Poesía para tocarse el corazón y mancharse de sangre
Letras

Poesía para tocarse el corazón y mancharse de sangre

Avatar of Eduardo Limón

Por: Eduardo Limón

3 de febrero, 2016

Letras Poesía para tocarse el corazón y mancharse de sangre
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Por: Eduardo Limón

3 de febrero, 2016


Efraín Bartolomé afirma que su trabajo poético es, tratándose de un ejercicio continuo en una búsqueda infatigable, una sola obra que encuentra su eje en la invocación religiosa de la Diosa madre: la tierra, la naturaleza que crea y conforma. Bartolomé realizó estudios en psicología y, más tarde, encontró en la psicoterapia un símil de la práctica poética (poética en su sentido creador también); ciencia en que sus acciones literarias, que le preceden incluso en tiempo, ya se notaban presentes, pero no supo reconocer en sus actividades hasta llegado el momento.

La poesía es (re)conocida por Bartolomé como el vehículo predilecto de las emociones; el cual tiende al encuentro de esa figura tutelar que aparece en todas las culturas que han atravesado nuestra historia: ese elemento central del inconsciente colectivo que lo mueve todo.

efrain bartolome

Es dado lo anterior que, como poeta y entonces como psicoterapeuta, advierte a la emoción cual mecanismo que se nos otorgó a los humanos; ese motor que nos impulsa, nos arroja, a la configuración de la vida, y se traduce en palabras. La emoción y la palabra son así, esas partes de un mismo material que altera, cura o ayuda a los corazones, tanto en la poesía como en la ciencia.

Este movimiento de emoción-palabra es el que, en su poesía, es aire; es viento que lleva poder mágico para alterar el alma de otros seres humanos. Y en la terapia: es cura, es ayuda a la gente que necesita manejar mejor su vida; no es carga artística, sino de significado con posibilidad de alivio y creación. Entonces, la poesía de Efraín, es esa palabra que guía y estremece.

efrain bartolome

Como escribe Jesús Morales Bermúdez, la poesía es el fuego en que arde el poeta, en que arde el lector; y Bartolomé arde allí.

La labor poética del escritor chiapaneco se centra de tal forma, en una palabra, que es arte, que es ciencia, y que está ahí para un intento de auxilio al hombre y sus afecciones; un verso que no teme teñir con sangre sus oportunidades de búsqueda y retrato, de golpe y caricia, de creación y conciencia.



Heridas entre el cuarto menguante y la luna negra


¿Quién es el muerto en traje de bodas de este día?



La una de la tarde:
   su campanada resquebraja el interior del día:
   resquebraja la luz:
 me resquebraja

La una: su lentísimo bronce

Hacia nosotros vuela la una de la tarde:
   la paloma:
la paloma podrida de la tarde

Urde el tiempo la trama de su crimen

Fulge un escupitajo en la frente de la virgen

Una mujer hermosa escupe escarabajos:
la luz amarga fermentó en la sombra.



Hombres de ojos cansados retornan a sus casas
Mujeres donde el filo de la madrugada cala profundamente
Niños en la garra del sueño
Muchachas con el cuello entre las fauces de la Pesadilla

Dos rojísimas brasas queman la oscuridad:
son los ojos del Príncipe del Aire
 mi Enemigo.



No es posible tocar el corazón humano
sin mancharse de sangre.



Se ha secado en tu frente la corona de hiedra
Otra vez hay mar cruel
 azul amargo
 maligna transparencia

Se apagó el cristal rojo

El paraíso de la Pasión fue devastado

 ¿Bailar desnudos en un cementerio?

Volvió al nocturno aullido
   la Loba encadenada.



¿Con tan humanos pechos
querías amamantar la Eternidad?



Qué deseo de hacer estallar mi corazón como una
  bolsa de papel

Qué ganas de arrojar sobre tanto verdor
un cubetazo de sangre caliente
 que lo encienda todo.



Un rayo cruza la estancia silenciosa

"Afuera hay luz" me digo:
pero ese rayo
   segará mi garganta.



Se fue la Diosa
En su lugar quedó
tan sólo
una hermosa mujer
hablando en prosa.



Ella se va también

La Hembra
ha retornado al rebaño de hembras.



Yo también me retiro

Atrás quedó la noche
 el libro abierto
el pequeño jardín rodeado de abedules
donde amamos nueve horas sucesivas

Queda la cueva negra en que juramos
La fogata pequeña que se encendió en su vientre
Los nuevos ojos con que vio

Atrás queda la Música que nunca pudimos escuchar
El tálamo que nunca volvimos a tener
Las voces del Destino

Atrás quedan los ojos transparentes:
el pueblo
   el agua
   el ámbar:
un manojo de días atados por la Luz

Yo me voy
 paso a paso
equilibrándome sobre la cuerda tensa de la tarde

Extraño fuego el de los ojos húmedos

La página se moja:
 yo había decidido no llorar

Cielo negro

 Relámpagos

Seguirá muchos meses la estación de las Lluvias.


Pero habrá versos míos que nunca olvidará:
le quemarán la lengua y la memoria
y tendrá que decirlos en voz baja
como aquel que murmura
o se confiesa.


Me dijeron que no

Me dijeron que había que andar siempre con la cabeza gacha
mirando el polvo
y los escupitajos sobre el asfalto sucio

Me dijeron que yo no era un milagro
sino un mero accidente biológico carente de sentido

Me explicaron que yo no era más que
un producto social
 o un producto económico
o un producto de mi historia temprana

Me dijeron que nadie podría hablar con el Viento
Que las serpientes nunca lamieron los oídos de nadie
ni instalaron en ellas el susurro profético

Ante mis ojos desplegaron argumentos irreprochables:
silogismos   teoremas   corolarios   premisas:
chisporroteantes fuegos de artificio

Me dijeron que no tendría jamás
la blanca imagen
enjoyada y desnuda
de la Diosa
en mi cama

Agregaron que no existe la Diosa

Dijeron por lo tanto y luego entonces
Dijeron si y sólo si

Pero yo dije no
y regresé hasta el lecho donde Ella me esperaba
enjoyada y desnuda

Y le he contado todo
tal como ahora se los platico a ustedes.


poesía para el corazon

Cicatriz de aire


Descorro las cortinas de la noche
y entra el rumor de Tuxtla hasta el cuarto de hotel
donde
   como una cicatriz del aire 
arde el recuerdo de tu cuerpo 

La limpieza perfecta del espejo 
me devuelve una imagen incompleta
 borrosa 
Estás de viaje en este instante que se alarga 
y sé que tienes sueño 
y sé que tú también miras la oscuridad 
Tu mirada penetra los ojos de la noche
y viaja hasta encontrar 
 como al fondo de un pozo
otra mirada ardiendo 

Soy quien te ve desde la noche abierta más allá del cristal 

Es la noche de Tuxtla
El rumor desleído en la distancia
El vaho del miedo como un muro de imágenes 

Y el aletear lentísimo del sueño.


bosque

Donde habla la ceniza

Don Juán Ballinas (1842-1905),
primer explorador de la selva lacandona
,
in memoriam.


I


Con regusto de ciervo entre las fauces
el puma tiene sed
Su pupila apuñala el corazón del aire

Todo futuro es verde

Entrar ahí
Dejar en las espinas la piel y la memoria
Ser sobre el humus sol
que se arrastra y trastorna su espina dorsal
como los gatos

Entrar
hasta que no se note si es sangre o clorofila
lo que nos quema dentro

Andar Andar Andar
Aprender el oficio de los ríos
Erosionar el tiempo hasta volverse un puro centelleo

Así era papá Juan

La mirada del puma atraviesa el presente

Todo futuro es sepia.


II


La luz resbala por las copas del ceibal:
tarde amarilla.

Contra lo negro
una luna más roja que el tizón de los cedros:
ojo
que
estalla:
un paisaje de aullidos
la mañana.


III


Lo que tenía de agua se filtró por las capas de la tierra:
veta que escupe fuego
o
derribado rayo entre raíces

Avanza
Sangra

En la filosa transparencia de las ramas
don Juan Ballinas es
la médula del agua.


IV


Miramar Río Azul Río de la Pasión
¿En verdad existieron antes del ojo de donjuán?
¿Antes de que su lengua los nombrara?

Dicen que el río Jataté es sólo un largo sueño

Despertamos

Cayó tu nombre al agua papá Juan:
te vamos olvidando.


V


Tu casa papá Juan
Esto nos queda

Vengo después de tanto

El Paraíso es un siglo habitado de recuerdos

(Una vez
en su huerta
miré un quetzal prendido de las ramas del silencio)

Voy por los corredores entre horcones de cedro
Rasga la luz mi sombra
Hojas secas se arrastran en el polvo del patio

Aquí estuvo la cárcel
Allá fue el Oratorio
Esto era la cocina

Sobre las sillas que hiciste con tus manos
el tiempo
más torpe cada vez
continuará tejiendo telarañas.


VI


Somos tres cuartas partes de agua dicen
y es bueno recordarlo en este día mudo

La vereda escondida en la maleza
nos trajo al cementerio de la finca:
un rectángulo abierto de veinte o treinta cruces
y
modestos
seis monumentos con lápidas legibles

Remuevo polvo y flores secas

Aparece tu nombre

Tres cuartas partes de agua
más un cuarto de sueños

Y un estruendo.


VII


Puedo ver ranchos a lo lejos

Humo

Sonidos casi humanos

¿Qué verías en tardes como éstas
un siglo de árboles atrás?

¿Estás ahí?

Tatarabuelo Amigo Viejo fantasma
¿Estás allí?

Nada

Sólo el viento zumbando
entre los ocotales.


poesía para el corazon


Elegía frente al río

Las once de la noche
y el trópico descansa de un combate feroz contra sí mismo 

Vuelan nocturnas mariposas torpes 
Hiende la luz el agua
Canta un sapo en la sombra que parte en dos la noche: 
denso muro de grillos 

 Y estoy aquí
sin tus libros a mano
Oigo pasar el río
que un kilómetro abajo se junta con el mar 

Fluye despacio la memoria:
te conocí bajo el árbol de imágenes 
con el que reconstruiste el universo 

Pardeaban los sesenta
Se hacía más confusa la confusión de los dieciséis años

Adivino la palabra por tu voz
   de algún modo 
Pero sucede que no será posible decírtelo 
ni oírte
   ni mostrarte jamás mi primer libro 

A veces
la vida muestra todo su obsceno resplandor
Entonces
el tiempo es una gota congelada 
un golpe suave que nos calla un segundo 
y fija con extraño poder la circunstancia 

Sucedió hace dos noches
Iba a leer en público
y alguien dijo tu muerte   de repente 

Ahí empezó todo esto 

Sembrada está en el fondo del oído esa semilla amarga 

A orillas de mi voz pienso en Manrique:
oigo el río de Tuxpan que un kilómetro abajo se junta con el mar 

El trópico descansa 

Entra Raúl Garduño al pensamiento 

Adviene la palabra 

Muerde el tiempo:
   las once de la noche
 para siempre.




*

Referencias:

Círculo de poesía

Enciclopedia de la literatura en México

***

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Referencias: