu cabeza en la cabecera,


tus manos voladoras

en la luz, en mi luz,

sobre mi tierra.


Fue tan bello vivir

cuando vivías!


El mundo es más azul y más terrestre

de noche, cuando duermo

enorme, adentro de tus breves manos.


“Erótico”

Marguerite Yourcenar


Tú la avispa y yo la rosa;

Tú el mar, yo la escollera;

En la creciente radiosa

Tú el Fénix, yo la hoguera.

Tú el Narciso y yo la fuente,

En mis ojos tú brillando;

Tú el río y yo el puente;

Yo la onda en mí nadando.

Y tú el sol y la sal

Y en los labios el caudal

Del rumor meciendo el juego.

Yo el pájaro y el cielo

Azul cruzando su vuelo,

Como el alma atiza el fuego.




“El agua ensimismada”

María Zambrano


El agua ensimismada

¿piensa o sueña?

El árbol que se inclina buscando sus raíces,

el horizonte,

ese fuego intocado,

¿se piensan o se sueñan?

El mármol fue ave alguna vez;

el oro, llama;

el cristal, aire o lágrima.

¿Lloran su perdido aliento?

¿Acaso son memoria de sí mismos

y detenidos se contemplan ya para siempre?

Si tú te miras, ¿qué queda?


“En el salón dorado”

Óscar Wilde


Sus manos de marfil en el teclado

extraviadas en pasmo de fantasía;

así los álamos agitan sus plateadas hojas

lánguidas y pálidas.

Como la espuma a la deriva en el mar inquieto

cuando muestran las olas los dientes a la brisa.


Cayó un muro de oro: su pelo dorado.

Delicado tul cuya maraña se hila

en el disco bruñido de las maravillas.


Girasol que se vuelve para encontrar el sol

cuando pasaron las sombras de la noche negra

y la lanza del lirio está aureolada.


Y sus dulces labios rojos en estos labios míos

 ardieron como fuego de rubíes engarzados

en el móvil candil de la capilla grana

o en sangrantes heridas de granadas,

o en el corazón del loto anegado

en la sangre vertida del vino rojo.




“Inventar la verdad”

Xavier Villaurrutia


Pongo el oído atento al pecho,

como, en la orilla, el caracol al mar.

Oigo mi corazón latir sangrando

y siempre y nunca igual.

Sé por quién late así, pero no puedo

decir por qué será.


Si empezara a decirlo con fantasmas

de palabras y engaños, al azar,

llegaría, temblando de sorpresa,

a inventar la verdad:

¡Cuando fingí quererte, no sabía

que te quería ya!


“Bordas de hielo”

César Vallejo


Vengo a verte pasar todos los días,

vaporcito encantado siempre lejos...

Tus ojos son dos rubios capitanes;

tu labio es un brevísimo pañuelo

rojo que ondea ¡en un adiós de sangre!


Vengo a verte pasar; hasta que un día,

embriagada de tiempo y de crueldad,

vaporcito encantado siempre lejos,

la estrella de la tarde partirá!


Las jarcias; vientos que traicionan; vientos

de mujer que pasó!

Tus fríos capitanes darán orden;

y quien habrá partido seré yo...



“Amor verdadero”

William Shakespeare


No, no aparta a dos almas amadoras

adverso caso ni crüel porfía:

nunca mengua el amor ni se desvía,

y es uno y sin mudanza a todas horas.


Es fanal que borrascas bramadoras

con inmóviles rayos desafía;

estrella fija que los barcos guía;

mides su altura, mas su esencia ignoras.


Amor no sigue la fugaz corriente

de la edad, que deshace los colores

de los floridos labios y mejillas.

Eres eterno, Amor: si esto desmiente

mi vida, no he sentido tus ardores,

ni supe comprender tus maravillas.


“Reminiscencia inmortal”

Friedrich Schiller


Dime amiga, la causa de este ardiente,

puro, inmortal anhelo que hay en mí:

suspenderme a tu labio eternamente,

y abismarme en tu ser, y el grato ambiente

de tu alma inmaculada recibir.


En tiempo que pasó, tiempo distinto,

¿no era de un solo ser nuestro existir?

¿acaso el foco de un planeta extinto

dio nido a nuestro amor en su recinto

en días que vimos para siempre huir?


...Tú también como yo? Sí, tú has sentido

en el pecho el dulcísimo latido

con que anuncia su fuego la pasión:

amémonos los dos, y pronto el vuelo

alzaremos felices a ese cielo

en que otra vez seremos como Dios.



“Estudio de desnudo”

José Saramago


Esa línea que nace de tus hombros,

Que se prolonga en brazos, después mano,

Esos círculos tangentes, geminados,

Cuyo centro en cono se resuelve,

Agudamente erguidos hacia los labios

Que ansiosos de los tuyos se desprenden.


Esas dos parábolas que te encierran

En el quebrar ondulado de cintura,

Las calipigias cicloides superpuestas

Al trazo de las columnas invertidas:

Tibios muslos de líneas envolventes,

Torneada espiral que no se extingue.


Esa curva tan suave que dibuja

Sobre tu vientre un arco reposado,

Ese triángulo oscuro que fulgura,

Camino y sello de la puerta de tu cuerpo,

Donde el estudio que de desnudo hago

Se transforma en cuadro terminado.


“Olvido”

Octavio Paz


Cierra los ojos y a oscuras piérdete

bajo el follaje rojo de tus párpados.

Húndete en esas espirales

del sonido que zumba y cae

y suena allí, remoto,

hacia el sitio del tímpano,

como una catarata ensordecida.


Hunde tu ser a oscuras,

anégate la piel,

y más, en tus entrañas;

que te deslumbre y ciegue

el hueso, lívida centella,

y entre simas y golfos de tiniebla

abra su azul penacho al fuego fatuo.


En esa sombra líquida del sueño

moja tu desnudez;

abandona tu forma, espuma

que no sabe quien dejó en la orilla;

piérdete en ti, infinita,

en tu infinito ser,

ser que se pierde en otro mar:

olvídate y olvídame.


En ese olvido sin edad ni fondo,

labios, besos, amor, todo renace:

las estrellas son hijas de la noche.



“La eternidad va a ser un poco larga”

Robert Sabatier


A menudo entro y salgo de mí mismo

y alguna vez me solicito audiencia.

Topo conmigo en largos corredores

y pongo cara de que no me asombro

o bien me ignoro.


Un breve llanto oscuro

rompe un espejo. Vamos de viaje,

nos dejamos, jugamos a escondernos,

mi cuerpo y yo, esposos de la aurora.


¿Soy yo sin ser? ¿Y no es soñar vivir

fuera de sí, de los muros, la duda,

donde el cuerpo no llega, porque pesa

más que el bronce y el plomo del cerebro?


Y me voy por lugares musicales

para olvidar el sitio donde habito:

la arcilla densa de donde entro y salgo

ya vivir me resigno sin mis alas.


-Entrad en mí, pues tengo mil alcobas

para vosotros, salas e invernáculos.

Mas nadie viene, el único invitado

soy yo, en la casa demasiado grande.


“Exilio”

Alejandra Pizarnik


Esta manía de saberme ángel,

sin edad,

sin muerte en qué vivirme,

sin piedad por mi nombre

ni por mis huesos que lloran vagando.


¿Y quién no tiene un amor?

¿Y quién no goza entre amapolas?

¿Y quién no posee un fuego, una muerte,

un miedo, algo horrible,

aunque fuere con plumas,

aunque fuere con sonrisas?


Siniestro delirio amar a una sombra.

La sombra no muere.

Y mi amor

sólo abraza a lo que fluye

como lava del infierno:

una logia callada,

fantasmas en dulce erección,

sacerdotes de espuma,

y sobre todo ángeles,

ángeles bellos como cuchillos

que se elevan en la noche

y devastan la esperanza.



“Acordarse de entonces...”

Carlos Pujol


Acordarse de entonces,

de heridas que se saben de memoria,

abiertas como labios

que callan porque el tiempo se avergüenza

de su inútil lenguaje.

Pero ésta es la pregunta:

¿con qué antiguo dolor se va a pagar

lo poco que sabemos?


“El jardín de las delicias”

Ana Rossetti


Flores, pedazos de tu cuerpo;

me reclamo su savia.

Aprieto entre mis labios

la lacerante verga del gladiolo.

Cosería limones a tu torso,

sus durísimas puntas en mis dedos

como altos pezones de muchacha.

Ya conoce mi lengua las más suaves estrías de tu oreja

y es una caracola.

Ella sabe a tu leche adolescente,

y huele a tus muslos.

En mis muslos contengo los pétalos mojados

de las flores. Son flores pedazos de tu cuerpo.



“¡La hemos vuelto a hallar!”

Arthur Rimbaud


¡La hemos vuelto a hallar!

¿Qué?, la Eternidad.

Es la mar mezclada

con el sol.


Alma mía eterna,

cumple tu promesa

pese a la noche solitaria

y al día en fuego.


Pues tú te desprendes

de los asuntos humanos,

¡De los simples impulsos!

Vuelas según..


Nunca la esperanza,

no hay oriente.

Ciencia y paciencia.

El suplicio es seguro.


Ya no hay mañana,

brasas de satén,

vuestro ardor

es el deber.


¡La hemos vuelto a hallar!

-¿Qué?- -La Eternidad.

Es la mar mezclada

con el sol.


“He pasado toda la noche sin dormir…”

Fernando Pessoa


He pasado toda la noche sin dormir, viendo,

sin espacio tu figura.

Y viéndola siempre de maneras diferentes

de como ella me parece.

Hago pensamientos con el recuerdo de lo que

es ella cuando me habla,

y en cada pensamiento cambia ella de acuerdo

con su semejanza.

Amar es pensar.

Y yo casi me olvido de sentir sólo pensando en ella.

No sé bien lo que quiero, incluso de ella, y no

pienso más que en ella.

Tengo una gran distracción animada.

Cuando deseo encontrarla

casi prefiero no encontrarla,

Para no tener que dejarla luego.

No sé bien lo que quiero, ni quiero saber lo que

quiero. Quiero tan solo

Pensar en ella.

Nada le pido a nadie, ni a ella, sino pensar.



“Solterona”

Sylvia Plath


Esta chica de quien hablamos

en un paseo de abril ceremonioso

con su último pretendiente

súbitamente se asombró muchísimo

del charlar de los pájaros

y las hojas caídas.


Así, afligida, ella

vio que los ademanes de su amante

agitaban el aire y se irritó

entre el caos de flores y de helechos

acres. Juzgó los pétalos

confusos, la estación ajada.


¡Cómo deseó el invierno!

Austeramente, en orden minucioso

de blanco y negro

de hielo y roca, todo deslindado,

de corazón a fría disciplina

sometió, exacto cual copo de nieve.


Pero he aquí: un capullo

de sus cinco sentidos de gran dama

una grosera confusión deduce:

traición intolerable. Que el idiota


se rinda al caos de la primavera:

prefirió retirarse.


Y rodeó su casa

de alambradas y muros impasables

contra el tiempo rebelde

tanto que nadie lo rompiera

con maldiciones, puños, amenazas,

ni con amor tampoco.


“Agua, no huyas de la sed, detente...”

José Gorostiza


¡Agua, no huyas de la sed, detente!

Detente, oh claro insomnio, en la llanura

de este sueño sin párpados que apura

el idioma febril de la corriente.


No el tierno simulacro que te miente,

entre rumores, viva; no madura,

ama la sed esa tensión de hondura

con que saltó tu flecha de la fuente.


Detén, agua, tu prisa, porque en tanto

te ciegue el ojo y te estrangule el canto,

dictar debieras a la muerte zonas;


que por tu propia muerte concebida,

sólo me das la piel endurecida

¡oh movimiento!, sierpe que abandonas.




“Elegía del marino”

Alí Chumacero


Los cuerpos se recuerdan en el tuyo:

su delicia, su amor o sufrimiento.

Si noche fuera amar, ya tu mirada

en incesante oscuridad me anega.

Pasan las sombras, voces que a mi oído

dijeron lo que ahora resucitas,

y en tus labios los nombres nuevamente

vuelven a ser memoria de otros nombres.

El otoño, la rosa y las violetas

nacen de ti, movidos por un viento

cuyo origen viniera de otros labios

aún entre los míos.

Un aire triste arrastra las imágenes

que de tu cuerpo surgen

como hálito de una sepultura:

mármol y resplandor casi desiertos,

olvidada su danza entre la noche.

Mas el tiempo disipa nuestras sombras,

y habré de ser el hombre sin retorno,

amante de un cadáver en la memoria vivo.

Entonces te hallaré de nuevo en otros cuerpos.




Después de la tormenta llega la calma. Al pasar por esta crisis de los 25, las cosas tendrán mayor sentido, se verán más claras. Mientras eso sucede, es momento de disfrutar lo que se siente, aún si son emociones inmensas y violentas: amar, llorar, reír, desgarrarse.


Aunque ahora que estás por cumplir 25 nada te parece seguro y pese a que tengas millones de miedos y dudas, debes saber que esto pasará y dentro de unos años, quedará como un preciado recuerdo que atesorarás por el resto de tus días de vida.


**


Si quieres saber más sobre letras, descubre cómo dominar el fino arte de hacerse pendejo y conoce las 12 frases que sólo tienen sentido cuando piensas que vas a morir de amor.

TAGS: Amor de tu vida Poemas Amor
REFERENCIAS: A Media Voz Verne

Carolina Romero


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