8 poemas de Blanca Varela para experimentar el surrealismo latinoamericano

Martes, 4 de septiembre de 2018 17:33

|Andrea Marone
poemas surrealistas de blanca varela

“si me escucharas | Tu muerto y yo muerta de ti | Si me escucharas” Los poemas surrealistas de Blanca Varela son los ejemplos más importantes de este movimiento literario en latinoamérica.

Blanca Varela fue una de las voces más representativas de la poesía en Latinoamérica, oriunda de Perú. Su carrera comenzó cuando viajó a París -con apenas 23 años- tras finalizar sus estudios en la Universidad de Lima.


Sedienta de experiencias, escribió por la necesidad de registrar su vida. Su estilo aunque único, recuerda al lirismo de la uruguaya Marosa Di Giorgio o la cadencia trágica de Anne Sexton. Supo plasmar en su obra una personalidad genuina, una voz madura, consciente y amante, dispuesta a involucrarse en la experiencia vital hasta las últimas consecuencias.


poemas surrealistas de blanca varela 1


La podemos llamar poeta de la experiencia, de la sensibilidad de los episodios de la vida cotidiana, arraigada en la calma de una infancia en el mar.


Varela tuvo la suerte de vincularse con la vertiente surrealista por medio de André Breton y con el existencialismo, por influencia de su confidente Simone de Beauvoir. Acogió la virtud de ver su país natal con ojos de extranjera, observó el campo propio con los ojos de quien ya ha conocido el caos y salvajismo de la ciudad; lo cual fue un factor esencial para la consolidación de su estilo literario.


De esta visión surgió su libro Ese puerto existe (1959) prologado por Octavio Paz, su maestro y guía en materia de letras, quien insistió en su publicación. Este fue el primer poemario de muchos, Varela experimentó con estilos literarios tanto breves como extensos; de tono humorístico y solemnes, diversos, siempre únicos.


La vitalidad de la autora creció hasta que la muerte de su hijo cambió su carácter de forma sustancial. Algunos de sus mejores poemas surgieron de este dolor, de acuerdo con su ex esposo Fernando de Szyszlo, pero ella jamás regresó de este viaje.


“si me escucharas
Tu muerto y yo muerta de ti
Si me escucharas”


La influencia del surrealismo en su poesía es clara. Este movimiento defiende la creación desde un espacio cercano a la ingenuidad de los niños, a la voz de quien ha perdido la cordura. Así podemos entender su obra, y el simbolismo presente en ella:


“hay una estrella azul en el fondo de mi vaso
Inagotable estrella
Debe bailar en tus ojos cada vez que la miro”


poemas surrealistas de blanca varela 2


Blanca fue una personalidad única, una mujer de vanguardia que nació en un país de fuerte arraigo patriarcal. Tal vez es la razón por la cual su trabajo empezó a ser reconocido apenas unos años antes de que una trombosis le arrebatara la consciencia. Entre los varios premios que recibió, se encuentra el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, dos años antes de su muerte.


A media voz

la lentitud es belleza

copio estas líneas ajenas

respiro

acepto la luz

bajo el aire ralo de noviembre

bajo la hierba

sin color

bajo el cielo cascado

y gris

acepto el duelo y la fiesta

no he llegado

no llegaré jamás

en el centro de todo

esta el poema intacto

sol ineludible

noche sin volver la cabeza

merodeo su luz

su sombra animal

de palabras

husmeo su esplendor

su huella

sus restos

todo para decir

que alguna vez

estuve atenta

desarmada

 

sola casi

en la muerte

casi en el fuego


poemas surrealistas de blanca varela 3


Puerto Supe

Está mi infancia en esta costa,

bajo el cielo tan alto,

cielo como ninguno, cielo,

sombra veloz, nubes de espanto,

oscuro torbellino de alas,

azules casas en el horizonte.

Junto a la gran morada sin ventanas,

junto a las vacas ciegas,

junto al turbio licor y al pájaro carnívoro.

¡Oh, mar de todos los días,

mar montaña,

boca lluviosa de la costa fría!

Allí destruyo con brillantes piedras la casa de mis padres,

allí destruyo la jaula de las aves pequeñas,

destapo las botellas y un humo negro

escapa y tiñe tiernamente el aire y sus jardines.

Están mis horas junto al río seco,

entre el polvo y sus hojas palpitantes,

en los ojos ardientes de esta tierra

adonde lanza el mar su blanco dardo.

Una sola estación,

un mismo tiempo de chorreantes dedos

y aliento de pescado.

Toda una larga noche entre la arena.

Amo la costa,

ese espejo muerto en donde el aire gira como loco,

esa ola de fuego que arrasa corredores,

círculos de sombra y cristales perfectos.

Aquí en la costa escalo un negro pozo,

voy de la noche hacia la noche honda,

voy hacia el viento que recorre

ciego pupilas luminosas y vacías,

o habito el interior de un fruto muerto,

esa asfixiante seda, ese pesado espacio

poblado de agua y pálidas corolas. En esta costa soy el que despierta entre el follaje de alas pardas,

el que ocupa esa rama vacía, el que no quiere ver la noche.

Aquí en la costa tengo raíces,

manos imperfectas,

un lecho ardiente

en donde lloro a solas.



Noche

vieja artífice

ve lo que has hecho de la mentira 

otro día



A rose is a rose

inmóvil devora luz

se abre obscenamente roja

es la detestable perfección

de lo efímero

infesta la poesía

con su arcaico perfume


poemas surrealistas de blanca varela 4


Lección de anatomía

más allá del dolor y del placer la carne

inescrutable

balbuceando su lenguaje de sombras y brumosos

colores

la carne convertida en paisaje

en tierra en tregua en acontecimiento

en pan inesperado y en miel

en orina en leche en abrasadora sospecha

en océano

en animal castigado

en evidencia y en olvido

viendo la carne tan cerrada y distante

me pregunto

qué hace allí la vida simulando

el cabello a veces tan cercano

que extravía al ojo en su espesura

las bisagras silenciosas cediendo

lagrimeando tornasol



Auvers-sur-Oise

Nadie te va a abrir la puerta. Sigue golpeando.

Insiste.

 Al otro lado se oye música. No. Es la campanilla del

        teléfono.

 Te equivocas.

 Es un ruido de máquinas, un jadeo eléctrico, chirridos,

        latigazos.

 No. Es música.

 No. Alguien llora muy despacio.

 No. Es un alarido agudo, una enorme, altísima lengua que

        lame el cielo pálido y vacío.

 No. Es un incendio.

 

 Todas las riquezas, todas las miserias, todos los hombres,

 todas las cosas desaparecen en esa melodía ardiente.

 Tú estás solo, al otro lado.

 No te quieren dejar entrar.

 Busca, rebusca, trepa, chilla. Es inútil.

 Sé el gusanito transparente, enroscado, insignificante.

 Con tus ojillos mortales dale la vuelta a la manzana, mide

          con tu vientre turbio y caliente su inexpugnable

          redondez.

 Tú, gusanito, gusaboca, gusaoído, dueño de la muerte y

          de la vida.

 No puedes entrar.

 Dicen.


poemas surrealistas de blanca varela 5


Casa de cuervos

 porque te alimenté con esta realidad

 mal cocida

 por tantas y tan pobres flores del mal

 por este absurdo vuelo a ras de pantano

 ego te absolvo de mí

 laberinto hijo mío

 

 no es tuya la culpa

 ni mía

 pobre pequeño mío

 del que hice este impecable retrato

 forzando la oscuridad del día

 párpados de miel

 y la mejilla constelada

 cerrada a cualquier roce

 y la hermosísima distancia

 de tu cuerpo

 tu náusea es mía

 la heredaste como heredan los peces

 la asfixia

 y el color de tus ojos

 es también el color de mi ceguera

 bajo el que sombras tejen

 sombras y tentaciones

 y es mía también la huella

 de tu talón estrecho

 de arcángel

 apenas pasado en la entreabierta ventana

 y nuestra

 para siempre

 la música extranjera

 de los cielos batientes

 ahora leoncillo

 encarnación de mi amor

 juegas con mis huesos

 y te ocultas entre tu belleza

 ciego sordo irredento

 casi saciado y libre

 con tu sangre que ya no deja lugar

 para nada ni nadie

 

 aquí me tienes como siempre

 dispuesta a la sorpresa

 de tus pasos

 a todas las primaveras que inventas

 y destruyes

 a tenderme -nada infinita-

 sobre el mundo

 hierba ceniza peste fuego

 a lo que quieras por una mirada tuya

 que ilumine mis restos

 porque así es este amor

 que nada comprende

 y nada puede

 bebes el filtro y te duermes

 en ese abismo lleno de ti

 música que no ves

 colores dichos

 largamente explicados al silencio

 mezclados como se mezclan los sueños

 hasta ese torpe gris

 que es despertar

 en la gran palma de dios

 calva vacía sin extremos

 y allí te encuentras

 sola y perdida en tu alma

 sin más obstáculo que tu cuerpo

 sin más puerta que tu cuerpo

 así este amor

 uno solo y el mismo

 con tantos nombres

 que a ninguno responde

 y tú mirándome

 como si no me conocieras

 marchándote

 como se va la luz del mundo

 sin promesas

 y otra vez este prado

 este prado de negro fuego abandonado

 otra vez esta casa vacía

 que es mi cuerpo

 a donde no has de volver



Dama de blanco

 el poema es mi cuerpo

 esto la poesía

 la carne fatigada 

 el sueño el sol

 atravesando desiertos

 los extremos del alma se tocan

 y te recuerdo Dickinson

 precioso suave fantasma

 errando tiempo y distancia

 en la boca del otro habitas

 caes al aire eres el aire

 que golpea con invisible sal

 mi frente

 los extremos del alma se tocan

 se cierran se oye girar la tierra 

 ese ruido sin luz

 arena ciega golpeándonos

 así será ojos que fueron boca

 que decía manos que se abren

 y se cierran vacías

 distante en tu ventana

 ves al viento pasar

 te ves pasar el rostro en llamas

 póstuma estrella de verano

 y caes hecha pájaro

 hecha nieve en la fuente

 en la tierra en el olvido

 y vuelves con falso nombre de mujer

 con tu ropa de invierno

 con tu blanca ropa de

 invierno 

 enlutado.


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