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Poemas para despedir a un maestro que se jubila

Letras Poemas para despedir a un maestro que se jubila

Para todos esos seres humanos a los que se quiere reconocer por sus enseñanzas, dejamos poemas para despedir a un maestro que se jubila escritos por grandes poetas que dejaron su visión acerca de la educación.


Dentro de las personas más influyentes en la vida de un ser humano se encuentran los profesores que tuvo durante su etapa como estudiante y le enseñaron algo más que datos duros para pasar un examen. La profesión de educador es una de las más complicadas pero satisfactorias que puedan haber en la vida. Quien ha estado delante de un grupo o al lado de un estudiante que necesitaba atención personalizada sabe muy bien que educar representa una labor capaz de cambiar la vida de una persona. Para todos esos profesores a los que se quiere reconocer, dejamos poemas para despedir a un maestro que se jubila escritos por grandes poetas que dejaron su visión acerca de la enseñanza. 


poemas para dedicar a maestros que se jubilan



Sobre mi mala educación

Pablo Neruda

¿Cuál es cuál, cuál es el cómo?
¿Quién sabe cómo conducirse?

¡Qué naturales son los peces!
Nunca parecen inoportunos.

Sobre mi mala educación

Están en el mar invitados
y se visten correctamente
sin una escama de menos,
condecorados por el agua.

Yo todos los días pongo
no sólo los pies en el plato,
sino los codos, los riñones,
la lira, el alma, la escopeta.

No sé qué hacer con las manos
y he pensado venir sin ellas,
¿pero dónde pongo el anillo?
¡Qué pavorosa incertidumbre!

Y luego no conozco a nadie.
No recuerdo sus apellidos.

Me parece conocer a usted.
¿No es usted un contrabandista?
¿Y usted, señora, no es la amante
del alcohólico poeta
que se paseaba sin cesar,
sin rumbo fijo por las cornisas?
Voló porque tenía alas.
Y usted continúa terrestre.
Me gustaría haberla entregado
como india viuda a un gran brasero,
¿no podríamos quemarla ahora?
¡Resultaría palpitante!

Otra vez en una Embajada
me enamoré de una morena,
no quiso desnudarse allí,
y yo se lo increpé con dureza:
estás loca, estatua silvestre,
¿cómo puedes andar vestida?

Me desterraron duramente
de ésa y de otras reuniones,
si por error me aproximaba
cerraban ventanas y puertas.

Anduve entonces con gitanos
y con prestidigitadores,
con marineros sin buque,
con pescadores sin pescado,
pero todos tenían reglas,
inconcebibles protocolos
y mi educación lamentable
me trajo malas consecuencias.

Por eso no voy y no vengo,
no me visto ni ando desnudo,
eché al pozo los tenedores,
las cucharas y los cuchillos.
Sólo me sonrío a mí solo,
no hago preguntas indiscretas
y cuando vienen a buscarme,
con gran honor, a los banquetes,
mando mi ropa, mis zapatos,
mi camisa con mi sombrero,
pero aún así no se contentan:
iba sin corbata mi traje.

Así para salir de dudas
me decidí a una vida honrada
de la más activa pereza,
purifiqué mis intenciones,
salí a comer conmigo solo
y así me fui quedando mudo.
A veces me saqué a bailar,
pero sin gran entusiasmo,
y me acuesto solo, sin ganas,
por no equivocarme de cuarto.

Adiós porque vengo llegando.
Buenos días, me voy de prisa.

Cuando quieran verme ya saben:
búsquenme donde no estoy
y si les sobra tiempo y boca
pueden hablar con mi retrato.


poemas dedicados a profesores que se jubilan


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Cuando vayan mal las cosas
Rudyard Kipling


Cuando vayan mal las cosas
como a veces suelen ir,
cuando ofrezca tu camino
solo cuestas que subir,
cuando tengas poco haber
pero mucho que pagar,
y precises sonreír
aun teniendo que llorar,
cuando ya el dolor te agobie
y no puedas ya sufrir,
descansar acaso debes
¡pero nunca desistir!

Cuando vayan mal las cosas
Rudyard Kipling
Tras las sombras de la duda
ya plateadas, ya sombrías,
puede bien surgir el triunfo
no el fracaso que temías,
y no es dable a tu ignorancia
figúrate cuán cercano
pueda estar el bien que anhelas
y que juzgas tan lejano.

Lucha, pues por más que tengas
en la brega que sufrir,
cuando todo esté peor,
más debemos insistir.

Si en la lucha el destino te derriba,
si todo en tu camino es cuesta arriba,
si tu sonrisa es ansia satisfecha,
si hay faena excesiva y vil cosecha,
si a tu caudal se contraponen diques,
Date una tregua, ¡pero no claudiques!


poemas para maestros jubilados


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Educar

Gabriel Celaya


Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca…
Hay que medir, pensar, equilibrar…
y poner todo en marcha.

Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar,
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño,
irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

Soñar que, cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera enarbolada.


poemas sobre educacion y profesores jubilados


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Agradezco a todos (I Thank All)

Elizabeth Barrett Browning

Doy las gracias a todos los que me han amado en sus corazones,
con las gracias y el amor que hay en el mío.
Profundas gracias a todos los que se han demorado en los muros de esta prisión
para escuchar mi música en sus más intenso dolor,
flotando siempre hacia adelante, llenando el espacio del templo pagano, más allá de las palabras.
Tu, quien te hundes y caes en mi voz cuando la pena te arrebata, el divino instrumento del arte se despliega ante tus pies
para escuchar lo que he dicho entre lágrimas.
Enséñame cómo agradecerte.
Enséñame cómo ver el sentido de mi vida en los años futuros,
Y a sentir que el amor perdura en la vida que se desvanece.


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Referencias: